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La candidatura marxista y Citizen Kane

Luís Agüero Wagner
Redacción
martes, 15 de abril de 2008, 00:28 h (CET)
Las crónicas del siglo XX nos informan que la popular expresión “prensa amarilla” nació relacionada con un tira comica publicada en el New York Journal con el nombre de "The Yellow Kid" . El New York Journal pertenecía desde 1897 a un notable personaje del mundo de los negocios que habría de ingresar a la historia universal de la infamia desde el ámbito de la comunicación.

Se trataba de William Randolph Hearst, el mismo magnate de la prensa cuya vida fue retratada por el entonces joven y prometedor cineasta Orson Welles en su famosa película “El ciudadano Kane”, estrenada en 1941 y considerada por la crítica como la mejor película de la historia. En el documental RKO 281 se describen todas las dificultades que atravesó Welles para caricaturizar en su film al empresario de los medios, cuyo poder se vio mermado por la gran depresión, hecho que posibilitó providencialmente una realización cinematográfica gloriosa que Hearst se empeñó con todas sus fuerzas por truncar.

Hearst fue el primero en demostrar que la prensa podía ser un terrible cuarto poder al que había que tener en cuenta en la política y en los negocios. Su estilo informativo se caracterizaba por un acusado sensacionalismo tanto en el tratamiento de los temas como en su elección (criminalidad, seudociencia), acompañado de un periodismo de investigación al total servicio de la ideología y las ambiciones políticas de Hearst. Consiguió aumentar espectacularmente la tirada mediante el aprovechamiento de recursos visuales como la fotografía o el gran titular, cuyo concepto moderno de «escaparate» de contenidos puede atribuirse a él.

El émulo paraguayo de Hearst, Aldo Zucolillo, se convirtió la semana pasada en centro de los ataques del presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos, quien disparó contra los empresarios de la prensa y en particular contra el propietario del diario ABC color de la capital paraguaya, afirmando que su odio al oficialismo y al partido gobernante fue capaz de llevarlo a aliarse a sus eternos enemigos, los neo marxistas partidarios del obispo Fernando Lugo. Sin ahorrar epítetos, el mandatario sorprendió a la concurrencia en un acto oficialista afirmando que los “ignorantes” empresarios de la comunicación han desarrollado una prensa al servicio de la evasión, el contrabando y el salario miserable a sus periodistas, que se enoja cuando el gobierno paga los salarios antes del fin de mes. También denunció que los periodistas al servicio de Aldo Zucolillo y Antonio J. Vierci, dueños de los diarios ABC color y Ultima Hora respectivamente, reciben como sueldo bonos de supermercardos o deteriorados automóviles usados e introducidos ilegalmente al país, provenientes del puerto chileno de Iquique.

La escalada verbal se agudizó esta semana cuando el diario ABC color publicó editoriales insultantes hacia el presidente, acusándolo de incapaz en unas líneas cargadas con el notorio resentimiento del empresario Aldo Zucolillo, quien precisamente fracasó cuando quiso incursionar en política, por medir mal los tiempos y escuchar a consejeros mediocres.

Uno de los pasatiempos favoritos de Zucolillo es pasarse criticando a los funcionarios del gobierno que se construyen viviendas confortables, publicando sus fotografías en primera plana. Curiosamente, nunca hizo lo propio con sus propias mansiones que no tienen nada que envidiar al castillo de San Simeón donde Hearst vivió, en medio de las cien mil hectáreas en la costa a medio camino entre Los Ángeles y San Francisco.

Zucolillo, al igual que Hearst -que fue amigo de Hitler y cedió espacios en sus periódicos a Goering-, tuvo amistad con tiranos criminales y dictadores. Defendió desde sus editoriales a Pinochet y Videla, hizo negocios con Stroessner, y proporcionó columnas de opinión a discípulos de Martínez de Hoz.

Ambos editores comparten un historial de xenofobia y odio contra las mayorías, el apoyo a gobiernos nazis y a las cazas de brujas contra los comunistas. Y así como Hearst recomendó el asesinato del presidente McKinley, Zucolillo defendió a los asesinos del vicepresidente Argaña.

“Volé a Berlín y tuve una larga conversación ayer con Hitler. Ciertamente Hitler es un hombre extraordinario. Lo tratamos con demasiada ligereza en Estados Unidos. Tiene un enorme entusiasmo, una maravillosa capacidad para la oratoria dramática y una gran capacidad organizativa” escribió Hearst en 1934.

Joseph Goebbels, el célebre ministro nazi de Propaganda, acordó con Hearst en una oportunidad un cambio de la política editorial de sus diecinueve periódicos a cambio del pago de 400.000 dólares . William Randolph Hearst ordenó a continuación a todos sus corresponsales de prensa en Alemania, incluyendo a los pertenecientes a INS (Servicio Internacional de Noticias de Hearst) que reportaran los hechos en la Alemania Nazi sólo de manera amistosa. Todos los corresponsales que reportaron noticias de Alemania de manera precisa y sin amistad, comprensión y favoritismo por las acciones del gobierno alemán, fueron trasladados a otro lugar, despedidos u obligados a renunciar.

Cuando el agente de la CIA Leonard Sussman, reclutó a Zucolillo para la National Endowment for Democracy, también obtuvo un cambio radical en la línea editorial de ABC color, que de cantar loas a su paternal protector Alfredo Stroessner, se dedicó a vilipendiarlo con fiereza de acuerdo con los objetivos de la embajada norteamericana, que ya deseaba reemplazar el Big Stick por la democracia tutelada en Paraguay. Corrían los primeros años de la década de 1980.

El ciudadano Kane es recordado por sus delirios de poder paralelo, y por la jactanciosa frase “Yo hago las noticias”. Tratando de imitar una vez más a Hearst, que desató una guerra en Cuba, Zucolillo pretendió hace un par de años envolver a Paraguay en una guerra con Bolivia, alarmado por el avance de la izquierda con la asunción de Evo Morales. En delirantes titulares sensacionalistas acusó desde su diario a Morales de planear una invasión al Paraguay financiada por Hugo Chávez.

Se relata que Hearst, devorado en una oportunidad por los celos al ver a su esposa Marion besándose con Charles Chaplin, disparó con su arma al famoso actor, quien esquivó las balas que terminaron matando al guionista Thomas Ince. Era el día del cumpleaños del escritor, y el episodio ocurrió mientras celebraban la fiesta en el yate Oneida, propiedad del magnate, que navegaba a corta distancia de las costas de San Diego un 19 de noviembre de 1924. El poderío económico permitió en esa ocasión al ciudadano Kane ocultar la noticia con tanta facilidad con que las fabricaba; las autoridades nunca se enteraron del episodio que quedó en la nebulosa de las leyendas negras.

Zucolillo también tiene sus propias historias ocultadas de crímenes pasionales. José Antonio Valiente, dueño del desaparecido bar "Felsina", fue ultimado en nebulosas circunstancias en Buenos Aires, Argentina, poco después del Golpe Militar con el que Videla y Massera derrocaron a Isabel Perón en marzo de 1976, y así Graciela Pappalardo no tuvo inconvenientes para contraer nupcias con el empresario periodístico Aldo Alberto Zucolillo Moscarda. Según documentos obrantes en el Archivo del Terror (Microfilm 00028F0474), el presunto asesino habría sido Juan Carlos Cabañas, ex secretario del Dr Edgar L. Ynsfrán, temible ministro del Interior del dictador Stroessner, en el período de mayor auge de la sangrienta represión. El extraño asesinato nunca fue investigado, obviamente, porque podría remover prontuarios honorables.

Otra faceta en común entre Aldo Zucolillo, que buscaba la presidencia con su malogrado plan Zeta, y Hearst (que llegó a la cámara de representantes) es haber fracasado en la política. Tras perder en sus intentos de resultar elegido gobernador del estado de Nueva York (1907) y alcalde de la ciudad homónima (1905 y 1909), el ciudadano Kane se retiró a una fantástica mansión construida por él mismo desde donde se dedicó a dirigir su imperio periodístico (en su momento de máximo apogeo, a mediados de los años treinta, llegó a ser propietario de 28 diarios y 18 revistas), amén de escribir guiones y producir películas para su amante, la actriz Marion Davis.

En su nota necrologica en 1951 la revista New Yorker, a propósito de Hearst, concluye que la mayor contribución del ciudadano Kane al periodismo fue "demostrar que un hombre sin experiencia previa en la edición de periódicos podía, empleando el dinero como si fuera una porra bien gruesa, hacer lo que deseara en el mundo del periodismo, excepto allí donde una riqueza comparable se enfrentara con él".

Tal vez un epitafio parecido podría dedicarse a su émulo igualmente modesto desde el punto de vista intelectual, Aldo Zucolillo, cuando acuda a rendir cuentas. Sería la similitud culminante entre dos vidas tan paralelas.

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