Este fin de semana los amantes al jazz hemos tenido la ocasión de poder presenciar en el escenario de la Sala Oriol Martorell de l’Auditori de Barcelona la actuación del guitarrista Peter Bernstein. Este neoyorkino de apellido con reminiscencias musicales vino, en esta ocasión, acompañado por Darryl Hall al contrabajo y Leon Parker a la batería.
El conocido músico Jim Hall ha dicho de Peter Bernstein que es “uno de los músicos que más le ha sorprendido en directo” y también sabíamos de su colaboración con algunos de los más celebres músicos en el mundo del jazz, Bernsteien ha sido responsable de proyectos musicales que han contado con la colaboración del trompetista Miles Davis o del conocido batería Jimmy Cobb. En sus más de dos décadas son infinidad las grabaciones en las que las seis cuerdas de su guitarra se han hecho escuchar acompañando a los nombres más conocidos del mundo del jazz así como han sido infinidad de giras las que le han llevado por todo el mundo.

Peter Bernstein.
|
Por todo esto el pasado sábado nos acercamos hasta l’Auditori con ganas de escuchar una buena sesión de jazz ofrecida por una formación a la que no habíamos escuchado anteriormente. Bernsteien a la guitarra, Hall y su contrabajo y Parker a la batería ofrecieron un recital que a algunos se les antojaría corto, escasos noventa minutos con los músicos sobre el escenario y un sólo bis del guitarrista sin sus acompañantes, eso fue todo. La mayoría de los temas tuvieron la misma estructura, el guitarra comenzaba e iba introduciendo en la melodía a sus compañeros de formación que aprovechaban para ofrecer al público solos de sus instrumentos recibidos con aplausos por un público fiel. Pocas concesiones a temas estándar, una pieza escrita por Carlos Jobim y el bolero de Osvaldo Ferrés “Tres palabras” fueron las más conocidas. Fue un recital ofrecido por tres músicos ampliamente dominadores de la técnica pero que, a mi juicio, no ofrecieron transmisión y calor al público que, pese a todo, salio contento del concierto. Tal vez la interpretación de Peter Bernstein y sus acompañantes requería más un local pequeño, una cava de jazz como el Jamboree que el escenario y las butacas de l’Auditori.