Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La enseñanza no es moneda de cambio

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 15 de abril de 2008, 00:39 h (CET)
El gran escritor y filósofo, don Miguel de Unamuno, vivió a grupas de los siglos XIX y XX. De él se puede decir que, aparte de sus obras de filosofía, narrativa, poesía, teatro y numerosos ensayos, dejó un abundante repertorio de frases célebres y citas. Sin embargo, como todo ser humano, también tenía sus flaquezas lo que le hacía, en alguna ocasión, desbarrar como cuando espetó aquello de: “Qué inventen ellos”. Socialista, sin embargo apoyó en un principio a los sublevados del 18 de julio, aunque, después, cambió de opinión. No obstante, su opinión sobre los separatismos nacionalistas y su defensa de la lengua española fueron categóricas. Así expresaba su opinión sobre los nacionalistas: “El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia” y así lo hacía respecto al bilingüismo: “El vascuence y el castellano son incompatibles dígase lo que se quiera, y si caben individuos no caben pueblos bilingües. Es éste de la bilingüidad un estado transitorio".

Pero, a mi modesto criterio, la frase que más se puede ajustar a lo que estamos viviendo en la actualidad, respecto al tema de la enseñanza en nuestro país, es aquella que, de forma lapidaria, sentenciaba: “Sólo el que sabe es libre y más libre el que más sabe”. Es evidente que, así como está concebida la instrucción pública en España o, lo que todavía se puede considerar peor, la forma de impartirla en las distintas autonomías que la integran, –muchas de ellas en fase de suprimir el castellano de la escuela y la universidad, para sustituirlo por las lenguas autóctonas –, convirtiendo la nación española en una serie de gettos educativos, cada uno de ellos con su propia concepción de cómo se debe adoctrinar a los alumnos y con su particular manera de impartir asignaturas como, por ejemplo, la historia de España, de acuerdo con su parcial manera de enfocarla; prescindiendo de cual fuera la realidad histórica para adaptarla a las distintas ideologías predominantes en cada una de ellas.

Resulta deprimente observar el nivel de preparación de los alumnos que salen de las escuelas públicas y la baja preparación de la mayoría de nuestros estudiantes universitarios. La medida de lo que está sucediendo en nuestro país con la educación, la tenemos en la baja calificación que se nos otorga, en esta materia, desde las instancias de la CE, que nos tiene confinados al furgón de cola en cuanto a la preparación de nuestros estudiantes y abandonos escolares. Lo lamentable del caso es que, en generaciones anteriores, se daba el caso contrario, cuando desde otros países se llevaban a nuestros licenciados y los oficiales que salían de nuestras escuelas de formación profesional, provocando con ello que muchas empresas españolas tuvieran escasez de ellos.

Ahora, he leído recientemente en un rotativo catalán, que estamos a la caza de técnicos y científicos de procedencia extranjera, para mejorar nuestro nivel de I+D, debido a que, al parecer, las personas capacitadas españolas para cubrir tales puestos están escaseando. Habrá que preguntarse si, en la industrial Cataluña, habrán previsto las dificultades que, muchos de estos científicos venidos de fuera, se van a encontrar con los documentos escritos en catalán o si, también, se los va a obligar a hablar en este idioma o a comunicarse entre ellos, como idioma vehicular, en la lengua de Serafí Pitarra.

Lo cierto es que la asignatura pendiente, en esta España de nuestros días, continúa siendo el problema de la enseñanza pública. Mientras los distintos gobiernos que se van sucediendo vayan aplicando la apisonadora ideológica en esta materia; sigan dividiendo en lugar de ir sumando; pretendan convertir las aulas en centros de adoctrinamiento político; permitan que los profesores se conviertan en comisarios políticos y de paso se los obligue a aprobar un mínimo de alumnos, estén o no capacitados para ello, para conseguir unos determinados cupos de aprobados de cara a la galería; no podemos esperar que este grave problema, que afecta a toda nuestra juventud, entre en una fase de solución.

Hoy, que tanto se habla de acuerdos de Estado; que tanto se juega con conceptos como la excelencia y la igualdad de oportunidades; que tanto se especula con la necesidad de mejorar nuestro nivel cultural, parece increíble que, por cuestiones partidistas, por simples antagonismos políticos y por intereses egoístas, se permita que nuestros jóvenes estén inmersos en un caos de sistemas educativos; no sepan lo que les espera al acabar sus estudios; se obligue a los buenos estudiantes a coexistir con gamberros, inadaptados y violentos, que alteran la tranquilidad de las aulas e impiden el mejor aprovechamiento de las enseñanzas que se imparten y que, por si fuera poca, se vean obligados, en muchos casos, a recibir instrucción de personas no, suficientemente, preparadas para la enseñanza, contratadas a dedo por simple mérito de pertenecer a un determinado partido político.

No parece que sea demasiado pedir que, gobierno y oposición, se sienten a negociar para ponerse de acuerdo sobre un tema tan candente y de tanta trascendencia. Exijan una buena preparación a los profesores y páguenlos bien; despoliticen las aulas e implanten la disciplina, para que en ellas se pueda trabajar; establezcan como premisas que sirvan de pauta a todos los alumnos: la necesidad del trabajo, el esfuerzo y la constancia como elementos indispensables para conseguir el objetivo de todo alumno: la excelencia. No busquen, por la simple cuestión de cubrir cupos o justificar aprobados, la cantidad, sino la calidad que, en definitiva, es lo que cuenta a la hora de triunfar en la vida. No se creen guettos de desengañados, resentidos y desilusionados, con alumnos que, a trancas y barrancas, puedan haber conseguido su título, pero que son incapaces de ejercer su profesión con dignidad. Es mejor orientarlos hacia otras profesiones a las que, seguramente, pudieran adaptarse con más facilidad. ¿Tan difícil resulta actuar con sentido común? Recordemos la cita de Unamuno y actuemos en consecuencia. Este si es un verdadero “tema de Estado”.

Noticias relacionadas

¿Profecías de Sánchez para el 2040? Antes habrá arruinado España

“No pierda la cabeza, nada ocurre como está previsto, es lo único que nos enseña el futuro al convertirse en pasado.” Daniel Pennac

Menosprecio hacia la vida de algunos

Todos nos merecemos vivir para poder obrar y dejar constancia de lo que uno hace

Lastres y estercolero en la Sesión de Control al Gobierno

​Para el PP, la Sesión de Pleno del Congreso de los Diputados número 156 empezaba lastrada

Rajoy, Sánchez y el mito de Ícaro

“En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él” John Fitzgerald Kennedy. 35º presidente de los Estados Unidos

El Satélite Mohammed 6 B levanta vuelo

La nación marroquí sigue su firme camino hacia la modernidad asimilando los avances tecnológicos del mundo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris