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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Ken, Boris y Brian

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 15 de abril de 2008, 00:39 h (CET)
En el debate televisivo entre los tres principales candidatos a la alcaldía de Londres se habló del crimen y del transporte pero no de los problemas que tienen más de un millón de inmigrantes en esta urbe (muchos de ellos indocumentados).

El debate electoral dura media hora y se puede ver marcando www.bbc.co.uk/newsnight y de allí optando por la entrada: “London mayoral debate”.

Ken Livingstone, alcalde laborista de Londres, Boris Johnson, candidato conservador para dicho cargo, y Brian Paddick, quien quiere ser el primer burgomaestre liberal de Londres, se enfrentaron ante las cámaras el 8 de Abril.

El debate se centró en dos puntos: transporte y crimen.

Inglaterra tiene, al respecto, un sistema muy diferente al del resto del mundo. En Londres todos los buses son rojos y aceptan pases y rutas trazadas por la alcaldía y la gran mayoría son de dos pisos. Londres con Ken fue pionera a nivel mundial al introducir un peaje para que todos los autos que entren al centro paguen una alta tasa por contaminar. Con esta medida Ken se ufana de haber reducido el tráfico de carros y haber hecho que los londinenses retornen en masa al transporte público o a la bicicleta.

Mientras que en las Américas muchos pueden tener licencias para portar armas y los policías andan con pistolas, en Gran Bretaña está prohibido andar incluso con cuchillos de cocina en las calles y la policía solo lleva esposas o bastones, pero ninguna arma de fuego.

Los conservadores atacan duro a Livingstone por haber eliminado los anteriores buses de dos pisos en cuya parte trasera los usuarios podían saltar sin necesidad de pasar por pasar por una puerta y por haber introducido buses de un piso pero de dos carruajes unidos como un acordeón. Mientras Johnson les echa la culpa a éstos de haber producido muertes, Livingstone niega ello aunque ha aceptado ir retirando esa nueva flota.

Mientras los tories quieren volver a los anteriores buses tradicionales abiertos de dos pisos, los liberales proponen extender ampliamente los tranvías que son exitosos en la zona extrema sur de Londres (especialmente en Croydon y Wimbledon).

Lo más picante es la cuestión del peaje a la congestión (Congestion Charge) que los conservadores y liberales quieren recortar (eliminando su extensión al centro-oeste) y que Livingstone quiere mantener y, es más, quiere profundizar penalizando con £25 ($50) a todo auto 4X4 o consumidor de mucho petróleo que entre a dicha zona.

Para los laboristas y sus aliados verdes es importante mantener estos impuestos, hacer que la gente use menos autos y aumentar la flota de buses para reducir la polución. Los conservadores, en cambio, son más proclives a aceptar la opinión de los propietarios de autos y de las zonas residenciales que se ven afectados por dichos tributos, y también por los londinenses tradicionalistas.

Ante la cuestión del crimen Livingstone dijo que su administración (la misma que controla a la policía) había hecho que esta se reduzca, aunque reconoció que se había disparado el número de asesinatos cometidos entre adolescentes. Los conservadores piden más mano dura y que se elimine el pasaje gratuito que tienen todo el día los menores de 18 años (algo que muchos verán como un ataque a los derechos de los jóvenes y también a los bolsillos de sus padres, pero que los ‘tories’ lo ven como un intento de reducir el vandalismo juvenil). Brian Paddick planteó que la policía recupere el apoyo de la población y que se continúe con las nuevas disposiciones de ‘parar y rebuscar’ (polémicas regulaciones que ahora permiten a los uniformados poder detener y revisar a cualquier transeúnte y que han sido usadas para deportar a muchos indocumentados).

En este debate se produjeron algunas pujas y revelaciones. Livingstone se comprometió a no subir el peaje a la congestión y en no querer disputar luego el liderazgo del laborismo. También propuso que él daría su segunda preferencia a los liberales si es que tendría que escoger entre éstos y los ‘tories’. Paddick, en cambio, se opuso a ofrecer su segunda preferencia pues su partido no endosará en la segunda vuelta al laborismo a menos que consiga algunas concesiones de éste.

Los tres partidos se cuidan en el debate de mencionar temas de política nacional. Los conservadores bien podrían cabalgar sobre el disgusto que producen las políticas económicas e inmigratorias del gobierno, pero Johnson ha capitulado ante el sentimiento pro-amnistía a los ‘ilegales’ que hay en Londres y quiere ganar presentándose como el amigo de todos los 32 distritos y el único que puede destronar al ‘rey Ken’.

Livingstone se demarca del gobierno y trata de enfocar la decisión entre alguien quien siempre ha vivido en Londres y conoce sus problemas contra alguien quien a veces reside allí y que es un bufón racista. Mientras él quiere ser el paladín del Londres multi-étnico, Johnson es el abanderado del tradicionalismo inglés.

Mientras tanto en el debate no se abordó qué hacer ante los 500,000 a 800,000 irregulares o indocumentados que viven en Londres y su periferia, si se deben seguir cerrando mercados y centros de minorías étnicas para dar paso a nuevos departamentos o edificios de lujo (como pasa en el barrio chino o en Seven Sisters donde se quiere demoler el mayor mercado latino del Reino Unido en oposición a los planes de toda la población local), si el crimen al brasilero Jean Charles de Menezes (ejecutado por la policía el 22 de julio del 2005 acusándolo de ser un terrorista de Al Qaeda) debe seguir quedando impune, o si se debe extender el derecho a voto no solo a los nacionales de 80 países (miembros de la Commonwealth y la UE) que hoy lo tienen sino a todos quienes viven en Londres.

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