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Etiquetas:   Algo más que palabras  

El árbol del páramo: Un oasis de pureza

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
martes, 15 de abril de 2008, 00:39 h (CET)
El árbol del páramo tiene sello de originalidad y raíces luminosas de silencio. Es una obra pictórica germinada desde el universo de las sensaciones y el juego de colores que se hace vida. La autora de este universo de palabras, Mª Carmen Casas Úbeda, auténtica creadora de la fecundidad y artista lúcida de ideas, nos traslada a sus níveos lienzos amasados por la pureza del pincel. El lector puede contemplar sus pinturas expuestas en la sala de arte del Colegio Oficial de Gestores Administrativos de Granada, Jaén y Almería. Exposición que recomendamos de veras, por varios motivos, el primero porque es algo distinto, rompedor, a lo que solemos ver en las galerías; y, en segundo lugar, por la calma que transmite a poco que nos dejemos asombrar por sus cuadros.

De la pintura de Mª Carmen Casas crece una floresta de pensamientos, una espesura de versos, en la que no hace falta leer el título de los cuadros. Cada observador puede inventarse el suyo propio y le será fácil hacerlo. Es una obra que comunica por si misma. Salta a la vista. Emociona y nos traspasa. Cada trazo tiene su belleza que se manifiesta de manera desnuda. Nos llama a adentrarnos en ella. Porta una filosofía de libertades el árbol del páramo, que uno hasta quisiera habitar dentro de ese mundo. Tiene un ángel el páramo, la meseta por donde el follaje resucita abecedarios de luz. Para los artistas de alma, como es esta pintora a mi juicio, que enaltecen y ensalzan el diario de la vida con sus singularísimas obras, no puede decirse que su trabajo se queda sólo en el dibujo o en la mezcla de colores, aunque sea fundamental en la pintura, que lo es, sin embargo sus cuadros son esponjas de imágenes vivas, interpretaciones de sueños que nos avivan. No hay grafías explicitas, sino búsquedas que inspiran en el espectador una sabiduría de saber mirar más allá de lo que a simple vista puede verse.

Fue Picasso quien dijo, lo que servidor ratifica, que la calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo. Realmente nos sorprende que una pintora tan madura, con relativos pocos años vividos, pueda ofrecernos una exposición de tan hondo calado. Una exposición verdaderamente magistral que confiamos no pase desapercibida en esta Granada, donde la belleza es ella misma, que si bien todo lo aglutina, también es propicia para el silencio. Lo que sucede es que la artista, aunque joven, vive en la pintura de manera intensa desde siempre, no escatima tiempo para el arte, se desvive por vivir en él, forma de parte de sí. Puede que la naturaleza construya un mundo, pero esta pintora de cerebro artístico y de genes pictóricos innatos, se inventa otro, que nos embelesa, plantando árboles que nos subliman y espacios que nos ennoblecen. Con esta exposición se podría hacer un tratado de buen estilo, porque su estética es puro intelecto.

En suma, que el árbol del páramo que Mª Carmen Casas Úbeda nos invita a vivir, tiene todos los ingredientes de la autenticidad, del ingenio, del cultivo de la belleza, puesto que todos los cuadros que expone penetran en nuestra propia vida. El primer mérito de esta exposición radica en ser lo que es, un gozo para la vista y un fastidio para aquel que no quiera pensar. El segundo mérito se injerta en la innovación difícil de imitar. No hay dos sin tres, el tercer mérito, corolario de los anteriores, es que el arte pictórico, cuando es único, fascina y nos deja sin palabras. Describir tanta verdad es un imposible más. El don del talento artístico cuando se tiene, como es el caso de esta pintora, lo mejor es citarse con sus tablas, olvidarse del reloj, que lo bello necesita tiempo y vale la pena disfrutar de su poesía, perderse entre sus tonos y pátinas, entre sus toques a verso y sus realces expresivos. La grandeza hay que beberla a sorbos.

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