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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

No tengas vergüenza de llamarme por teléfono, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 15 de abril de 2008, 00:39 h (CET)
Mi vida:

No te dé vergüenza llamarme al móvil (con tu celular), porque, cuando vivamos juntos donde sea, en la ciudad que fijemos nuestra residencia (vete haciéndote a esta idea, porque yo no voy a poder vivir sin ti; así que, me tendré que desplazar, con gusto, donde decidamos), me temo, yo también te llamaré para saber cómo estás y qué andas haciendo. ¿Perdonarte a ti? Pero ¿qué?, me pregunto, cuando eres la más pura bendición que (me) ha caído del cielo. Tú sí que me tienes que disculpar a mí. Como has podido comprobar, reconocidas mis meteduras de gamba, siempre me avengo a solicitar, contrito, tu perdón (a ti, que eres el máximo don que me ha hecho Dios –¡infinitas gracias!-).

Yo no te veo, Tina, como una colegiala, sino como una mujer hecha y derecha, que no va con alharacas o remilgos por la vida y sí sabe lo que quiere, abreviando, como mi esposa o compañera. Pero, como te ocurre a ti (te comprendo perfectamente, porque a mí me pasa tres cuartas partes de lo propio), también me veo como el joven que, por mil y una circunstancias o razones, no pude ser entonces, cuando tocaba.

Deseo (no te sorprenderás, pues vengo iterando la misma idea desde hace tiempo) soñar contigo. Pero en el doble sentido de despertarme, tras haber compartido cama, descansado a tu lado y divagado tan rica como oníricamente, y de proyectar en el futuro nuestras ilusiones, diseñadas conjuntamente, pergeñadas de consuno.

Te parecerá mentira, pero es una apodíctica e incontrovertible verdad. Prefiero que mis brazos rodeen tu cintura de avispa que tener mi libro de poemas entre las manos. El porqué ya te lo he argumentado otras veces en otras misivas. Sé que, estando a tu vera, escribiré un rimero de libros. Porque sospecho que tu cariño me bastará, será la conditio sine qua non para que yo no deje de manejar mi péñola y urdir a propósito de ti. Recuerda aquello de Lawrence Durrell (“Tres cosas se pueden hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y convertirla en literatura”). Pues eso. ¿El título del volumen? Todavía no he pensado al respecto, pero, ¿qué te parece “Amor, en el espacio y en el tiempo”. Las cuestiones técnicas las dejo para ti y tu proverbial sensatez. Quizás mis opiniones sólo sirvieran para retrasar sine díe (hasta cancelar y lamentar) la edición del mentado.

El problema de mis materiales anteriores es que están encajados (mejor urdido, “ennavetados”) y mi madre me puede echar de casa si empiezo a poner patas arriba o revolverle el piso. No tengo ningún inconveniente en que sea un libro ecléctico, en el que se fundan los géneros y confundan la prosa y el verso. Tú propón. A ver por dónde salen y qué les parece.

Te ama y cada día desea estar más a tu lado (porque intuye, y aún diré más, sabe, que cada una de las veces que haga el Amor contigo va a resultar para él una experiencia rayana con la mística) tu

Félix Unamuno.

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