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El fútbol visto por caricaturistas y dibujantes

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 14 de abril de 2008, 11:44 h (CET)
Mientras de pequeños veíamos a Carpanta pasar hambre, a Mortadelo sacar disfraces de su enlutada chistera y al Capitán Trueno repartir mandobles mientras Goliath oficiaba de cascanueces, un espectáculo deportivo crecía y crecía a lo largo y ancho del pentágono peninsular: el fútbol. Once tipos vestidos con calzón corto, cuyos nombres repetían hasta la saciedad sus seguidores, se enfrentaban a otros once igualmente ataviados, igualmente memorizados sus nombres por sus incondicionales, dentro de un rectángulo de césped, seudónimo de la hierba bien afeitada, que solía medir unos cien metros de largo y otros setenta de ancho, aproximadamente. El fútbol, nacido en los colegios ingleses, comenzó a popularizarse en Inglaterra hacia 1863, cuando se produjo la fundación de The Football Association, una mezcla de escuelas y clubes que decidieron reunirse para establecer un reglamento definitivo, las famosas Trece Reglas. El juego alcanzó un enorme desarrollo hasta tal punto que hacia 1870 ya existían jugadores profesionales.

El fútbol llegó a España a través de obreros ingleses que venían a trabajar a nuestro país hacia el año 1890. Dicen que el balón entró por Huelva, pero no parece demostrado del todo. Pronto alcanzó un notable impulso y, concluida la Guerra Civil, a falta de otras cosas en qué entretenerse a causa de la coyuntura dictatorial que nos gobernó durante cuarenta años, el balompié se convirtió en centro de dimes y diretes, de especulaciones, de tertulias y de algún que otro escándalo. A todos nos suenan nombres legendarios de aquellos años: Ramallets, Kubala, Di Stéfano, Luis Suárez, Zarra, Gento, Wilkes, Puchades, Puskas, Gaínza, Collar, Iríbar, Gorostiza, Eizaguirre, Amancio ... Por si faltaba algo para completar el cuadro, España se deshacía de Inglaterra, la pérfida Albión, en el mundial de Brasil de 1950 con el ¡Goooooooooooooool! de Zarra (y de Matías Prats padre), el Real Madrid ganaba cinco copas de Europa de una sola tacada, y otra más de propina algunos años después, y en 1964, en Chamartín, España conquistaba la Copa de Europa de Selecciones Nacionales ante la URSS. La democracia orgánica del General (léase testicular) derrotaba al comunismo oficial lejos de las trincheras.

Pero la Dictadura no pudo evitar que, de tapadillo, las rivalidades entre ciertos clubes escondiesen o albergasen, según se mire, criterios políticos claramente antagónicos: centralismo, periferia, nacionalismos ... Sin embargo, el régimen sí fue capaz de aprovechar la coyuntura para canalizar las frustraciones colectivas a través de este juego. Y también para obtener beneficios pingües del asunto, a través de un engendro que respondía al pomposo nombre de Patronato de Apuestas Mutuas Deportivo-Benéficas, organismo que desde el año 1946 se encargó de controlar cada fin de semana las apuestas sobre los resultados de los partidos de fútbol, tal y como señala Juan Eslava Galán en su reciente obra "Los años del miedo". "Las quinielas – escribe el autor jienense -, una invención que pronto se va a convertir en la gran pasión de los españoles. Incluso el Caudillo juega su boleto semanal".

Los periódicos, especialmente los deportivos y también algunos de información general, incluían entre sus plantillas a excelentes caricaturistas, que cada lunes esbozaban con cuatro exageradas líneas los rostros de las figuras más destacadas de la jornada del domingo anterior. Memorables fueron las caricaturas de Cronos, de quien el humorista Peridis dijo que "le veía todos los días en el Diario Marca y me gustaba el dibujo de línea, dibujaba como alambres". Otro que cultivó el género futbolístico en diversos medios, fue Alfonso Ortuño, caricaturista, dibujante y pintor, nacido en Orihuela en 1942, inolvidable creador de la llamada "Baraja política", colección de caricaturas de los líderes políticos mundiales del momento. No puedo tampoco olvidarme de Joaquín G. Santalla (Villanueva San Juan de la Mata, León, 1949), caricaturista deportivo del diario Pueblo, allá por los años 70, después trabajaría en otras muchas publicaciones más; ni de Ángel Villena (Valencia 1931-1974), que formó parte de la revista La Codorniz. Sus chistes y caricaturas sobre los jugadores del Valencia C.F. fueron especialmente abundantes durante la campaña 1970-71, en la que el equipo xe ganó la liga.

El tebeo, lógicamente, no podía mantenerse al margen de esta situación y raro fue el dibujante que no publicó alguna historieta sobre un deporte en pleno auge. El semanario TBO dedicó varios extraordinarios al fútbol y uno de sus más significados colaboradores, el catalán José Coll (1923-1984) dibujó numerosas historietas al respecto. Recuerdo una que, bajo el título "Tremenda impetuosidad", reflejaba los nervios del lanzador del penalty antes de ejecutar la pena máxima (frente al balón, esperando el pitido arbitral) ... y después (el esférico inamovible y el chutador en el interior de la portería). Otros muchos dibujantes de TBO, como Batllori Jofré ("Un "as" del fútbol cuenta su vida", donde un periodista entrevista al famoso jugador Cachirro) o Raf ("El fútbol y sus puntos de vista") también glosaron el tema balompédico. Este último autor, además, es el padre de dos personajes estrictamente futboleros: "Casimiro Futbolete" y "Agapito Silbátez". A la vista del nombre y apellidos de este último, no parece necesario citar su oficio.

Sin embargo, si hubo algún dibujante que se especializó en el fútbol ése fue Peñarroya (Forcall, Castellón, 1910-1975), creador de varios personajes cuyas andanzas se movieron siempre en este entorno:"Grrr.../Brrr... ¡Cómo está el deporte! por don Berrinche", "Cosas del deporte", "Quinielo Futbolínez" o su personaje más singular en este sentido, "Pepe, el hincha", aparecido en el año 1962 en las revistas DDT y Tío Vivo (Bruguera), tal y como señala Antoni Guiral en su excelente "Cuando los cómics se llamaban TEBEOS. La Escuela Bruguera (1945-1963)". Pepe, el hincha, es el prototipo del español medio de la época, que sólo se preocupa de lo que puede preocuparse: del fútbol. De los demás, mejor olvidarse porque ya hay quien se encarga de ello. Las historietas del personaje de Peñarroya se desarrollan en el ámbito de los partidos oficiales, en el domingo a domingo del club de sus amores y sus dolores, el Pedrusco F.C., y de los amistosos, aquellos sempiternos duelos de solteros contra casados. Pepe, el hincha, vive de la bufanda, del puro, del autobús de los desplazamientos, del estandarte del club: la bandera ... y de sus frustraciones deportivas. La web "Lady Filstrup" señala que "Al regresar a su casa después de un partido, Pepe el hincha se encuentra con que esta casado con una doña Benita [...] En Pepe el hincha, sin ir más lejos, lo importante no es el fútbol, ni la oficina, ni los amigos de la oficina, sino esa falda tramada de la mujer que dice que espera en casa".

Otro que también se ocuparía del deporte del balón de cuero fue José Sanchis Grau, que allá por el año 1952 creó a Pumby, el héroe de Villa Rabitos. Fue en su álbum "Murieron con las botas puestas" donde el célebre felino de la Editorial Valenciana, con sus ojos ahuevados, hocico blanco, orejas puntiagudas, pelaje negro y escandaloso cascabel, se consagró como futbolista de "tomo y lomo" que se decía entonces.

En este artículo no podía faltar el rey de la historieta en España: Francisco Ibáñez, que según cuentan, ha visitado un campo de fútbol solamente una vez en su vida. Sin embargo, tanto Mortadelo como Filemón han realizado misiones de "alto riesgo" en los mundiales (1978 y 1982) para evitar actos de sabotaje en el desarrollo de estos eventos futbolísticos. Los agentes de la TIA también estuvieron presentes en los Juegos Olímpicos de 1992, y en los mundiales de 1994 y 1998, en estos últimos integrados como jugadores de la Selección Española en misión de máxima seguridad. Por cierto, como futbolistas fueron desdeñados por Clemente, por aquellos años seleccionador nacional. Como señala Jesús Castañón Rodríguez en su artículo "El fútbol según Mortadelo y Filemón", los héroes de Ibáñez "no son sólo ases del humor, merecen el Balón de Oro".

Aunque no sea un producto de origen español, en nuestro país alcanzaron notable difusión las aventuras futboleras de "Eric Castel", un habilidoso jugador galo, que jugó en el F.C. Barcelona y en el París Saint Germain. "Eric Castel", realizado con un dibujo muy realista, no se centra únicamente en el aspecto deportivo del jugador, aunque probablemente en España haya sido su faceta más buscada, sino también en sus inquietudes y vivencias. Sus autores son dos belgas: Raymond Reding y Françoise Hugues y la serie alcanzó quince álbumes publicados entre los años 1979 y 1992. Por su parte, "Astérix y Obélix", los personajes de Uderzo y Goscinny, no llegaron nunca a participar del tema futbolero. Sin embargo, en su álbum "Astérix en Bretaña" si jugaron un partido de rugby – y de qué manera -. Y no hay que olvidar que, en un principio, rugby y fútbol eran el mismo deporte, hasta que se escindió entre los que sólo querían jugar el balón con el pie y los que preferían hacerlo con pie y mano.

En 1972, un poco antes de que el rubio Castel aterrizase en nuestro país, en la ciudad condal comenzó a publicarse una revista satírica plenamente dedicada al fútbol. Su título era "Barrabás". Fundada por Xavier de Echarri, "Barrabás" se caracterizaba por su denuncia constante de los trapicheos que envolvían nuestro fútbol de entonces. La revista mezclaba corrosivos artículos deportivos firmados por Álex J. Botines, Antonio Franco, José María García, Enric Bañeres o Carles Turró con los dibujos e historietas de Manel, Ja, Oli, Ventura&Nieto, Esparbé, Joma, Pañella, Oscar, Ivá, García Lorente, Pañlla y Perich. En sus páginas centrales siempre aparecía una señorita en bikini, luciendo los colores de los equipos de la Liga española. La revista dejó de publicarse en 1976 y, en cierta manera, fue sustituida por otra publicación: "El Papus". Heredera de la pauta marcada por "Barrabás", el nuevo semanario enfocó sus contenidos hacia la esfera política, que calentaba motores antes de iniciar la Transición.

En la capital de España, acogiéndose al éxito de la publicación barcelonesa, apareció un semanario de características similares, titulado "Futbolín", en cuyas páginas tomaron parte importantes dibujantes como el anteriormente mencionado Alfonso Ortuño. No obstante, esta revista no llegó a alcanzar la difusión ni el alcance de Barrabás.

Con motivo del Mundial de Fútbol organizado por España, en 1982, la mascota del mismo, el celebérrimo "Naranjito", fue protagonista de algunos cómics. En fechas próximas, un manga japonés, "Capitán Tsubasa: las aventuras de Oliver y Benji" (1981) también, se ocupó del fúbol. La serie alcanzó gran popularidad en España gracias a su versión animada titulada "Campeones, Supercampeones y Oliver y Benji".

Y nada más. Hoy me apetecía viajar entre los cómics y el fútbol y ver qué personajes de la historieta española y qué dibujantes, de una manera u otra, se acordaron en su día del deporte del balón redondo. No han estado todos los que son, pero sí son todos los que han estado. Así que pido disculpas a los omitidos.

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