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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El enfado de julio

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 14 de abril de 2008, 00:58 h (CET)
Durante los días de la última campaña electoral me acordé, y no poco, de Julio Iglesias. Mariano Rajoy y sus mariachis se sintieron profundamente ofendidos por los apoyos que un grupo de cantantes ofrecían libremente y sin ninguna contraprestación a José Luís Rodriguez Zapatero. El líder, al menos oficialmente, de la bancada popular arremetió en tromba contra los firmantes del manifiesto zapateril olvidando que hace no mucho tiempo su mentor en la sombra, José María Aznar, cerraba sus mítines en la cancha del Valencia C.F. arropado por los trinos de Julio llegado a Mestalla de la mano de Eduardo Zaplana. Ya sabemos que la vara de medir de la derechona es la ley del embudo: para mí lo ancho y para ti lo estrecho. Julio Iglesias es un patriota español aunque viva en Santo Domingo y tenga las cuentas bancarias en paraísos fiscales como las Bahamas pero Serrat es un vende patrias que encima canta en catalán.

Llegó el 9-M y los electores reiteraron su confianza en José Luís Rodriguez Zapatero y, tal vez, Julio Iglesias desde su dorado exilio voluntario vio su gozo en un pozo, sus amigos volvían a perder y el que era más amigo que todos, ese Eduardo Zaplana al que en Valencia motejaba de campeón, comenzaba a militar en las filas del puro y duro ostracismo, el cartaginés pasaba de vocero a mudo soldado raso y con esta pirueta en el vacío peligraban no sólo el futuro político de Zaplana sino también las arcas del que fue su embajador por el mundo.

Pero Julio está triste, desde la lejanía le duele España mientras al resto de españoles les duelen los bolsillos acribillados a impuestos que el cantante intenta eludir mediante piruetas de ingeniería financiera, en las que, a veces, han colaborado algunos de sus amigos metidos en política. Hace ahora once años que Eduardo Zaplana le nombró embajador de la Comunidad Valenciana, lo único que Julio tenía que hacer era dar una decena de conciertos en diversos lugares y hacer en ellos, todavía no se cómo, publicidad del que en aquellos momentos era feudo zaplanista, la Comunidad Valenciana. Por este agotador trabajo se le abonaron al cantante cerca de mil millones de pesetas, procedentes del dinero público, libres de impuestos y abonadas en la cuenta que International Concerts, empresa de Julio, tiene en Bahamas. Se intentó disfrazar aquel contrato desdoblándolo en dos para engañar a los valencianos pero, finalmente, los responsables del IVEX, organismo contratante y dependiente de la Generalitat Valenciana, han pasado por los juzgados y alguno ha sido condenado a pagar con cárcel sus deslices. Es fácil presumir de español en la lejanía mientras se olvida que las carreteras, los hospitales, las escuelas y los geriátricos son construidos vía impuestos.

“Quiero que haya una reflexión oficial en mi país, después de 40 años de carrera, de tantos conciertos en el mundo, y que sepan que no me quiero morir con la angustia de que mi país no se entera de los pasa conmigo” Estas son algunas de las palabras que Julio Iglesias dijo a la prensa de Los Ángeles después de su concierto en el Gibson Anphiteatre de hace unos días. Julio se siente infeliz y considera que en España no se le valora y que los medios de comunicación no le otorgan la importancia que se merece. Este verano hará cuarenta años que un tímido Julio Iglesias ganaba el Festival de la Canción de Benidorm con la canción “La vida sigue igual”, de entonces acá han sido miles de conciertos en todo el mundo y millones de discos vendidos, ocho hijos reconocidos en el seno de las dos familias que han formado parte de su vida, toda una vida que no sigue igual tal y como proclamaba el estribillo de su primer éxito. Los años pasan por la garganta y ésta se resiente, y los recitales ya no pueden ser tan multitudinarios y seguidos como antaño, Julio Iglesias ha comenzado la gira mundial de este 2008 en USA, donde ya ha suspendido dos recitales en las localidades de Santa Inés y Escondido en California los días 10 y 11 de este mes de Abril, para pasar en Mayo a Europa donde especialmente cantará en países del Este. En España no está prevista, en estos momentos, ninguna actuación aunque es posible que, como hizo el pasado año, alguien le contrate para recitales íntimos en algún hotel o urbanización de lujo.

Pero esto no debía entristecer al cantante, los españoles saben de él, escuchan sus canciones y son participes de su felicidad familiar gracias a la revista Hola cuyas portadas han sido siempre la obsesión de Julio que más de una vez ha declarado que prefiere aparecer en una portada de Hola que en cualquier otro medio. Estas metafóricas lágrimas de cocodrilo del cantante harían reír sino fuera porque en el fondo su queja está dirigiéndose a esos poderes públicos que ya no le llaman para nada, los que alguna vez lo hicieron, y a una prensa que según él no le atiende como es debido. Pero los poderes públicos no están para hacer de contratistas de cantantes, aunque Zaplana así lo creyera, y la prensa española habla de Julio Iglesias siempre que es noticia, como ahora en que todo el espectro periodístico español se ha hecho eco de sus declaraciones. Esta vez Julio se ha equivocado, ha meado fuera de tiesto y ha mostrado su cara de truhán en lugar de la de señor. Pero no te preocupes Julio, a lo mejor si la prensa española no te trata como tú deseas es porque, tal vez, te lo has ganado a pulso. Aunque siempre te quedarán los colorines del Hola donde reinan cada semana los apellidos Iglesias y Preysler.

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