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Un ombusdman perdió el III Reich

Luís Agüero Wagner
Redacción
domingo, 13 de abril de 2008, 01:44 h (CET)
Un antecedente de la actual institución del ombudsman actual nació en la península ibérica invadida por los moros y era conocido como el Justicia de Aragón. Se trataba de un defensor de los Fueros y de las Leyes Aragonesas, que además recibía las quejas de los ciudadanos y actuaba de contemporizador entre poderosos y víctimas de las arbitrariedades del poder. Después del rey, el Justiciazgo era la institución más importante y prestigiosas de la organización política del Reino de Aragón.

Muchos capítulos de la historia del justiciazgo están marcados por el heroísmo en defensa de las leyes y soportando represalias brutales. Los más trágicos fueron los de los disturbios de 1591, que costaron la decapitación de don Juan de Lanuza, el Mozo, por haber defendido los Fueros y por enfrentarse a la voluntad del rey de España, Felipe II, que había penetrado en Aragón con sus ejércitos contrariando fueros que el mismo rey había firmado y se había obligado a respetar. Otro rey de España, Felipe V de Borbón, suprimió la figura del Justicia en el año 1711.

El antecedente más cercano al modelo actual de ombudsman es la figura del "Justittie Kansler" creado por el Rey Sueco en el Siglo XVI. Al principio actuaba como Delegación de la Corona cuyas funciones, entre otras, eran encargarse de la supervisión de la correcta aplicación de las leyes por parte de los servidores públicos. Esta Institución se consagró en la Ley Constitucional Sueca de 1809, quedando a cargo de un funcionario designado por el Parlamento y encargado de vigilar la actividad de los tribunales. Actualmente, la Constitución vigente de Suecia de 1947 aún conserva esta figura.

Pronto, el Ombudsman traspasa sus fronteras originales, pues empieza a demostrar su eficacia como órgano controlador de los actos del poder público, y es a partir del siglo XIX cuando su finalidad aparece condicionada a las exigencias de una nueva forma de organización social, que se desarrolla siempre en medio de un desequilibrio entre las dificultades administrativas y los derechos individuales, perdido en el océano de los ejércitos administrativos del estado.

Pronto la institución se extiende y lo adopta la Constitución de Finlandia de 1919, Noruega en 1952, Alemania en 1957, Nueva Zelanda en 1962 prosiguen por esta línea, y en la década de los 60 Inglaterra, Irlanda del Norte, Guyana, Tanzania, algunas provincias del Canadá y varios Estados de la Unión Americana.
En 1975 se creó en Portugal con el nombre de Proveedor Justicia, y en 1978 en España como la Institución del Defensor del Pueblo, desempeñando un papel importante por la defensa de los derechos humanos, para llegar a Latinoamérica en la década de 1980.

Las conocidas vertientes de la realidad latinoamericana proporcionan el ámbito donde mayor amplitud debe abarcar su acción, por razones inherentes al complejo entramado social. Uno de estos países donde mayores dificultades se presentan para el afianzamiento de la institución, como no podía ser de otra manera, es el Paraguay.

El incansable defensor de derechos humanos Martín Almada, descalificó esta semana la capacidad profesional, personal y ética del Defensor del Pueblo (Ombudsman) el abogado Manuel María Paéz Monges, de quien dijo no rinde cuentas de sus gestiones conforme lo establece la ley. A las denuncias de Martín Almada se sumaron las de muchos otros referentes de organizaciones de Derechos Humanos que acusaron al mismo funcionario de haber priorizado indemnizaciones por motivos políticos, excluyendo y retrasando a muchas víctimas de la dictadura del general Alfredo Stroessner que realmente sufrieron ensañamiento por parte de dicho régimen.

Otras autoridades como la senadora Ana María Mendoza de Acha, la jueza electoral Gloria Estragó y activistas por los derechos humanos se sumaron a la protesta del descubridor de los Archivos del Terror.

Aunque duela decirlo, tanto el defensor del pueblo Páez Monges, como el ex operativo de la policía política que ocupa el cargo de ministro del supremo Tribunal electoral Juan Manuel Morales, contaron para acceder a sus altos posicionamientos con el voto de los opositores en el parlamento, donde algunos de éstos últimos acostumbran desatender los asuntos legislativos para abocarse al chateo erótico vía internet.

Entre los primeros en percibir sus jugosas indemnizaciones merced a los buenos oficios de Páez Monges, ciertamente, se contaron pudientes y adinerados miembros de la fauna política paraguaya, entre ellos el senador José Nicolás Morínigo y el ex ministro de Industria Euclides Acevedo, ambos seguidores del obispo Fernando Lugo y miembros de la oposición. Mientras estos afortunados personajes, hoy en una privilegiada posición económica en la sociedad paraguaya, contaban sus billetes por haber sido detenidos algunas horas en tiempos de la dictadura, muchos luchadores que fueron salvajemente torturados hasta quedar minusválidos y pasaron décadas en las mazmorras de la dictadura anticomunista debieron esperar largos años y sufrir todo tipo de vejaciones para percibir una mísera suma a modo de compensación.

Uno de los casos que más escándalo generó en el ámbito de los referentes de los derechos humanos fue la inclusión en las listas de víctimas de la dictadura de Stroessner de un militante neo nazi, detenido en tiempos de la dictadura a pedido de poderosos empresarios de la comunidad judía de Paraguay, por haber organizado misas en recordación del canciller del reich, Adolf Hitler. La detención no dejaba de ser contradictoria si se tiene en cuenta que Stroessner era un gran admirador de los nazis y que incluso brindó protección al angel de la muerte de Auschwitz Josef Mengele, refugiado en Paraguay, pero se explicaba por la tendencia marcadamente plutocrática que imprimió el dictador a su régimen, donde todo se resolvía en favor del poder económico.

Tampoco es de extrañar que un militante nazi se presente como perseguido por una dictadura anticomunista en Paraguay, donde hasta ex policías devenidos en periodistas que ayer torturaban con sadismo y crueldad opositores en las mazmorras del ministerio del interior, como Alcibíades González Delvalle, hoy pretenden aparecer como luchadores que enfrentaron a la dictadura. Otros fantoches que aparecen como perseguidos por Stroessner como Aldo Zucolillo o Humberto Rubín, no tuvieron con el dictador desavenencias de orden ideológico, ciertamente, dado que profesan la ideología nazi con devota pasión, aún cuando algunos entre ellos se declaran cultores del judaísmo. Es que el espectro de ideologías en Paraguay es muy poco flexible y se parece más bien a un torneo interno entre la falange, los camisas negras y la GESTAPO.

A los casos de Juan Manuel Morales y Manuel Páez Monges, que llegaron a sus cargos con el voto y la protección de la oposición, se añade el caso del representante del partido Liberal (puntal del obispo-candidato) en la Justicia Electoral Alberto Ramírez Zambonini, que hoy ha quedado en la picota por plagiar su tesis doctoral en Derecho en la Universidad, lo cual ha quedado expuesto en el Senado paraguayo de manera irrefutable y contundente por el senador Juan Carlos Galaverna.

La catadura moral de estas altas autoridades son elocuentes ejemplos de la debilidad de la oposición burguesa paraguaya que hoy hace su más fuerte apuesta postulando al obispo Fernando Lugo, candidato con respaldo de amplios sectores de la iglesia católica y de grupos financiados por el embajador norteamericano James Cason, apoyo que puede hacer su derrota aún mucho más amarga.

La historia de Aragón cuenta que “el justicia” Juan de Lanuza «el Mozo», fue ejecutado sin proceso previo (según la propuesta que hizo al rey la Junta nombrada para el castigo) en la plaza del Mercado de Zaragoza, un 20 de Diciembre de 1591. Dicen los cronistas de aquella época que Lanuza exclamó ante el cadalso, al oír que el pregón de la sentencia lo calificaba de traidor: «Traidor no, mal aconsejado sí». Su destino estuvo marcado por el hondo dolor de una tragedia, pero su memoria nos habla de una admirable entereza y dignidad.

Sin lugar a dudas, no será el mismo recuerdo el que dejará nuestro héroe local, Manuel María Páez Monges, una especie de ombudsman perdido en el Tercer Reich.

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