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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Análisis de la visita de Bachelet a Londres

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 12 de abril de 2008, 08:07 h (CET)
En los dos días que ella lleva en la capital inglesa no hemos encontrado ningún artículo en los diarios locales sobre su visita. Esto es algo que contrasta con la relativa amplia cobertura que tuvo el presidente Lula del Brasil, cuando asistió a la anterior cumbre progresista, o el presidente venezolano Chávez, cuando solo vino para reunirse con el alcalde londinense Ken Livingstone.

Sin embargo, Bachelet es políticamente más cercana al gobierno laborista que esos dos mencionados mandatarios. Si bien ella, Lula y Chávez se proclaman socialistas, solo el PS chileno de ella es miembro de la ‘Internacionalista Socialista’ junto al laborismo británico.

Cuando Chávez llegó al gobierno 21 meses después que Blair entró al premierato británico él inicialmente se acercó a los planteos de la ‘tercera vía’ que enarbolaba el laborismo. No obstante, a medida que Caracas fue chocando con Washington, cuyo principal socio militar es Londres, las relaciones se fueron distanciando.

El Partido de los Trabajadores que gobierna al Brasil y el Partido Laborista que gobierna al Reino Unido son los principales partidos formados por sindicatos que lideran grandes economías. Pese a sus orígenes y posturas similares, las diplomacias entre ambos regímenes no siempre convergen. Blair y Brown apuestan por convertirse en el principal soporte de la política externa de EEUU, mientras que Lula, si bien mantiene buenas relaciones con Bush, se esfuerza en llevarse bien con los Castro, Chávez y otros regímenes críticos al de la Casa Blanca. Mientras Brasilia más apunta hacia el unilateralismo pro-Washington, Brasilia es un campeón mundial del multilateralismo.

Los lazos entre el partido socialista de Chile y el laborismo británico son, en cambio, más añejos y profundos. El laborismo apoyó al gobierno de allende (1970-73) y cuando llegó al poder unas 25 semanas después que Pinochet hizo contra sus camaradas el 11 de septiembre de 1973, le dio un gran apoyo a los refugiados chilenos.

Tanto Chile como Reino Unido estuvieron entre los primeros países del mundo donde longevos gobiernos de derecha dura impusieron profundos cambios desde modelos económicos basados en las teorías de Keynes donde se combinaba intervención estatal con aliciente al consumo, en unos dominados por las nuevas doctrinas de Friedman en las cuales se incentivaban privatizaciones y el libre mercado.

Tanto los laboristas como los socialistas inicialmente se opusieron a estas reformas izquierdizando sus mensajes. Sin embargo, estas dos fuerzas hermanas se fueron amoldando a sus enemigos hasta acabar aceptando los nuevos sistemas de liberalización del mercado. En 1990 la socialdemocracia chilena llega al gobierno pero como aliado de la Democracia Cristiana, quien detentará dos presidencias (Alwyn 1990-94 y Frei 1994-2000). En todo ese lapso los socialistas mantienen el sistema económico creado por Pinochet aunque tratan de darle cierto contenido social. En el 2000 el socialista Ricardo Lagos (del Partido Por la Democracia) llega a la presidencia y se empalma con el gobierno amigo de Blair, quien había llegado al premierato en 1997. En el 2006 Michelle Bachelet es la candidata del partido socialista que se convierte en la primera presidenta de su república.

Lo que une a los gobiernos de Londres y Santiago es su idea de mantenerse en el tronco histórico de la socialdemocracia pero renunciando al pasado de nacionalizaciones y gran proteccionismo social que caracterizaron a los gobiernos que antes tuvieron antes de Pinochet y Thatcher. Ambas administraciones se han tornado campeones del libre comercio y de atraer a grandes inversionistas.

Este giro hacia el centro les ha hecho chocar con algunas de sus bases ocasionando protestas, por ejemplo, dentro de los estudiantes y sindicatos. Sin embargo, Bachelet y Brown dicen que no quieren retroceder a políticas ‘populistas’ para no distanciarse mucho de los programas de sus respectivas derechas y así evitar que éstas les remplacen en el poder.

Chile tiene muchos lazos históricos con Gran Bretaña. Es uno de los principales proveedores de vinos y de frutas al mercado británico (especialmente durante las temporadas frías en el hemisferio norte). La alianza de Santiago con Londres data del Siglo IXX. Esta fue importante para que Chile ganase la guerra de los 1870s a Perú y Bolivia, y para que luego se minase a la Argentina cuando invadió a Las Malvinas.

Bachelet y Brown tienen mucho en común. Ciertamente que sus diplomacias no siempre convergen (Santiago no refrendó la invasión a Iraq, por ejemplo) pero están unidas en su estrategia de apuntalar una globalización pro-liberal, pero marcando sus diferencias con quienes conciben que ésta debe darse sobre bases muy conservadoras que no traten de palear los efectos de las desigualdades sociales que ésta acarrea. Esta posición, ciertamente, choca con los sectores históricos de ambos partidos (socialista y laboralista) quienes andan resentidos con el giro ‘derechista’ de sus respectivas fuerzas y el abandono de sus anteriores políticas de nacionalizaciones de empresas e intervencionismo social.

Brown recibe a Bachelet a pocos días de haber tenido un gran recibimiento al presidente francés Nicolás Sarkozy y lo hace viéndose con los mandatarios laboristas de Australia y Nueva Zelandia, entre otros gobernantes. La cumbre con el primero fue primera plana en todos los medios pues implicó un importante realineamiento en la política externa de las dos potencias nucleares de la Unión Europea.

El actual cónclave entre Brown, Bachelet y los gobernantes ‘progresistas’ no tiene ni de lejos la misma publicidad. Esta cita no traerá nuevos grandes cambios en la política externa, pero si irá dando fuerza al eje que Brown y Bachelet quieren hacer junto al Partido Demócrata de EEUU, a Sudáfrica y a otros gobiernos de centro o centro izquierda para crear un contrapeso al conservadurismo mundial, presionar a que caigan Mugabe y otros contestatarios y quitarle peso a los gobiernos más izquierdizantes como el de Venezuela.

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