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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Ciudades sin diseño

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
sábado, 12 de abril de 2008, 08:07 h (CET)
Al parecer, se han puesto manos a la obra los mandamases de la Región de Bruselas-Capital, auxiliados por la Comisión Europea y la Ciudad de Bruselas que están dispuestos a arrimar el hombro, para poner en marcha un ambicioso certamen destinado a definir un nuevo diseño urbano para el barrio europeo. El perímetro afectado por el concurso abarca la zona situada en torno a la rue de la Loi, entre la circunvalación interior y la chaussée d´Etterbeek. Al parecer, con este festival lo que se pretende es ahondar en un estético diseño, donde los espacios poéticos sean algo vivo y nos vivan. Confiamos en que la idea sea exportada. Ellos aspiran a transformar la zona en un distrito ecológico, gobernado por la saludable convivencia, el buen gusto de viviendas y el cultivo de los espacios culturales y de ocio. Yo también quiero ese chupachus.

La verdad que el urbanismo, que les voy a decir de la madre patria, ha perdido la urbanidad. Las urbes son hoy el abismo de la especie humana, el laberinto de la oquedad, el aire sin aire, la soledad monstruosa, el ruido permanente, un entorno sin entidad alguna y con la identidad del sin vivir como sombra, densa de bochornos en la que predominan canículas y calinas, pocos servicios humanos y mucha industria de engorde consumista. Al día de hoy, la ordenación urbana es igual a la suma de los cuadrados de torpeza y desatención que hemos criado, es decir, al cuadrado del primero, la grosería propia de una mala crianza; más el cuadrado del segundo, el desprecio por lo bello, más el doble del doble de necedad, vulgaridad y barbarie que reina por doquier. El Satanás, sin duda, de esta desordenación urbana es que se plantan más urbanizaciones que sentido común.

De esta jungla de ciudad no se libra nadie, incluidas las ciudades patrimonio de la humanidad que, para empezar, aún distan mucho de ser patrimonio accesible en una vociferada cultura sin barreras. Tampoco logran redimir los pecados contaminantes ciudades comprometidas con el desarrollo sostenible y la protección del clima, por mucho que se aglutinen en una red para intercambiar conocimientos y experiencias. Los intereses de don dinero capitalizan el desmadre. No hay política ni político que lo descapitalice al destierro. Y, en verdad, hace falta como el comer un pacto entre caballeros de buen vivir y mejor ética, para que el diseño de las urbes nos armonicen la vida. La utopía es el principio de todo progreso.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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