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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Todo un milagro, acariciar tu piel, Tina

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 12 de abril de 2008, 08:07 h (CET)
Mi vida:

Buenos días. Hoy (como suele sucedernos a todos alguna vez) voy con bastante retraso en la ejecución de mis tareas (ayer, como sabes, estuve hilando hasta altas horas de la madrugada; y, asimismo, como no se te escapa, en esta vida todo suceso, sea corolario de una acción o correlato de una omisión, trae consecuencias).

Yo también deseo gozar de todas (absolutamente de todas, sin hacer ninguna excepción) las bendiciones que, sospecho, debe llevar aparejado el hecho prodigioso de acariciar tu piel. Irme a la cama contigo siempre me ha apetecido mucho, pero aún más, infinitamente más, me petará poder despertarme a tu lado. Creo que porque eso indicará bien, a las claras, que no (sólo) eres mi amante, sino mi amada dama, esposa y/o pareja.

Me sorprendes gratamente, Tina. Te tengo por una empresaria honesta y responsable. Todas las razones que aduces me parecen, amén de oportunas, ecuánimes, cabales. Insisto en que, si quieres y vivimos juntos, seas mi agente y representante. Creo que tú sirves más para este tipo de transacciones, pues tienes más aguante, paciencia y tablas que yo. Además, eres más receptiva y reflexiva que servidor. El menda, como te dije ayer, es más alfaguara, chorro o manantial que brota con ímpetu insólito.

Me parece estupendo que te plazca, como a mí, el trabajo sin tacha. Y eso, creo, está muy bien. Ya sabes cuál es la recompensa del mismo, poder disponer de más tiempo para realizar más trabajo bien hecho, por supuesto.

A mí, flaca, me gustas así, como eres, con tu piel canela y tus carnes magras. Preferiría, eso sí, que dedicaras más minutos a tu alimentación, que masticaras despacio, o sea.

Me parece que llevas a cabo todas tus labores (las que tienen que ver con tu trabajo habitual y con el asumido por la señera razón del Amor que me profesas –así lo entiende este andóbal, por lo menos-) estupendamente. No tengo que hacer objeción al respecto. Ergo, en ese asunto editorial que tenemos entre manos, me parece lo que te parece.

No se te escapa que, si exceptuamos los casos sin solución, que los hay, aunque pretendamos en todo “cronotopos”, quiero decir, tiempo y lugar, ser mejores, no somos siempre buenos (ni malos, no obstante sea ésa nuestra refractaria intención).

No tienes que pedir disculpas por preocuparte (y menos aún, si lo haces con arte) por mí. Sé que eres así de buena. Con tener conciencia y constancia del hecho me basta.

Huelga urdir que te ama con todos y cada uno de los átomos de su anatomía, con todas y cada una de las mónadas (algunas son inconcusas monadas) de su alma, tu

Félix Unamuno.

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