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Falacias

Miguel Ángel Sánchez
Redacción
viernes, 11 de abril de 2008, 08:29 h (CET)
Desde el punto de vista de la gobernabilidad y los medios, la discusión de la reforma energética parece haber azolvado los canales de comunicación. En una apreciación frívola –cual corresponde a esta columna que siente aversión por “lo político”-, el intercambio que el ciudadano de a pie atestigua entre el Presidente y sus secretarios por una parte y fuerzas políticas variopintas por la otra, me recuerda un pasaje de la gran épica asimoviana Fundación e imperio:

El enviado del Emperador visita, con rumboso aparato, el mundo–capital de uno de los sistemas asociados. El Imperio está en crisis y Trantor busca la urgente concurrencia de todas las fuerzas, pero hay gran resistencia derivada del descrédito histórico del gobierno central. El enviado dialoga, imparte conferencias, presenta estudios y promete, promete. Cuando ha partido, el Príncipe confederado recibe el informe de sus servicios de inteligencia:

- Señor, analizamos con instrumental psicohistórico todos los discursos del Príncipe y la documentación que nos proporcionó, y filtramos los resultados con el Cuadrante.

- ¿Y?

- Señor… ¡el Príncipe no dijo nada… nada!

Por ello me siento obligado a compartir las reflexiones inteligentes que dan luz a este asunto cuyo desenlace impactará nuestras vidas y las de nuestros hijos, nietos y chonzos. Con autorización de mi estimado colega el embajador emérito Jorge Eduardo Navarrete, a continuación el artículo que el pasado 3 de abril publicó en La Jornada con el título “Falacias”:

“Después de haber demorado el diagnóstico tan anunciado, no quisieron esperar a un día hábil para propalarlo. Quizá porque a los funcionarios les place mostrar que sacrifican sus asuetos, convencidos de hacerlo por la Patria, con mayúscula desde luego. Apareció la víspera del último día laborable de marzo, cuando faltaban 22 para la conclusión del actual período de sesiones de la legislatura. El ‘Diagnóstico: Situación de Pemex’ es un documento de 127 páginas, que se acompañó de un ‘resumen ejecutivo’ de 22. Aun de la primera lectura resulta claro que se optó por un enfoque descriptivo, que presenta la situación del organismo como una cuestión de hecho, inapelable. Habría sido mejor un diagnóstico analítico, que además de retratar la realidad, examinase cómo y por qué se llegó a ella. Sin el análisis, parece postularse que la situación de los yacimientos y su explotación, de la refinación, de la industria petroquímica, del transporte y distribución, y de la administración provienen de una suerte de fatalidad, de que las cosas no habrían podido ser de otro modo. Este procedimiento tiene dos ventajas. Por un lado, evita la autocrítica: las cosas son como son, sin responsabilidad de nadie. Por otro, apuntala una conclusión preconcebida: lo que se requiere es permitir ‘esquemas modernos y efectivos de colaboración con terceros’. Sin examinar el pasado, se intenta definir la prospectiva. Por ello, buen número de las recomendaciones de política suenan huecas: basadas en un examen insuficiente o de plano inexistente de los factores que condujeron a la situación actual y derivadas de preferencias cuya motivación política e ideológica se torna transparente. En una primera aproximación, subrayo algunas de sus más notorias falacias.

“Se señala que ‘las reservas de hidrocarburos vienen disminuyendo desde mediados de los ochenta’, como si esta declinación no hubiera podido ser evitada o frenada, y se prevé la continuada caída de la producción de las cuencas en explotación hasta 2021, ‘ya considerando incrementos en las tasas de recuperación’. No se señala la magnitud de éstos, ni el volumen del remanente, ni la posibilidad de aumentar aún más el aprovechamiento de los depósitos. Para sustituir los 1.8 millones de barriles diarios (MBD) que dejarán de obtenerse para 2021 se ofrecen cuatro áreas: 0.7 MBD de las cuencas del sureste (tierra y aguas someras); 23 mil BD de ‘campos abandonados’; entre 0.55 y 0.6 MBD de Chicontepec, con costos elevados y un esfuerzo de perforación mayúsculo, y los 0.5 MBD restantes del ‘Golfo de México Profundo’. Se lograría así mantener el actual nivel de producción, cercano a los 3 MBD. No se aclara, sin embargo, qué supuestos de crecimiento económico, aumento de demanda interna, comportamiento exportador, eficiencia energética, entre otros, hacen recomendable que se mantenga, en 2021, el nivel de producción esperado en 2008. Lo único que importaba era apuntalar la conclusión de que ‘iniciar el desarrollo de las aguas profundas es fundamental’ y, por supuesto, el corolario predeterminado: ‘es necesario que Pemex pueda hacerse acompañar de otras empresas al desarrollar diversas actividades propias de su giro’. Así, al llegar a la página 10 del resumen se ha olvidado que en la uno se recuerda que Pemex es ‘responsable de realizar, de manera exclusiva [es decir, sin empresas acompañantes] las actividades estratégicas en materia de hidrocarburos [es decir, propias de su giro], reservadas en la Constitución para el Estado mexicano’.

“El diagnóstico también enfatiza la creciente dependencia respecto de los refinados foráneos, ejemplificada por las cada vez mayores importaciones de gasolinas, ‘que representan más del 40% de las ventas totales’. La prospectiva se plantea a 2015, cuando habría que importar ‘casi la mitad’ de la demanda, y a ‘un lapso de veinte años’ [2027], cuando ‘las importaciones serían más de dos veces el nivel de la producción nacional’. No se explica por qué se manejan horizontes distintos a los de producción, ni qué supuestos se manejan en cuanto a crecimiento de demanda, eficiencia de los automotores, etc. Sólo se deseaba plantear una conclusión obvia, elemental: se requiere aumentar la capacidad de refinación. Lo que no es obvio, ni convincente, es que se postule que ‘el reto es hacerlo todo al mismo tiempo, las inversiones para incrementar la capacidad de transporte y almacenamiento, las reconfiguraciones de las refinerías existentes, cumplir con los retos que implica abastecer con combustibles menos contaminantes y construir nuevas refinerías’. La única explicación para definir de esta manera el desafío es justificar que Pemex ‘se apoye de [sic] terceros’ para tender ductos; cuente con ‘flexibilidad para contratar’ y pueda ampliar su capacidad de refinación ‘con inversión propia y complementaria’. Se plantea, de hecho, reducir la dependencia del exterior por la importación de gasolinas y refinados, canjeándola por una dependencia externa en materia de construcción y operación de ductos, acceso a las tecnologías de avanzada y recursos de inversión, ‘todo al mismo tiempo’.

“Si se salta a la ‘problemática financiera’ planteada en el diagnóstico se hallan paradojas similares. Se postula que Pemex debe usar ‘más recursos propios y menos endeudamiento’ y para conseguirlo se propone atraer ‘inversiones complementarias’, es decir, recursos ajenos. Como si éstos se obtuviesen sin costo, como si las inversiones no generasen remesas de utilidades. No se señala, desde luego, ningún orden de magnitud. ¿Se estará pensando en inversiones complementarias, privadas nacionales o foráneas, del nivel que alcanzarían las importaciones de gasolinas dentro de 20 años, es decir, de más de dos veces las inversiones con recursos de Pemex?

“El diagnóstico contiene dos indicadores que no se relacionan de manera explícita: el total de impuestos, derechos y aprovechamientos (676 mil millones de pesos en 2007) y la magnitud de la renta petrolera (509 mil millones en el mismo año). Ésta pertenece al Estado, pero extraer de la empresa 32.8% más es un expolio que el diagnóstico no subraya lo suficiente y que se encuentra en el origen de la mayor parte de los problemas que apunta.

“Al presentar el diagnóstico, la secretaria de Energía llamó a debatirlo ‘en democracia.., con argumentos y sin violencia’. Tras la elección de 2006 no estamos en democracia, pero sí podemos debatir con argumentos y sin violencia.”

Molcajeteando…
Diosito se llevó a don Charlton Heston el sábado 5. Hollywood lo construyó como un héroe épico, la evidencia de que en la civilización judeo cristiana los grandes personajes hablaron inglés de Nueva York y tuvieron ojos azules; Michael Moore lo exhibió como lo que fue: un tipo limitado, reaccionario y abusivo. Fue un buen actor. Descanse en paz.

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Miguel Ángel Sánchez de Armas es profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla. México.

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