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Más se perdió, en Cuba

Pascual Falces
Pascual Falces
viernes, 11 de abril de 2008, 08:13 h (CET)
Quienes tengan costumbre en el uso de Google Earth, el más poderoso medio que Internet pone al alcance de la mano para asumir la globalidad de la Aldea en que viven los hombres, conocerán la docilidad que tiene para seguir el curso del pensamiento con una leve presión sobre el “mouse”, el famoso y universal “clic”. Oteando el panorama peninsular y su azacanada vida de cada día, es previsible que el corazón se encoja al vislumbrar el “decrecimiento” que parece cernirse en el horizonte del actual concepto que algunos tienen del mismo.

“Más se perdió en Cuba”, se dice ante una pérdida irremediable; así de resignadamente es como el pueblo español acogió los luctuosos acontecimientos dictados por una política nefasta que desgarró de un último jirón la “grandeza” que aún mantenía España a finales del año 1898. Las Filipinas, Guam, Puerto Rico, y Cuba (la “perla” de las Antillas), dejaron de ser tierra española después de cuatro siglos; más adecuado llamarla así que hablar de “colonias”. El Imperio español no fue colonial, sino Virreinal, la clase de Administración, con sus luces y sombras, con la que se ganaron para la cultura occidental las inmensas tierras que le cupo en suerte descubrir.

Una reducción tan espectacular y súbita de la Nación, tenía algún precedente también ligado a la cultura hispánica. España es un país derrochón cuna de derrochones. Y, aquí es donde viene a cuento el ratón y el Google del principio. Casi con la velocidad del pensamiento, se puede situar en primer plano de la pantalla la penosa disminución de territorio mejicano –más de la mitad- que experimentó lo que había sido el Virreinato de Nueva España tras la derrota militar, a mediados del siglo XIX, de un confundido Presidente surgido entre los balbuceos de su recién estrenada Independencia. En consecuencia, surgieron los actuales Estados norteamericanos de California, Nevada y Utah y partes de Colorado, Arizona, Nuevo México y Wyoming. Pero, en aquellos tiempos, la información no funcionaba como ahora, y la descomunal pérdida tan sólo quedó como una herida en la nostalgia del pueblo mexicano.

Afortunadamente, para muchos de ellos, aquellos territorios llegarían a transformarse en la “tierra prometida” de hoy, hacia donde dirigen sus pasos muchos ciudadanos aún a riesgo de perder sus vidas en el intento de cruzar la frontera clandestinamente. Una clara “jugada” de la historia. “Más se perdió en Cuba”… que se dice. Recientemente, una conocida marca de vodka sueco, como publicidad, recurrió al mapa íntegro de lo que seria la República mexicana sin aquella amputación, y ha provocado tal escándalo en territorio norteamericano, que los carteles y anuncios con esa evocación han tenido que ser “voluntariamente” retirados.

Se ve que las naciones, al paso de la Historia, se estiran y encogen.
Hernán Cortes, mal que pese a algunos mexicanos malinformados, estableció la colosal dimensión de México, y que los sucesivos gobernantes, hasta el mencionado, fueron empequeñeciendo y reduciendo a sus actuales fronteras, y, aún así, sigue siendo un gran país (más de cien millones de habitantes, la mayor nación hispanohablante). Algunos mexicanos se sienten molestos por la pérdida de territorios y por los asuntos fronterizos de ella derivados y usan el término de pacífica "Reconquista" para referirse a la creciente presencia ciudadana de inmigrantes mexicanos y sus descendientes en el sur de Estados Unidos. Con “papeles”, y sin ellos.

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