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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

“Vera efigies” de los nuevos ciudadanos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 11 de abril de 2008, 08:13 h (CET)
Es cierto que entre esta ciudadanía que forma la nueva hornada de españoles se ha instalado una suerte de permisividad para todo lo que esté relacionado con la sexualidad. Si hablas con ellos raramente puedes encontrar a alguno que critique o considere antinatural que dos personas del mismo sexo se unan para vivir en lo que podríamos definir como un seudo­-matrimonio; incluso, en el caso de que tu interlocutor tenga claras tendencias heterosexuales. Sin embargo, se ha llegado a un punto tal que, lo que podríamos considerar como combinaciones y permutaciones permitidas por ese liberalismo sexual, son tantas y tan aberrantes que uno duda de que, de aquí a unos años, las cuestiones del parentesco entre los miembros de lo que serán los sucedáneos de las actuales familias, pueden llegar a resultar verdaderos laberintos inexcrutables.

La última novedad de la que hemos tenido noticia ha sido la de que, un hombre, se haya quedado embarazado. Claro que la cosa tiene su trampa, porque el supuesto varón, en realidad, es una mujer reconvertida, por mor de los artilugios de esta ciencia médica reconstructiva, que tanto furor causa entre aquellos que se sienten mujer u hombre sin serlo. Así, el supuesto embarazado resulta que abriga en su cuerpo elementos que continúan siendo propios de una mujer, como la matriz, por ejemplo. Lo curioso de este caso es que la que desempeña el rol de mujer en la pareja, por ser una verdadera hembra, no puede ser la responsable del embarazo ya que, como es obvio, no dispone del correspondiente artilugio masculino ad hoc; y, por ello, han precisado acudir al ingenio para efectuar el “milagro” por medio de una inseminación artificial que la misma pareja practicó por su cuenta con el semen de un donante. Para hacer más interesante este proceso resulta que la mujer del varón/hembra tiene, a su vez, dos hijas que se supone que fueron fruto de su relación con otro varón o quién sabe, de otra inseminación semejante.

No quiero pensar que la nueva “madre” hubiera tenido la idea de que le fabricaran una reproducción de un pene masculino en cuyo caso su futuro parto, me temo, hubiera sido propio de película de terror. Claro que, hoy en día, los médicos han aprendido un truco para facilitar el parto y, de paso, embolsarse unos buenos dineros. En efecto, lo que antes era una excepción a la regla, hoy en día se ha convertido en práctica habitual, Será por causa de que las familias no suelen tener más de tres hijos o porque a las madres les ahorra los gemidos y gritos de las contracciones y los empujones o porque esto de sufrir para tener hijos esta demodé y las mujeres ya “pasan” de lo de presumir, después del parto, de lo mucho que les había costado parir el rorro; el caso es que, las famosas cesáreas están a la orden del día, venga o no a cuento. El hecho de que los cirujanos cada vez sean más hábiles en camuflar los tajos del bisturí, sajando horizontalmente y en la parte más baja de la ingle, (por cuyo motivo las señales de las heridas quedan convenientemente disimuladas) y, al mismo tiempo, las hembras no sufran por ello ningún tipo de trauma pos parto; ha terminado de inclinar la balanza hacia este tipo de partos.

En todo caso, no hay duda de que el niño o niña que nazca de esta pareja de lesbianas, es probable que,cuando comience a tener uso de razón, vaya a tener una empanada mental de esas que hacen época. Porque vean ustedes que la que, en teoría, debería ejercer la función de padre resulta que, por causa de sus ovarios será, a la vez, su madre; la otra, la que debería ser su madre, lo es pero no por haberlo engendrado, con lo cual el chaval tiene dos madres, pero una de ellas es ambivalente porque es padre y madre. Para evitar la natural confusión cabría una solución salomónica consistente en identificar a sus progenitores por sus nombres de pila; lo que ocurre es que, en este caso, progenitor, lo que se dice progenitor, sólo lo será el padre/madre que lo parió con ayuda del semen de un verdadero macho; porque la madre o sea la que no lo parió, no es su progenitora por no haberlo engendrado, quedando su papel limitado al de madre putativa. No me dirán ustedes que el asunto no tiene su intríngulis, ¿Verdad?

No vean ustedes cuando el chaval tenga que explicar en el colegio, a sus compañeros, fruto de matrimonios heterosexuales, su situación familiar. Pero esto sólo esta empezando a iniciarse y, si las cosas siguen como parece que van a seguir, tendremos ocasión de ver todavía cosas más delirantes como pueda ser el caso de que dos hermanas se líen entre ellas, con lo cual además de ser padres y madres serán tías de sus hijos y estos además de hermanos serán primos. Y esperen a que la humanidad decida bestializarse y se produzcan las uniones entre humanos y bestias. Sí señores, ustedes pudieran pensar que estoy exagerando y sacando las cosas de quicio, pero, si me lo permiten, les voy a hacer una pregunta dirigida, especialmente, a las personas mayores: ¿Qué hubieran pensado ustedes si, hace treinta o cuarenta años, alguien les hubiera explicado que, en el siglo XXI, la moral hubiera cambiado tanto que los matrimonios entre homosexuales estuvieran protegidos por la ley y, por añadidura, tuvieran el derecho de adoptar niños e incluso conseguir reproducirlos? Seguro que se hubieran llevado sus manos a la cabeza para arrancarse los cabellos a mechones mientras gritaban, con los ojos desorbitados: ¡Herejía, herejía!

No obstante, no parece que esta situación le preocupe a casi nadie. Es evidente que el mundo occidental está sufriendo la verdadera “decadencia de occidente” pronosticada por Owald Spengler que, por raro que nos pueda parecer, puede que tenga una cierta relación con lo que la Biblia nos anuncia en el Libro del Apocalipsis de Juan. El fin del mundo vendrá precedido de siete años sin nacimientos. No hay duda de que la degeneración de la humanidad puede ser una de las causas de extinción de la raza humana y, ¡si no, al tiempo! Claro que ninguno de nosotros lo podremos comprobar... espero.

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