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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La amenaza Aguirre

Mario López Sellés (Madrid)
Mario López
jueves, 10 de abril de 2008, 08:16 h (CET)
¿Es lo mismo tener cintura que carecer de escrúpulos? ¿Se puede dar infinitas vueltas al calcetín con tal de estar siempre bien calzado? Esperanza Aguirre presume de ser el paradigma del liberalismo. Pero, con quién es liberal: ¿con los demás o consigo misma?

Es verdad que no se la puede acusar de haberse puesto nunca límites éticos en su implacable marcha hacia la consecución de todo lo que desea poseer, que no es poco. De hecho, no se le conoce otro código deontológico que la suma de ardides necesarios para aplacar su desaforada ambición. Otra cosa es el liberalismo que prodiga a los demás: ninguno. Hace algunos años, cuando dejó el Gobierno de Aznar en el que ejercía como ministra de Cultura –para bochorno general de propios y extraños-, nadie daba un duro por ella. Parecía que doña Esperanza iba a desaparecer para siempre de la escena política cuando, ¡alejop!, de repente, cual ave Fénix, resurgió de sus propias cenizas convertida en la más rutilante estrella del firmamento azul: Espe. Creación del Gran Wayomin, quien le dedicó toda la cobertura de su programa CQC para elevarla hasta las más altas cotas de la popularidad en todos y cada uno de los hogares de nuestro país. Desde entonces, la de Aguirre vive en un Olimpo particular aparentemente inexpugnable. Hoy se muestra en su más auténtico natural, lanzando un órdago a su jefe Mariano Rajoy. Y lo hace a pocos días de la investidura del nuevo presidente de Gobierno, para acabar de deslucir a don Mariano el ya de por sí poco airoso papel de repetidor como jefe de la oposición. Esta señora sabe dar cuando y donde más duele. Los hay optimistas que dicen de ella que no tiene mucho recorrido a nivel nacional porque no está bien vista en Cataluña. Nada más lejos de la realidad. Yo soy habitual en los foros de la prensa catalana, fundamentalmente en La Vanguardia, y mi impresión es que los catalanes ya la querrían para ellos, pues están en la convicción de que Madrid va como un tiro gracias a ella. Y no hay que olvidar que Espe es tan capaz de montar una escuela catalana en la plaza de Santo Domingo como de abrir una ikastola en Ferraz, con tal de llevarse el gato el agua, por mucho que odie en su interior a la chusma periférica.

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