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Del infierno al cielo
Daniel Sanabria
La jornada del domingo terminó con pañolada en el Camp Nou. El Barcelona no quiere devolverle la moneda del año pasado al Real Madrid, y se lo dice a la cara cada domingo, como los valientes. Si tú empatas, yo también. Si tú pierdes, yo también. Vamos, que el interés por la Liga ya se centra en saber quien es el cuarto equipo que irá a la Champions, que tiene pinta de que será el Atleti, y por ver quién acompaña al Levante y al Murcia a la Segunda División. Al Zaragoza le va gustando la idea.
Pero como decíamos, la imagen de la jornada se vio en el Camp Nou, donde el público recriminó los resultados de su equipo con pañuelos blancos. Quizá las cosas se verían ahora de otra manera si uno de los tres palos que dio el Barcelona hubiera terminado en gol. Aunque hay años en los que el destino decide pronto, y este año ha vuelto a escoger al Madrid.
En Barcelona todo se ve oscuro: en el vestuario hay revuelo por el asunto de Ronaldinho, Laporta empieza a ser apuntado con el dedo ante la situación de crisis, a Rijkaard le salen más sustitutos cada semana que pasa…, pero parece ser que nadie se da cuenta de que el Barcelona está a tres partidos de poder ganar la Copa de Europa.
Es cierto que la Liga está perdida y que aferrarse a la falsa esperanza es un error tradicional a estas alturas de temporada, pero en la Champions League el Barça tiene un pie y medio en semifinales. Del amor al odio pasa lo mismo que del infierno al cielo, sólo hay un paso. A la vez que el Madrid pueda estar celebrando el título de Liga, el Barcelona puede estar jugando la final de la Champions.
No hay que ponerse fatalistas y dar el año por perdido. La Liga sí, pero el año. No hace falta que Laporta dé más discursos al estilo de Felipe González haciéndonos creer que aún pueden ganar la Liga, pero como buen político que será, sí puede desviar la atención de la gente a la Champions. Con el Schalke 04 no se deberían pasar muchas complicaciones. Después, contra el Manchester es cuando hay que darlo todo, y en esos partidos, que Dios reparta suerte y no justicia.
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