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Etiquetas:   A la guerra con la guerra   -   Sección:   Opinión

Caprichos excéntricos en el glamour

Óscar A. MatÍas
Óscar A. Matías
miércoles, 9 de abril de 2008, 06:57 h (CET)
El próximo 17 de abril Paris Hilton será la protagonista en la versión rusa de lo que sería los premios MTV, siendo la elegida para presentar esta tercera edición de los galardones. No solamente se contenta con lo que le van a pagar por ello, sino que además ha solicitado toda una serie de exigencias: un grupo de guardaespaldas que vele por su seguridad las veinticuatro horas del día, un todoterreno, permiso para llevar armas, una habitación rodeada de velas y flores donde además haya un espejo de cuerpo entero y mariscos con ketchup de aperitivo. También debe disponer de todos los suministros de productos alimenticios a base de piruletas de varios sabores, miel, mostaza, pimienta, batidos de chocolate, tequila, vodka, zumos naturales… ¡un buen elenco de exigencias tratándose sólo de la presentación de una edición de premios!

Aunque no es justo admitir que todos los ricos y famosos son excéntricos y caprichosos, es cierto que al llegar a la cumbre del éxito son muchos los que se dejan arrastrar por todo tipo de veleidades. Compatibilizar éxito, fama y dinero con llevar una vida austera, sencilla y normal no debe resultar nada fácil. Será por eso que, llegado a este punto, hay quienes incluso llegan a perder el sentido común. Ante la pantalla y los escenarios interpretan papeles haciéndonos creer que poseen una vida arropada de felicidad, pero a la hora de la verdad muchos cargan a sus espaldas una vida desordenada, infeliz y desalentadora. Quizás ésta sea la causa que les lleve a asumir un elenco de excentricidades que les permita llenar el vacío que contienen sus propias vidas.

Paris Hilton no es el único caso. Como ella, son muchos los famosos que tienen unos antojos muy raros, algunos incluso puedan ser aceptables, pero hay otros que resultan increíblemente atrevidos. En unas Navidades los Beckham contrataron a un tipo que les abriera los regalos, por el módico precio de 1800 euros; me imagino que para ahorrarse las agujetas en los dedos. Brad Pitt ha llegado a pagar 20.000 dólares por unas plantas exóticas que resultó que jamás fue a retirar del vivero, no se sabe si por descuido o por falta de tiempo. En sus actuaciones los Rolling Stones piden decenas de coches, varios camerinos detrás del escenario con refrigeración y baño, 600 toallas y cientos de litros de alcohol. Ben Affleck le regaló a su ex novia Jennifer López un Rolls-Royce Phantom por el friolero precio de 350 dólares, un Ferrari de 230 mil dólares, un anillo de diamante rosado de 1,2 millones de dólares y, para que pudiera efectuar sus necesidades más íntimas, un fantástico inodoro con incrustaciones de rubíes, zafiros, perlas y diamantes. También Bill Gates tuvo su propio capricho al comprarse su propio avión por 21 millones de dólares, además de haberse gastado 30,8 millones más en uno de los manuscritos del artista italiano Leonardo Da Vinci. La lista de los notables caprichos –a costa de grandes cantidades económicas- que podemos descubrir resultaría interminable.

Como también son interminables las curiosas excentricidades del mundo de la farándula. Peter Fonda usa lentes a prueba de balas. A Alejandro Sanz la cerveza le encanta, y es una exigencia obligatoria en su camerino. Siempre que Luis Miguel va a un hotel exige que en su habitación haya unas cortinas negras que no dejen traspasar ni un solo rayo de luz. De Woody Allen dicen que se toma la temperatura cada dos horas y que duerme con los zapatos puestos. Mariah Carey le tiene tanto apego a su perrita que incluso se baña siempre con ella, eso sí, en una enorme bañera con agua mineral francesa…

Al final uno acaba pensando que los famosos midan su poder a través de sus propias exigencias y antojos, en una especie de competición para ver quién pide mayor cantidad de excentricidades. Estando en el punto de mira, y siendo muchos de ellos tótem de jóvenes y adolescentes… ¡cuánto puede derivarse de cada uno de sus actos! Si ser rico y famoso comporta ser excéntrico y caprichoso, Virgencita que me quede como estoy.

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