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Los parches económicos de ZP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 8 de abril de 2008, 06:57 h (CET)
Yo no sé lo que es peor, que Zapatero nos quiera hacer creer que no estaba enterado del mini trasvase del Segre o que, como ya es cosa habitual en él, nos mienta con la intención de eludir sus responsabilidades en la crisis, grave crisis, del agua que está azotando Catalunya. Lo cierto es que, desde que se celebraron los comicios, parece que España, si es que aún la podemos continuar designando así, ha entrado en una fase de indefinición; en unos momentos de incertidumbre en lo político y en lo económico que nada dicen a favor de una pronta estabilización en ninguno de ambos aspectos. Si el partido de la oposición, el PP, está pasando por un periodo de verdadero despiste, sin que se sepa cual va a ser el resultado final ni quién va a acabar por llevarse el gato al agua en esta gran confusión que, el señor Rajoy, se ha empeñado en crear entre las filas del, hasta hoy, bien cohesionado y disciplinado Partido Popular; cuando lo más sencillo hubiera sido abrir un periodo de reflexión, con la colaboración de todas las figuras del partido, para sacar las consecuencias pertinentes de la derrota y, a partir de ahí, tomar las medidas oportunas, entre las que no se pudiera descartar un cambio de líder. No obstante, véanlo en estos momentos, fuera de combate, liado en dimes y diretes y sin aprovechar estos días cruciales para ponerle las cosas difíciles al PSOE.

Pero si en el PP, han entrado en una crisis interna, lo cierto es que entre los vencedores las cosas no andan mucho mejor. Contrariamente a la euforia que se suponía que debiera reinar el las filas del PSOE, tenemos la sensación de que –aparte del señor Rodríguez Zapatero, que sigue empeñado en “mantenella y no enmendalla” satisfecho de sí mismo y de sus métodos de llevar engañada a la ciudadanía, que tan buen resultado le ha reportado –, entre las filas socialistas existe una evidente sensación de preocupación que puede ser debida al periodo de interinidad, que siempre se da hasta la investidura del Presidente o también a que, a diferencia del 2004, donde la euforia de haber conseguido hacerse con el poder desbancando al PP fue evidente; en esta ocasión hay más temas de gran importancia pendientes de resolución, que penden sobre la cabeza del Ejecutivo, que pueden redundar en su desprestigio, que no motivos de regocijo. En particular, es obvio que se van a tener que enfrentar con el grave problema de la construcción y la crisis del agua.

Según se vislumbra, el Gobierno va a optar por el sistema de invertir el dinero público, en subvencionar a los constructores por medio de inyecciones de dinero del ICO, una línea de avales de 3.000 millones de euros, dirigida a bancos, cajas de ahorros y cooperativas de créditos etc. que estén sometidas a la supervisión del Banco de España. Según un informe aparecido en Libertad Digital, el señor ZP ya lleva invertidos 12.000 millones de euros en intentar paliar los efectos de la crisis en las inmobiliarias y constructoras. Esto quiere decir que ya se han engullido casi la totalidad del famoso superávit del año 2007 (13.500 millones de euros). Lo curioso de todo este plan es que, con estas ayudas, el Gobierno está favoreciendo a todos aquellos especuladores que se enriquecieron vendiendo pisos y que, sin embargo, no tuvieron la previsión de evitar endeudarse creyendo que la vaca iba a dar leche siempre.

Por supuesto, como en el caso del trasvase del Ebro, los socialistas son incapaces de admitir que, aunque sea algo indiscutible, en el caso de los trasvases, el plan Hidrológico Nacional del PP, hubiera supuesto la solución para el problema de Catalunya, Murcia y Valencia; y que, en lo que respeta a la crisis económica que hemos comenzado a sufrir en España y que parece que va a ir para largo, las medidas reactivadoras utilizadas por el señor Aznar, basadas en la confianza en la iniciativa privada, la disminución de los impuestos para generar más liquidez en las empresas y más demanda en la ciudadanía, acompañada de una austera gestión del gasto público, con reducción de las inversiones superfluas y contención de los gastos autonómicos; hubieran sido la mejor iniciativa para aplicar a la situación en la que estamos en la actualidad. En ambos casos el empecinamiento del señor ZP, que siempre se ha negado a aceptar ninguna de las propuestas de la oposición, y su cabezonería en no rectificar ninguno de sus errores, le van a conducir, con toda probabilidad, a incurrir en las equivocaciones habituales de todos los regímenes totalitarios que le dan preferencia a las ayudas del Estado en lugar de favorecer la libre iniciativa de la ciudadanía. Lo malo de toda esta historia es que, quienes van a sufrir las consecuencias de la aplicación de medidas obsoletas en el ámbito económico, desprestigiadas por el ejemplo de todos los países que militaron bajo la órbita del régimen soviético y ejemplarizadas en las actuales naciones del Cono Sur americano; van a ser los ciudadanos de a pie, como siempre; la clase media que es a la que más le afectan el encarecimiento de los productos de primera necesidad, el coste de las hipotecas, los alquileres elevados y la destrucción de los empleos.

No lleva, precisamente, al optimismo el saber que estamos en un momento de grave desaceleración económica; que la confianza del consumidor ha descendido de nuevo en el pasado mes de marzo (3’7 puntos respecto al mes anterior) y que, la cifra de solicitudes del subsidio por desempleo, subió en 38.000 nuevo parados la semana parada. Pero, parece que este panorama no preocupa a nadie y, con toda probabilidad sucederá como ha sucedido con la sequía en Barcelona; que se han acordado de Santa Bárbara cuando ha empezado a tronar; y ahora, tarde, mal y completamente desconcertados, se encuentran abocados a las restricciones sin tener un plan medianamente sensato al que agarrarse. Y es que, señores, una cosa es politiquear, prometer y engañar y la otra saber gestionar como Dios manda. Eso deberían saberlo los que votaron a quienes no debieron.

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