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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Prometeo sin cadenas

Miguel Ángel Sánchez
Redacción
lunes, 7 de abril de 2008, 06:40 h (CET)
Es inevitable que de tarde en tarde quienes nos dedicamos a la enseñanza universitaria nos preguntemos si nuestra labor docente está encauzando a los alumnos hacia una vida mejor, si podemos ser “la” diferencia entre un profesional del montón y uno sobresaliente. No tengo la respuesta a esta pregunta, pero un trabajo de mi amigo y colega Jorge González, “Prometeo sin cadenas”, me lleva a profundas reflexiones (el texto completo en: http://labcomplex.ceiich.unam.mx/labcomplex/labcc/art_jorge00.html): “[…] no se puede separar la forma de organizarnos para generar conocimiento, del conocimiento mismo. Sostengo que no se puede decir: ‘¡yo solamente descubrí la fisión nuclear, (es decir, la forma de cómo romper átomos para liberar una enorme cantidad de energía), pero yo no tiré la bomba atómica! No sé quién la tiró. Yo nada más hice este descubrimiento’.

“[Propongo que] si no podemos controlar los usos sociales del conocimiento que generamos, entonces tampoco podemos controlar el conocimiento (Morin, 1995).

“[…] ¿qué sucede en la Universidad cuando después de cuatro años de ‘estudios’ miras a los ojos de esas otrora ‘esperanzas caminantes’ o comparas las fotos de la época de su ingreso con las fotos de su egreso? Es impresionante constatar el deterioro generalizado que ha habido ahí y que no es sólo por el paso de los años. ¿Dónde quedó el fuego? ¿Dónde quedó la vida? ¿Dónde quedaron las ideas? ¿Quién sabe dónde? Parece que asistimos a un proceso de desenergetización de depresión y desactivación de los sitios donde se metaboliza profesionalmente la vida y sus avatares mediante reflexión activa y acción reflexiva.

“Sostengo que si no cambiamos desde dentro en las universidades donde generamos (donde deberíamos y podríamos generar) conocimiento, amplias regiones del país, vastas zonas del mundo quedarán y seguirán quedando —para siempre— excluidas del bienestar, de los medios para tener una vida digna y con calidad expansiva como lo han estado desde la noche de los tiempos.

“Esta es, sin duda, la parte preocupante. Pero también creo que no todo está perdido y que se pueden hacer todavía muchas cosas: podemos crecer en calidad de conocimientos y sobre todo podemos organizarnos mucho mejor si somos capaces de tocar y rediseñar la forma en cómo nos organizamos para construir el conocimiento.

“Hay una constante que me parece importante en la historia de la Humanidad: mientras menos conectividad —es decir, menos vínculos— y mientras menos consistencia —es decir, menos coincidencias y pobre elaboración sobre el para qué están vinculados— tienen los elementos de un sistema, más fácilmente generan (¡piden!) la intervención de un poder superior que les in-forme desde afuera.
“Hablo de un tipo de relación directamente proporcional entre conectividad y consistencia por un lado y autodeterminación y autonomía, por el otro.
“Hay también una constante social que hemos convertido en un verdadero mito que tiene efectos inmovilizantes, porque las definiciones que nos hacemos de nuestra realidad, aunque sean inventadas o infundadas, míticas pues, son absolutamente reales en sus consecuencias. Y es el mito de pensar que la ‘estructura’ o el ‘sistema’ simple y fatalmente nos abruma, nos domina sin posibilidad de salida. Sin embargo, el mejor de los análisis sociales nos muestra que hombres y mujeres somos diestros en la generación y producción de esas estructuras (Giddens, 1989) que nos cambian la mirada, que transforman a nuestros estudiantes de ‘esperanzas caminantes’ en deshechos y desazones arrastrantes. Parece ser que las universidades se volvieron, desde hace mucho tiempo, espacios no para simplemente aprender, sino espacios para aprender a distinguir quién manda. Pero l@s estudiantes, ellos y ellas, no son tont@s y se vuelven verdaderos expert@s en hacer trabajos a quien corresponda: ‘A este maestro le gusta mucho la historia, hay que ponerle mucho de historia y le damos por su lado’, o bien: ‘Esta maestra es muy dicharachera, le ponemos entonces algún chistorete y la complacemos’.
“Pero me pregunto ¿y cuándo vienen sus ideas? Poco a poco constatamos que no hay mucho sitio ni incubadoras para sus ideas ni en la sociedad ni en las universidades. En mucho casos, las universidades ralentan esa energía. L@s jóvenes llegan (¡cuando llegan!) con muchas experiencias e ideas para elaborar y documentar, para evaluar y para suscribir o abandonar, pero las universidades, en vez de potenciarles las habilidades para sistematizar y generar conocimientos necesarios, las destrezas para comunicarse efectivamente entre muchos diferentes ell@s y otr@s, les frenan al premiar la complacencia o les fomentan descaradamente un tipo de prostitución intelectual que empuja a que se vendan al mejor postor (¡hay que adaptarse al ‘mercado’!) y a que hagan trabajos ‘a quien corresponda’. Es entonces cuando se realiza ese aprendizaje social de saber verse como los que mandan o saber distinguir quienes son los que mandan. Sin duda, ésta es también una habilidad que se incorpora, pero tengo muy severas dudas de que ella colabore a mejorar el estado de las cosas de este mundo mundial. Pero desde luego que tampoco aprenden a mandar obedeciendo (EZLN, 1994) (como nos confronta el movimiento zapatista) porque para obedecer, hay que aprender a escuchar.
“Y para hacer posible que ‘vengan sus ideas’, se requiere intervenir la forma de una forma de organización que —sin verla— nos condena a repetir el destino atrás evocado y agudizado en las zonas periféricas del sistema-mundo.
“Pero el mundo cambia y ha cambiado; y todo parece indicar que seguirá cambiando por la acción de los hombres y las mujeres concretos. ¿Pero hacia dónde? ¿Quién dirige la flecha del cambio? ¿Cuáles son los costos de cambiar de un estado de cosas a otro? ¿Quién paga los costos?”

Molcajeteando…
Hace poco acumulé una primavera más de vida, o un año menos, según la Hija de María Morales. Aquí las reflexiones que me hizo llegar la Sobrina de Giddens:
Ventajas de haber superado el medio siglo o algo más: a) te vale madres el curriculum; b) si eres parte de un grupo de rehenes, serás de los primeros en ser liberado; c) no tienes que ceder tu asiento a ningún anciano; d) ya no eres hipocondríaco, ahora sí estás enfermo; e) ya no tienes nada que aprender para el largo y difícil camino de la vida; f) tu seguro de gastos médicos mayores comienza a valer la pena; g) tus articulaciones pronostican el tiempo mejor que los meteorólogos; h) tus secretos están seguros con tus amigos; ellos tampoco se acuerdan; i) tu dotación de neuronas activas llegó, por fin, a una cantidad manejable; j) puedes vivir sin sexo... ¡pero no sin tus anteojos !; k) si haces una fiesta, tus vecinos ni se enteran; l) tu ropa jamás pasa de moda; m) los pecados capitales han cambiado y la “lujuria” es ahora “pereza”; n) en breve, no recordarás quien te mandó este mail, pero tampoco a él le importa, porque también ya lo olvidó…

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Miguel Ángel Sánchez de Armas es profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla. México.

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