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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Los votantes del PP quieren opinar

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 7 de abril de 2008, 06:31 h (CET)
No se que quieren que les diga, pero no dejo de percibir un cierto tufillo a gallardonismo en este PP que el señor Rajoy ha “reconstruido” por su cuenta y con un, más que evidente, olvido de lo que piensan los diez millones trescientos mil ciudadanos que les votaron. Partamos de la base de que en un partido político, cualquiera que fuese su ideología, fueren cuales fueren sus proyectos comunes y fuere regido por una cúpula colegiada o por un solo líder; no se debe olvidar que todo su poder emana de sus bases y, desde ellas y subiendo hacia la cima de la pirámide de mandos que lo rijan y lo empujen hacia sus objetivos, debe llegar la opinión masiva del electorado que lo sustenta. La democracia obliga a que, a través de los compromisarios, todos los ciudadanos de a pie puedan trasmitir sus opiniones, sus necesidades y sus ideas a la cumbre, para que sean escuchadas y tenidas en cuenta.

Veamos, el que el señor Rajoy se prepare un equipo ad hoc para llevarlo consigo y que le apoye durante toda la legislatura, no me parece ni bien ni mal; pero que el señor Rjoy, después de haber perdido dos elecciones consecutivas se proclame candidato absoluto, asegurándose el apoyo de sus adláteres para el próximo Congreso del mes de Junio, ya no lo encuentro tan presentable. Al señor Rajoy le ocurre lo que a muchos políticos del PP, está capacitado para ser un buen Presidente del gobierno, pero carece de lo imprescindible para ser un buen candidato para ser elegido para tal cargo. Se ha demostrado, a través de los debates en el Congreso; ha quedado patente en sus enfrentamientos preelectorales con Zapatero y, ha resultado evidente que, con un discurso más sólido que el de su oponente, no ha sido capaz, sin embargo, de imponerse a su adversario; que le ha ganado en marrullería, en aprovechar las oportunidades y en imagen. Dos elecciones perdidas, por mucho que se intente paliar la derrota arguyendo que se han conseguido más votos que en los anteriores comicios, merecerían, como menos, que hubiera una reflexión en el partido y se sopesase el que la designación del próximo aspirante a la presidencia pudiera dirimirse entre varios candidatos que pudieran proponer sus programas en el Congreso del partido.

Tengo la impresión de que, en Génova, nadie se ha parado a analizar lo que ha ocurrido en las pasadas elecciones o, puede, que a nadie le interese sacar consecuencias de las mismas. En efecto, a mi se me ocurre pensar en las ocasiones en que, durante la legislatura pasada, el PP ha tenido arrinconado al PSOE contra las cuerdas (atentado de Barajas, ruptura de la tregua por parte de ETA, demostración de que el PSOE negociaba con ETA de escondidas etc.) y, no obstante, al señor Rajoy le ha faltado empuje, valor o sentido de la oportunidad para rematar la jugada y dejar fuera de combate a su adversario político y, esto le ha costado perder las elecciones. Ha caído en las trampas de Zapateros tantas veces como éste ha simulado tenderle la mano, y esto le ha hecho perder las elecciones; ha cometido fallos de estrategia al oponerse al Estatut catalán, con todo el derecho del mundo, pero perdiendo parte de sus argumentos al transigir con el de Valencia y el de Andalucía, y esto le ha hecho perder las elecciones; ha mantenido una actitud vacilante en cuestiones como el aborto, la Educación para la Ciudadanía, las relaciones del PSOE con países del Cono Sur , así como ha pasteleado con el tema del 11-M, en el que se ha tragado los sapos que le han endosado jueces y fiscales, sin incidir en cuestiones fundamentales que han quedado en el olvido y sin solucionar gracias a la habilidad del PSOE y de los jueces que lo apoyan.

Desde otro punto de vista ha sido evidente la falta de visión política del PP en cuanto a la estrategia precisa para apoyar su táctica de atraer al electorado, al no disponer de una buena cobertura mediática lo que ha situado, al PP, en evidente inferioridad a la hora de trasmitir su mensaje. Este defecto, que ya viene de tiempos del señor Aznar, es imperdonable en un partido que tiene más de setecientos mil afiliados. Otro reproche que se le puede hacer al señor Rajoy es que, en toda la legislatura, ha ido a remolque de la propaganda del PSOE que siempre ha ido un paso por delante haciendo calar en la ciudadanía conceptos tan absurdos como el de “la crispación” y el de la “deslealtad” cuando los que, en realidad crispaban y eran desleales eran ellos; pero la percepción de los ciudadanos se ha quedado con la idea de que el culpable era el PP.

Es obvio que, de nuevo, se quiera entrar en otra época de “convivencia” con el PSOE. Alguien le debe haber dicho a Rajoy que hay que hacer una oposición más blanda, que no asuste a los ciudadanos. Pero, tengo la impresión, de que esto es precisamente lo que anda buscando el PSOE, abrumado por los problemas económicos que amenazan con ponerle a los pies de los caballos de un Atila con el que es incapaz de competir: la crisis. Si se le ayuda a compartir responsabilidades, si el PP entra al trapo de la coexistencia pacífica con el partido del Gobierno, es evidente que, las rentas que podría sacar del previsible descalabro del PSOE en aquello en lo que es más débil o sea: la recesión económica; puede prepararse a permanecer en la oposición per omnia secula secularum. Las voces de aquellos que buscan pescar en río revuelto pueden conducir, por el camino emprendido, a la definitiva descomposición del PP.

Miren ustedes, hoy en día, sólo hay dos bandos en España: el primero, el PSOE que ha arrastrado tras de sí los votos de la izquierda y de los desengañados de los partidos nacionalistas y por otra el de los que tememos más que a un tornado a los frentepopulistas y que nos agarramos a la tabla de salvación del PP, aunque en algunas cosas no coincidamos con él; si el PP adopta una actitud de acercamiento al partido socialista; una coexistencia subordinada, y acepta planteamientos tan polémicos como los tratos con ETA; lo del matrimonio homosexual; lo de una enseñanza, doctrinaria y partidista, y lo de los abortos convertidos en masacres de inocentes; les auguro que los votantes vamos a dejarles para que se cuezan en su propia salsa. Quizá ya sea hora de que a alguien se le ocurra la creación de un partido sólido, de derechas, y se deje de hacerle el caldo gordo a los que buscan la desaparición de España como nación de todos los españoles.

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