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El anticomunismo de la derecha maquillada

Luis Agüero Wagner
Redacción
domingo, 6 de abril de 2008, 08:33 h (CET)
El 2 de abril de 1959 la embajada norteamericana en Asunción informaba a Washington que los directores del Partido Liberal, hoy impulsor de la candidatura del obispo católico Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay, habían suspendido al doctor Franciso Silva por sus actividades sospechadas de comunistas. Silva se había involucrado en el Frente Unido de Liberación Nacional, y la resolución de su partido respondía a que dicho grupo era considerado dominado por comunistas y por tal motivo rechazado en el Partido Liberal.

Era frecuente que los dirigentes liberales cierren filas en torno al dictador Stroessner cuando la izquierda ganaba algún protagonismo, y una verdadera competencia de delatores se desataba en las filas de la agrupación en busca del ansiado favor del régimen que abría las puertas a un escaño en el parlamento títere y a las mieles del colaboracionismo con el poder.

Una década más tarde, el 7 de marzo de 1969, fue apresado por la policía política del dictador Stroessner el vendedor de helados Juan José Farías, bajo la sospecha –luego demostradamente falsa- de ser un activista del Partido Comunista paraguayo. El caso tomó estado público porque los familiares recurrieron a los dirigentes del Partido Liberal al cual Farías estaba afiliado siendo un conocido militante de su comité de Fernando de la Mora.

Se ordenó una exhumación y al abrir el féretro se encontraron los rastros de la brutal violencia a que fue sometido el infortunado detenido. El Partido Liberal abrió un juicio a los responsables de su muerte, y, días después, fue realizada una autopsia del cadáver que dio lugar a una dilatada polémica entre el político liberal y médico patólogo Miguel Angel Martínez Yaryes, el responsable del procedimiento, y el abogado de Pastor Coronel Julio César Vasconcellos. El caso, como era de temer, no prosperó en los estrados judiciales y terminó sin definiciones.

Sin embargo, en los archivos del terror quedaron rastros de una muerte que pasó a engrosar el currículum del célebre jefe de Investigaciones Pastor Coronel.

Después de más de dos décadas pudo verificarse en los documentos que Juan José Farías fue detenido por el Oficial Segundo Esteban Martínez Chávez, quien habría encontrado, envuelto en papel celofán dentro de su conservadora de helado, papeles relacionados con el partido comunista. Estaban de guardia el día de su detención el Oficial primero Arnaldo Amarilla Flores y el oficial primero Miguel Zacarías Ruiz Almada. El día de su deceso la misma responsabilidad correspondía al oficial inspector Herminio López y el oficial primero Juan Distéfano.

En su indolente declaración, el jefe de la policía política indicó que el fallecido había contraído una fuerte gripe la noche anterior a su deceso, y que a la mañana siguiente fue trasladado muy desmejorado al Policlínico Policial, a las ocho y diez minutos de la mañana en una camioneta del Departamento de Investigaciones.

En los papeles se señala que acompañó a Farías hasta el hospital el propio Director de Política y afines, Comisario Rolón Benítez.

La policía se empeñó en probar que Farías era un activo dirigente comunista, lo cual fue rotundamente desmentido desde las páginas de “el Enano”, periódico liberal, donde se negaba airadamente “la tremenda mentira y la acusación gratuita y burda”, como sintiéndose insultados y reconociendo lo válido del razonamiento de los verdugos si la víctima hubiese sido en realidad comunista. El argumento obedecía a que los comunistas en el Paraguay no gozaban de ningún derecho y un derecho no consagrado no puede ser violado: una muerte de alguno de ellos no era sino una suerte de ajusticiamiento de un sanguinario criminal no sólo para la policía, también para los personeros del Partido Liberal.

La actitud se explicaba porque el sector participacionista del liberalismo actuaba como soplón de la dictadura sobre las actividades del grupo abstencionista y la oposición en particular, siendo de reconocida prosapia participacionista el actual compañero de fórmula del obispo Fernando Lugo en la denominada Alianza Patriótica para el cambio.

Durante la dictadura anticomunista, cuando en alguno reunión alguien denostaba contra el régimen del general Stroessner, era normal que algunos de estos personeros del partido Liberal sean los primeros en intentar apaciguar los ánimos de los exhaltados, actitud que se prolongó tanto tiempo que la colaboración con la dictadura de referentes liberales se mantuvo hasta el epílogo del régimen militar en las primeras horas del 3 de febrero de 1989. Para entonces, ya hacía más de dos décadas que habían contribuído a legitimar desde el parlamento de fachada el tratado de Itaipú, sobre cuya renegociación gira ahora el libreto de su campaña proselitista como si fueran inocentes de las imperfecciones que lo firmado pudiera tener.

Bastan estos ejemplos de hechos históricos reales para comprender la eterna incapacidad de la oposición paraguaya, debida en gran parte a la falta de coherencia en el espacio opositor compartido entre conservadores, liberales, socialistas y comunistas.

Aunque la prensa paraguaya se empeñe en silenciarlo, la historia política y las fisuras en el frente interno de la Alianza Patriótica para el cambio (representantes de la derecha maquillada, acompañada de una izquierda de utilería vinculada a la embajada norteamericana) que busca derrotar al partido colorado por primera vez en seis décadas, inducen a esperar sin muchas expectativas los sucesos del próximo 20 de abril. Vistos los hechos desde Asunción, sin pretensiones de futurólogos, podemos anunciar que no habrá una gran sorpresa en las votaciones con relación a los antecedentes.

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