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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Para eso nos trajimos a Pizarro?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 6 de abril de 2008, 08:20 h (CET)
La verdad es que ya nos lo barruntábamos. Uno se pregunta, en su ignorancia, ¿para qué el señor Rajoy se empeñó en hacerse con el señor Pizarro si, a la primera de cambio, simplemente por un tète a tète con el señor Solbes al que, la prensa del PSOE, le otorgó por simple marrullería partidista; lo lanzó por la peña Tarpeya? Si insistió en atraerse al señor Pizarro al PP debió ser por algo más que por enfrentarlo a señor Solbes, digo yo, porque una figura de la solvencia y preparación del antiguo presidente de ENDESA no es algo para usar y tirar. Ya quedó demostrado en la campaña electoral el despego que se mostró con la recién adquirida figura de la economía a la que los organizadores de la campaña del PP, más bien parecían querer ocultar en lugar de otorgarle el protagonismo que se merecía. Porque, si no estoy muy equivocado, si siguiéramos esta teoría de que quien pierde un debate ya no sirve, el primero que debiera haberse retirado, a la vista de las encuestas de sus confrontaciones con Zapatero, debió ser el propio señor Rajoy puesto que lo dieron por perdedor en las dos ocasiones.

Lo que sucede es que, desde que se supo el resultado de los últimos comicios, parece que dentro del PP se ha gestado un sentimiento de frustración tal que hasta los dedos se les antojan huéspedes. El pánico se ha instalado en las filas de aquellos que siempre abogaron por posturas más “conciliadoras”, por el miedo al “qué dirán” y por el sistema del fair play en la política ( que, por cierto, ni los inventores de este término, los ingleses, practican en sus agitadas reuniones del Parlamento) pprocurando no indisponerse con sus adversarios políticos. Lo malo de este “gallardonismo” es que, con el señor ZP y su camarilla, no hay medias tintas: o te enfrentas a cara de perro con él o te fagocitan, como les ha ocurrido a los partidos separatistas catalanes y el PNV vasco.

Por ello, y porque uno ya tiene más conchas que un galápago, ver como la señora Soraya Sáenz de Santa María, con muy buena intención seguramente, y con el beneplácito del señor Rajoy, me imagino, ha entrado a saco con el antiguo equipo de gestión del PP y se ha salido con un conjunto de perfectos desconocidos (al menos para los votantes) para sustituir a los pesos pesados del partido; a uno se le han puesto los vellos como escarpias. Yo no sé si el señor Celso Delgado, antiguo hombre de Feijóo (que por cierto no ha logrado emular a su antecesor señor Fraga, en Galicia) será apto para cubrir el área de economía, en lugar del señor Pizarro como todos habíamos previsto. Pero, de lo que estoy seguro es que si se hubiera consultado a los votantes del PP, los 10.300.000 que lo votamos, no creo que hubiera conseguido el apoyo de casi ninguno de ellos. Porque, veamos, seamos serios por favor; yo no sé los méritos que tendrá en señor Delgado, aparte de su juventud, pero sí sé la capacidad, demostrada ampliamente del señor Pizarro. Me temo que en el PP del señor Rajoy ha confundido renovación, eficiencia y eficacia, con juventud; puede que algo de juventud no vaya mal por aquello del entusiasmo, la dedicación y la vocación por la justicia, pero, y esto no debiera olvidarlo un político como Rajoy, nunca se puede tirar por la borda un activo, como el que dispone el PP, encabezado en esta ocasión por el señor Pizarro, para lanzarse al albur de poner a los electores del PP en manos de un equipo bisoño y con ideas que no parece que, en principio, coincidan con las que la gran mayoría de los seguidores del partido que lo han votado.

Uno de ellos, el señor Alfonso Alonso, ya habló de “modular” el mensaje del PP para ganarse la simpatía de electores con “sensibilidad nacionalista”. Supongo que este señor se referirá a consentir que el castellano sea prohibido en la enseñanza e incluso sea proscrito, en los colegios públicos, de las áreas de ocio. O, puede, que se una a los catalanes en sus reivindicaciones separatistas, o en sus cacicadas con los comerciantes impidiéndoles rotular en catalán. No sé si este señor vive, como yo, en Catalunya, e ignoro cómo se las va a arreglar para meterse en el bolsillo a estos señores de “sensibilidad nacionalista” pero yo, si fuera de él, no me haría demasiadas ilusiones. Mejor hicieran en volver al sistema de Vidal Cuadras, si es que quieren progresar entre los que no comulgamos con el separatismo y nos hemos agarrado al PP como a un clavo ardiendo. Verán, cuando escucho a algunos hablar de “mucho trabajo” de “entrega a la causa” y todas estas obviedades que, en definitiva, no dicen nada y que no son más que lugares comunes para ocultar la falta de propuestas concretas o el miedo a revelar intenciones que se teme puedan chocar con la oposición de una mayoría; pienso que, cuando votamos al PP, no sólo votamos al señor Rajoy, al que probablemente no lo hubiera votado por su falta de carisma; sino que votamos por un equipo que se nos ofrece como pudieran ser, el mismo Pizarro, el señor Zaplana, un magnífico fajador o al señor Acebes, a la señor Esperanza Aguirre y al señor Mayor Oreja, sin descartar, por supuesto, al señor Vidal Cuadras para Catalunya.

A cambio, ¿qué se nos ofrece? ¡Renovación!, pero no para sentarles las costuras a los del PSOE – basta ver lo contentos que se han puesto con la Soraya –, sino para hacerles el caldo gordo; para entrar en lo que se llama la “no crispación” que todos podemos traducir como el entreguismo, la rendición y la entrada en acción de una nueva camada de cachorros a los que falta por ver si ya les han salido los colmillos o todavía están en periodo de lactancia. Habrá que concederles ¡qué remedio!, un periodo de gracia para ver lo que son capaces de hacer. Esperemos estar equivocados, recemos con todas nuestras fuerzas para que sean un equipo formidable, pero, entretanto, el derecho a disentir, la facultad de dudar y la experiencia, nos aconsejan mantenernos en guardia y pedir a los que nos representan en el partido, los compromisarios que deben hacer valer nuestras opiniones, que, en el próximo Congreso, se ganen sus sueldos y nos defiendan.

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