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PSOE y PSC a la greña por el agua

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 5 de abril de 2008, 06:40 h (CET)
A los pocos días de que se conocieran los resultados de los últimos comicios escribí un artículo en el que auguraba que los votos cosechados en Catalunya por el PSC catalán (25 escaños), que tanto significaron para el PSOE en cuanto a la revalidación de su mandato por cuatro años más; no impedirían que los catalanes quisieran utilizarlos para conseguir más concesiones de su propio partido en Madrid. Era evidente que, a los socialistas del señor Zapatero, no dejaría de causarles problemas el auge y la rotundidad con la que se impusieron sus hermanos de filas, capitaneados por el señor Montilla. No han tardado en cumplirse nuestras predicciones y, el primero que disparó la primera andanada fue, precisamente, el señor Bono que lanzó una de sus acostumbradas filípicas sobre el expansionismo nacionalista. Inmediatamente fue contestado desde CIU que se mostraron reacios a votar la investidura de ZP, si ello llevaba aparejada la candidatura de Bono, para la presidencia del Congreso. Tampoco se quedaron mudos desde el PNV cuyo portavoz, señor José Erkoreka, llegó a llamarle “cabestro” al futuro presidente de la Cámara.

Es evidente, y así se lo ha recordado Montilla a sus correligionarios de Madrid, que los del PSC catalán están envalentonados y sacan pecho atribuyéndose una importante parte del mérito de que ZP haya ganado las elecciones. Vean, si no, como en la convocatoria del XI congreso del PSC catalán, el señor Montilla ha lanzado varios dardos para que los recojan desde sus propias filas. Por ejemplo, se ha declarado heredero de los votos que, anteriormente, copaban los de ERC, y no ha tenido empacho alguno en atribuirse el mandato de los catalanes para que recoja el testigo independentista que le permitiera liderar “el catalanismo político”. Debemos reconocer que, a los del PSC de Catalunya, ya les está sobrando la E del acrónimo PSOE y, por lo visto, están dispuestos a hacer valer su importancia ante el resto de las facciones socialistas del resto del Estado.

No creo que al señor ZP, en estos preámbulos de la legislatura, le apetezca demasiado darle armas al PP para que le reprochen sus continuas cesiones ante los nacionalistas catalanes, ni que esté dispuesto a que desde su mismo partido se cuestione su liderazgo. Lo que ocurre es que estos caudillo, un tanto paletos, que salen de la burocracia del partido, como es el caso de Montilla, es muy difícil torearlos, porque son expertos en marrullerías, sin cuya facultad, por sus méritos y preparación nunca hubieran podido llegar al puesto que ocupan. Así puede ocurrir que, a ZP, le haya salido el primer grano de su mandato, precisamente en la díscola Catalunya. Montilla ya ha insistido en la necesidad de desarrollar, cuanto antes, todo lo previsto en el Estatut (recordemos que todavía está pendiente de la resolución del TC, si bien, visto lo que ha ocurrido con su presidenta, la señora Casas, poco se puede esperar al respeto), un elemento indispensable para avanzar hacia la autodeterminación, terreno en el que el Presidente del Tripartit parece sentirse a gusto.

Pero, como todos sabemos, una cosa es prometer y otra cumplir lo prometido. ZP se volcó en Catalunya ofreciendo el oro y el moro a los catalanes para que lo votaran. Ahora, conseguido su objetivo, dudo que tenga demasiada prisa en volcar los millones de euros que prometió en estas tierras, entre otras razones, porque ha surgido algo con lo que no contaba, ni él ni los de su partido, y ha sido la crisis de la construcción y sus secuelas en la economía en general y, muy particularmente, en cuanto al aumento del paro, en su repercusión en la cesta de la compra de los ciudadanos y en las cuotas de las hipotecas. Todo ello, sin duda, alterará sustancialmente las prioridades que se pudieran haber fijado en cuanto a las inversiones y obligará al Gobierno a dar preferencia a las actuaciones encaminadas a hacer frente a la recesión que se nos viene encima.

Si tuviéramos alguna duda de cómo están las relaciones Catalunya– Madrid, bastaría que viéramos como se está enfocando el gravísimo problema de la sequía, que le está tocando apechugar al Tripartit. Ante la evidencia de que, el suministro de agua a Barcelona, resulta problemático y ,alejándose la perspectiva de que las lluvias de primavera sean suficientes para solucionar la falta de agua, se estaba barajando, a escondidas y utilizando términos ambivalentes, el trasvase –, que esto era en realidad lo que se pretendía – de las aguas del Segre (afluente del Ebro) al Llobregat, como una medida para paliar la sequía en toda el área metropolitana de Barcelona. Es obvio que esta solución vendría a dar la razón al PP y a su Plan Hidrológico Nacional, cuya implantación hubiera solucionado el problema del agua que ahora se padece, máxime cuando el Ebro ha recibido un aporte extra, debido a las inundaciones producidas en la zona norte de la Península; y de ahí el secretismo y las maniobras para intentar denominarlos de otra forma para intentar camuflar, burdamente, eso sí, el pretendido trasvase..

Pero vean como, de una forma inesperada, la señora De la Vega, nuestra Vice de la Vogue, ha salido del ostracismo en el que permanecía desde su ostentosa derrota en Valencia, y se ha bajado del cocotero para, en nombre del Ejecutivo, dar una tajante respuesta a los catalanes, :”nada de trasvase del Segre.”. ¿Cómo podemos interpretar este corte de mangas tan expeditivo”, ¿acaso Zapatero se ha apercibido de que Montilla quiere hacerse, como Sancho Panza, el gobernador de la “ínsula Barataria”, en este caso Catalunya? Lo que sí parece incontestable es que ZP ha querido dar un golpe de autoridad, quizá como aviso para navegantes. Claro que una actitud, aparentemente, tan insolidaria, puede restarle muchos enteros entre los ciudadanos catalanes; sin embargo, existe otro frente que ZP no puede descuidar y es que, si acepta el trasvase, se queda con el trasero al descubierto ante la dialéctica de su adversario el PP que, sin duda, le frotaría por las narices el haber tenido que recurrir a aquello que despreció al hacerse cargo del gobierno en su primera legislatura: el PHN. Sea como fuere, no parece que esta nueva etapa de ZP comience con buen pie y ya hay alguien que dice que, el PP, tuvo suerte en perder las elecciones; y es que, como dice el aforismo latino “cada cual debe soportar pacientemente su suerte” y ahora le toca apechugar con la suya al señor Zapatero.

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