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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

La Entente Formidable

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 4 de abril de 2008, 05:51 h (CET)
La nueva alianza París-Londres

El presidente de Francia Nicolás Sarkozy y el primer ministro del Reino Unido Gordon Brown se han reunido en Londres el 27 y 28 de Marzo. Ambos tienen en común haber sido los ministros de economías de dos gobernantes a quienes recientemente han relevado en sus cargos.

Nicolás Sarkozy llegó a la presidencia francesa el 16 de Mayo y Gordon Brown se posesionó como primer ministro británico seis semanas después. Los dos han logrado hacer que sus respectivos partidos (la UPM francesa y el laborismo británico) retengan el poder el cual detentan desde hace más de una década.

Ambas fuerzas han ocupado distintos campos dentro de la Unión Europea. Durante el docenio de Jacques Chirac (1995-2007) Francia chocó con EEUU (especialmente ante la guerra de Iraq) y cultivó el eje con Alemania para potenciar al euro y avanzar en los tratados de mayor integración de la UE. Mientras Chirac era el mandatario de la derecha europea más hostil a Bush, Blair era el gobernante ‘izquierdista’ más ligado a la Casa Blanca en todo el mundo.

De la entente cordial…
Londres y París tienen un largo historial de aproximaciones y choques. Cuando se produjo la revolución francesa de 1789–1799 París fue el centro mundial del republicanismo, mientras que Londres fue el bastión del monarquismo y aún posee a la principal corona del globo. En el Siglo XIX mientras Francia fue el escenario de revoluciones como las de 1848 y 1870 donde afloraron tendencias socialistas, Reino Unido mantuvo una relativa estabilidad mediante la gradual ‘democratización’ de su monarquía.

En Abril 1904 ambas potencias firmaron la ‘entente cordial’ la que paró con viejas rivalidades y permitió que en el siglo XX ambas peleasen juntas durante las dos guerras mundiales y en la guerra fría.

Tras el fin de la II Guerra Mundial ellas quedaron como las principales potencias capitalistas de Europa, las mismas que buscaban contener la expansión soviética y que fundaron en Abril de 1949 a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) junto con EEUU, Canadá y a otros 8 países de Europa occidental. A pesar que ambas derrotaron a Alemania y asentaron tropas suyas de ocupación en el oeste de dicha derrotada nación, su victoria militar se dio a costa de perder su anterior espacio en la escena mundial y a tener que desprenderse de sus dependencias tras haber sido los mayores imperios ultramarinos que quedaban. Ellas coordinaron en diversos procesos y hasta impulsaron a que Israel invada Egipto en 1956 cuando su presidente Nasser nacionalizó el canal de Suez.

Pese a esas afinidades la ‘Entente cordial’ tuvo fuertes contradicciones. En 1966 Charles de Gaulle hizo que Francia se retire del comando integral de la OTAN para tener su propia estructura militar y, si bien, dicha república se ha ido reincorporando a ciertas estructuras de ésta, aún hay tensiones. Francia ha querido ser parte de la alianza atlántica pero manteniendo su independencia y choques ante EEUU, algo que le diferencia de la total subordinación que otros países han tenido ante Washington.

Mientras Reino Unido ha buscado mantener una alianza estratégica con EEUU, ser un puntal de la OTAN y recientemente ha sido el principal aliado de Washington en atacar Afganistán e Iraq, Francia, está en la OTAN pero de manera limitada, ha tenido fuertes roces con EEUU y su estrategia ha pasado por hacer que Europa se una más, se dote de su propia constitución, moneda y FFAA.

La propia estructura socio-económica de ambas potencias es diferente. En el Reino Unido Margaret Thatcher desde 1979 inició una gran transformación conservadora que inició una serie de privatizaciones y des-regularizaciones que trastocaron varios puntales del estado de bienestar social y el poder de los sindicatos y la izquierda dura (la misma que no tiene ya ninguna mayor incidencia electoral y cuyo peso sindical ha disminuido mucho).

Mientras el Reino Unido no fue ocupado por los nazis y no tuvo ninguna alteración violenta en la postguerra, Francia salió de la II Guerra Mundial con los comunistas como su mayor partido de masas y como líderes de una fuerte milicia. En la postguerra el poder de la izquierda, de los sindicatos y de las huelgas en Francia ha sido fuerte y no ha habido ningún o ninguna Thatcher local que les sofoque y trastoque el sistema proteccionista que ha caracterizado a dicha república.

Mientras la derecha y la izquierda francesa tradicionalmente han buscado preservar la estrategia diplomática continental y un modelo económico no tan librecambista, el laborismo y el conservadurismo británicos fomentan una economía y una diplomacia más cercana a la de EEUU.

Francia es el único país europeo donde la llamada izquierda anticapitalista o trotskista ha llegado a superar el 10% de los votos. Su sistema social y económico no ha cambiado según las normas liberales anglo-americanas, algo que Sarkozy quiere iniciar.

…a la entente formidable
Cuando en Mayo Sarkozy llega al poder él plantea una radical transformación de su país. Sostiene que se debe acabar con la cultura del ‘Mayo 68’ (es decir una basada en el peso de los postulados igualitarios y anti-mercado de la revuelta estudiantil y laboral que se dio entonces) y que su país debe ‘modernizarse’ a fin de acabar con tanto desempleo y rezago de Francia en la economía mundial. El también es muy duro ante los inmigrantes, cuyo número quiere reducir.

Para la izquierda los ajustes que él trata de hacer harán que el poder real de los salarios baje, que aumente la jornada laboral (que los socialistas bajaron a 35 horas semanales) y que se reduzcan los beneficios para los más necesitados, aunque los conservadores afirman que dichas reformas son necesarias para bajar el gasto social, atraer más capitales y generar más empleos aunque éstos no tengan el mismo nivel adquisitivo y los mismos derechos que antes.

Sarkozy quiere moverse desde el anterior modelo social y económico proteccionista hacia uno más abierto hacia la globalización y liberal. Si antes las élites francesas tenían un consenso de resistir al modelo anglo-sajón, ahora Sarkozy quiere crear un nuevo consenso hacia acercarse a dicho modelo y a las potencias que lo propugnan.

El programa eco-social del sarkozismo va de la mano con un giro en su diplomacia, la misma que pasa por acercarse al eje Washington-Londres. Así como fue el presidente francés mejor acogido en EEUU en las últimas décadas él acaba de lograr similar recibimiento en Reino Unido.

Hablando ante todos los parlamentarios británicos Sarkozy les dijo que país le debe una gratitud enorme al Reino Unido por haberles ayudado en las dos guerras mundiales y que ahora se debe ir hacia una hermandad mucho mayor entre ambas naciones. Esto es lo que Brown llama la nueva ‘entente formidable’.

Sarkozy no habló para nada de Iraq pero si de Afganistán. Mientras varios de los socios de Bush y Brown quiere empezar a replegarse de dicho país, Sarkozy ha prometido unas mil tropas francesas más y destinadas a zonas de combate. Su discurso para ese país guarda relación a lo que Bush o McCain plantean que EEUU debe hacer ante Iraq: no deben moverse de Afganistán hasta lograr derrotar a Al Qaeda y los talibanes cueste lo que cueste y aunque implique más y más recursos.

La cuestión Iraq es algo que hizo que Francia, Alemania y Rusia (las tres grandes potencias continentales de Europa) se demarcaran del eje Londres-Washington. Dicho trío no apoyaba una guerra que calculaban incendiaría más al medio oriente distrayendo el objetivo de aislar a Al Qaeda y tampoco les permitiría mejorar sus inversiones en Iraq. La invasión, mas bien, hizo que se pierdan ciertos contratos y concesiones que había ante Saddam y que todas las obras de reconstrucción estuviesen a cargo de capitales norteamericanos y, en mucha menor medida, británicos.

Sin embargo, a cinco años de la guerra de Iraq esa cuestión ya no es tan resaltante. En los últimos acontecimientos París, Londres y Washington vienen coincidiendo: reconocer la independencia de Kósovo (aunque ello enfurezca a Rusia, China, España o Serbia), más fuerzas para Afganistán, más dureza ante Irán (giro que Sarkozy ha puesto frente a la anterior ‘moderación’ de Chirac; más apoyo al Dalai Lama en Tíbet.

Mientras Brown va a recibir al líder del gobierno tibetano en el exilio en Londres y la líder de la cámara de los representantes de EEUU (Nancy Pelosi) le ha ido a visitar, Sarkozy es el líder mundial que más baraja la posibilidad de boicotear los juegos olímpicos de China (aunque solo fuese su sesión inaugural). La dureza de Sarkozy ante Beijing contrasta con la manera en que él recibió en París al dictador libio Khadaffi (a quien antes la OTAN consideraba su némesis, rango que hoy ocupa Bin Laden) con quien ahora Francia quiere incentivar negocios y captar sus petro-capitales.

Francia quiere que las potencias se unan para lograr una mayor liberalización del régimen económico y político de China a fin que esta economía planificada se ‘des-socialice’ y se abra más hacia el mercado y las inversiones extranjeras. Londres maneja con más cautela su relación con Beijing pues Brown acaba de ir a esta ciudad ofreciendo a su país como su mejor socio en Europa.

Las bases del nuevo realineamiento
El acercamiento de Sarkozy a EEUU y Reino Unido va de la mano con su intento de imponer en Francia un modelo eco-social más afín al libre-cambismo anglo-americano y para que dicho trío trabaje en pro de dicho objetivo a escala global.

Francia, sin embargo, no anula su eje con Alemania y tampoco sus buenas relaciones con Rusia y España. No obstante, la manera en que los Brown se han llevado tan bien con los Sarkozy es algo que distancia a la relación tan fría que tuvieron Chirac con Blair y Thatcher con Mitterand, así como con la cierta distancia que hay entre Sarkozy y la alemana Angela Merkel.

Francia no se está convirtiendo en un aliado incondicional del eje Londres-Washington, pues presiona a éste hacia algunos cambios. Le pide a ambos que acepten que Europa pueda tener una estructura militar conjunta, algo que EEUU con el apoyo de los conservadores británicos ve con desconfianza pues teme que se cree un poder paralelo al del Pentágono. A cambio de dicha oferta Francia está dispuesta a retornar plenamente a todas las estructuras de la OTAN y a mandar más contingentes a Afganistán.

Sarkozy llama al Reino Unido para que no siga tan aislado de la UE y que se incorpore más a ésta aceptando la moneda común (el euro) y el tratado de Schengen que permite el libre tránsito de ciudadanos. Esto último no es fácil de digerir por los británicos. Los ‘tories’ pese a ser parte de la misma coalición centroderechista que la UMP francesa de Sarkozy en el parlamento europeo tienen otra agenda. Su líder David Cameron fue uno de los primeros en pararse para ovacionar el discurso de Sarkozy pero los conservadores tienen como pivote suyo oponerse al euro y defender la libra esterlina, rechazar todo tratado de inmigración, querer limitar el flujo de europeos orientales (donde rige el acuerdo de Schengen) y plantear un referendo al nuevo tratado de Lisboa de la UE (que Sarkozy impulsa y que ellos llamarían a rechazar).

En su declaración conjunta ambas potencias llaman a reformular el Consejo de Seguridad para permitir que allí entren en calidad de miembros permanentes otras seis naciones además de las cinco que hoy la componen eternamente. Estas serían Alemania, Japón, Brasil, India y un representante africano. Así se buscaría que allí estuviesen incorporadas todas las regiones y todas las grandes poblaciones humanas. Esto, sin embargo, no trastocaría una estructura de ‘élite’ que tiene la ONU en la cual una minoría de estados tiene más poder que el resto pero ampliaría dicho sistema.

También se plantea coordinar para impulsar la energía atómica. Francia y Reino Unido son las únicas dos potencias de la UE que tienen armas nucleares y hoy las dos quieren impulsar sus plantas para generar electricidad y energía para irse ‘liberando’ del consumo del petróleo y del gas (y por ello de los recursos que vienen del Medio oriente y de Rusia). Dicho acuerdo se da al mismo tiempo que Francia ha acentuado su hostilidad a Irán para que amplíe sus plantas de energía nuclear, que esta república aduce que es para fines pacíficos (aunque Occidente acusa de darse para preparar tener su propio arsenal atómico).

En su acuerdo ambas naciones plantean una serie de reuniones bilaterales (cada tres meses de funcionarios, cada seis meses de ministros y cada año de gobernantes) y coordinar políticas de seguridad, economía e inmigración. También se postula hacer donaciones a los menores africanos como un acto de generosidad que algunos ven como inconsistente con la forma en la cual ambas potencias siguen vendiendo armas al continente negro mientras deportan a sus solicitantes de asilo.

Con esta nueva alianza ambos líderes buscan darse un nuevo espaldarazo. Tanto Sarkozy como Brown han venido aumentando en su impopularidad interna. Sarkozy viene de perder las elecciones locales del 9 y 16 de marzo y todo indica que en las municipales de Londres los conservadores sacarán más asambleístas que los laboristas y que no está garantizado que el rey rojo de esta urbe, Ken Livingstone, retenga la alcaldía.

Tony Blair quien no ha aparecido para nada en esta cumbre ha sido un componedor de este acercamiento. Él fue uno de los pocos invitados al matrimonio privado de los Sarkozy y el presidente francés ha querido, a su vez, hacer que el anterior líder de Brown llegue a ser el presidente de la UE.

El laborismo británico, pese a tener una historia anclada en la izquierda y en los sindicatos, ha sabido llevarse bien con los republicanos de EEUU (la fuerza más importante de la derecha mundial), pero por ahora podría sentirse más a tono con la derecha republicana francesa. Es más, pese a que los laboristas británicos y los socialistas franceses pertenecer a la misma internacional socialdemócrata, parecería que Blair y Brown se sienten más a gusto con un Sarkozy que quiere ser el Thatcher galo que con sus camaradas franceses que ponen resistencias a las reformas monetaristas que los laboristas hoy defienden.

Brown al acercarse al conservadurismo francés quiere subir sus bonos en los sectores medios británicos, aunque dicha estrategia está, al mismo tiempo, generando un desencanto en sus bases laborales, lo cual, a la postre, puede producir la eventual caída de los ‘rojos’ ya sea de la alcaldía londinense como del gobierno central.

Mientras tanto el re-alineamiento anglo-galo puede ser también para EEUU motivo para festejar pues la nueva ‘entente formidable’ va logrando que Francia deje de ser la principal potencia contestataria occidental (como lo fue durante Chirac) para convertirse en un socio ‘formidable.

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