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El paciente fantasma
Daniel Sanabria
Ronaldinho dice que no juega porque tiene molestias. En el cub nadie se lo cree, ni el propio jugador, pero todos le encubren. Rijkaard contesta con monosílabos cuando los periodistas de Barcelona le preguntan por Ronie. “Sí, tiene molestias”. “Sí, le duele”. “No, no está bien para jugar”. No es capaz de dar una explicación con más de cinco palabras, porque no la hay.
Ronaldinho se borra del equipo cada semana, y el Barcelona se lo consiente. Su argumento es que tiene molestias, y los servicios médicos del Barça dicen que no tiene nada. Es como cuando teníamos diez años y nos inventábamos dolores de cabeza y fiebres para no ir al colegio. “Mamá, creo que tengo fiebre”, “pues el termómetro no dice lo mismo, así que vístete y a clase”.
La diferencia es que si Ronaldinho dice que tiene fiebre, la tiene, aunque el termómetro marque 36 grados. El mercurio está por debajo de los grandes nombres. Y esta es la clásica historia de los últimos tiempos que suele terminar con el jugador devaluado, y el club resentido deportivamente y en términos económicos. Ni aporta nada en el césped, ni aportará una millonada cuando se vaya en verano, como pasó con Ronaldo. Encima, hay que pagarle. Lo único que aporta es mal rollo en el club y noticias frescas en las redacciones de los periódicos.
Como me suele pasar en todos los casos, no estoy de acuerdo con la opinión general del pueblo. Todos señalan a Ronaldinho como culpable, pero yo disiento. La culpa es del Barcelona, que le permite hacer lo que quiere. A Ronaldinho le pagan por jugar, y no juega, pero el club le paga. Que alguien me lo explique. Es como si un maestro no va a la escuela a dar clase ningún día porque dice que le duele la espalda, y se lo permiten. Y encima le pagan. Y a la semana siguiente otra vez lo mismo. Y otra nómina más.
Hacía tiempo que el Barcelona no se metía en jardines de este tipo. Desde que se fue Gaspart todo le ha ido bien, entre otras cosas, porque a peor no podía ir. Pero la tranquilidad vivida en las últimas temporadas está caducando. Ronaldinho no quiere jugar, Henry dice que echa de menos a su hija y que por eso no se centra, Deco no se siente a gusto como en años anteriores, y Rijkaard se ve en medio de la guerra sin saber a donde apuntar con los rizos.
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