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Con los pies en tierra

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 2 de abril de 2008, 05:19 h (CET)
Despertado ya del sueño qué sirvió como las columnas de humo usadas por los indios norteamericanos a modo de señales, el anteojo con el que otea el panorama esta osada columna, se dio de bruces con la realidad. Contempló, analizando los “323” escaños de los dos grandes partidos que ocupan el hemiciclo de la madrileña carrera de San Jerónimo, que su disposición ante la nueva legislatura no es, precisamente, la de unanimidad para sacar España adelante. Como escolares enfrentados en dos bandos en sus pupitres del aula, levantan las tapas y se atrincheran tras ellos para sostener una pelea de tirachinas, de granos de arroz, y hasta de alguna “guía telefónica” que otra. ¡Qué frustración!... qué espectáculo. Los votos sólo han servido para encumbrarles y sostenido en el “momio” que lleva consigo el acta de parlamentario.

Desvinculados ya de todo interés hacia el electorado, la inmediata es agruparse en la disciplinada “formación” que les dio acogida en aquellas grises y desconocidas listas de papel reciclado. Con un jefe máximo y los “segundos” por él designados. El Jefe es el jefe, y ya se sabe que, como tal, siempre tiene razón; y, en caso de duda, se ha de aplicar la anterior afirmación. Uno de ellos surgió a consecuencia de los cabildeos de un remoto congreso de su partido; el otro… tan sólo recibió la designación por el clásico “dedazo”. En lo demás, da lo mismo observar el comportamiento de uno que otro partido, la semejanza es completa. ¿A dónde habrá ido a parar la imaginación?... Paris 1968 ha quedado atrás. Tan sólo, el jefe elige entre sus allegados la persona a contraponer a la del partido contrario para los sucesivos encuentros parlamentarios “cuerpo a cuerpo” de la legislatura. Y, ¿qué piensa de todo esto la ciudadanía “ex electora”?... pues, no es difícil responder; se desentiende inteligentemente, sabe que su opinión ya no volverá a contar hasta dentro de cuatro años. Desentenderse, da lugar a la indiferencia. Sorprendente milagro será que la próxima vez acuda ordenadamente ante la mesa electoral.

Para mayor escarnio, el Jefe actúa dictatorialmente, como si haber accedido a la dirección del partido, hubiera sido un cheque en blanco para el “mando y ordeno” ante las alternativas de cada día. El Jefe tiene en mente “quién va a ser quien” en los próximos cuatro años de la vida del partido, aunque, como se ha podido leer, ni los propios interesados conozcan la alta, aunque efímera, gloria que les aguarda ante los medios necesitados de imágenes o palabras.

Las columnas de opinión, ya se sabe. Entre las incondicionales de cada grupo todo son parabienes, sobre todo, si el punto de vista del autor ha coincidido en sus “consejos” con la decisión tomada por el Jefe, que es más jefe que nunca porque alguien “libremente” alaba su determinación. Las que ejercen la critica sistemática de cualquier acción del adversario, tampoco se callan ante lo que, para ellos, es un craso error, o un “acierto” si lo dicen con segundas, que de todo se lee. Alguno retrata muy bien el viejo dicho, “del enemigo el consejo”, y la zancadilla está servida.

Y, ¿qué piensa de todo esto el ciudadano ex elector? Cada vez siente crecer más su indiferencia, y, además, naturalmente, está muy ocupado con su propia faena, la que de verdad hace país sumada a la del resto de discretos ciudadanos.

Aquél onírico 323, se descuartiza, se cae resquebrajado, y en su lugar se dibujan un “169 contra 154”. Algo penoso. Cada grupo con su jefe y el otro con el suyo, que, tal vez, ofrecerán penosos debates al final de la próxima campaña electoral. Lo que viene a introducir en la actualidad política algo terrible, escalofriante, y capaz de quitar el sueño a cualquiera: ¡Entramos en nueva campaña electoral!... ¿Será posible? Y, mientras… las hipotecas planeando como buitres sobre un muladar.

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