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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

La urgencia de los cambios

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
domingo, 30 de marzo de 2008, 22:09 h (CET)
Las críticas hacia Mariano Rajoy son cada vez mayores, al igual que lo es la crisis en la que está inmerso el Partido Popular. La cuestión radica en el prolongado silencio del todavía líder del partido y en el afán de muchos afiliados y simpatizantes por escuchar a Rajoy que deja la presidencia del partido. La disciplina preocupa, porque solo ha sido respetada por los cargos. No así los afiliados y simpatizantes del PP que han convocado reuniones en provincias, al margen de las estructuras provinciales y de sus presidentes.

La reunión de la Junta Directiva Nacional es lo que ha contenido las fuertes críticas de los más cercanos y más propensos a ocupar cargos durante la legislatura que ahora comienza. A partir de la reunión de dicha Junta el estruendo puede ser mayúsculo y las críticas feroces.

Se ha acabado la confianza en Mariano Rajoy. Quienes más le apoyaron, hasta hace unas semanas, hoy piden que se marche y que dé paso a las nuevas generaciones; pero lo hacen en voz baja, por si aún les toca algo en la reunión de rebajas de la Junta Directiva Nacional. Las voces críticas han fijado un margen y un tiempo, pero seguramente no van a consentir ni un minuto más.

El Partido Popular precisa cambios. Y los precisa con urgencia. Todo el tiempo que transcurra sin ellos será tiempo perdido y difícilmente recuperable. Ahí tienen a Moragas, Negreras, Alfonso Alonso, Nebreda o el propio Núñez Feijóo, sin olvidar a un importante grupo de senadores de Castilla y León que han remitido una carta a Mariano Rajoy, a espaldas de Juan Vicente Herrera, pidiéndole que dé paso a los cambios, nuevas formas y legítimas aspiraciones. Si hasta ahora el problema del Partido Popular y de sus cuadros era de comunicación, hoy ese problema se ha agudizado y lo es, también, de ideas y falta de confianza.

No hay duda que el afán de cambio es más visible entre los dirigentes más jóvenes del Partido Popular. Unos jóvenes que han sido espoleados por el anhelo del trabajo bien hecho, frente a lo que han visto, y al comprobar que Mariano Rajoy se queda a mitad de camino para las necesidades más urgentes que tiene el país. Ya lo manifestaron hace meses, al comprobar que el líder popular se dejaba arrastrar por la AVT, sin aportar nada nuevo ni atrayente, sin aglutinar un proyecto de futuro, y mucho menos reconocidas esperanzas.

La modernización del principal partido de la oposición es una de las muchas asignaturas pendientes. Hay provincias donde se ha dicho abiertamente y sin tapujos, como es el caso de Salamanca, Valladolid, Logroño, Valencia y Madrid. Mariano Rajoy se encuentra acorralado y solo tiene el apoyo de quienes ostentan cargos en el partido o en las instituciones. Justamente, quienes no cuentan para conformar el futuro del partido y, a la vez, quienes han llevado al mismo al anquilosamiento y al retraso en que ahora se encuentra.

Se puede afirmar, sin temor a equivocaciones, que ahora mismo están oxidadas las estructuras del partido, anquilosados buena parte de sus dirigentes y desorientada la afiliación. Los dirigentes de estos últimos años han supuesto un lastre para el partido y un deterioro de la imagen de cara al ciudadano.

No arriesgamos nada si decimos que el voto popular ha sido un voto ciego, silencioso, lleno de temores y a escondidas. Decir que se votaba al Partido Popular era poco menos que un sacrilegio. Era algo así como tirar la piedra y esconder la mano. Algo que se reconoce en todos ambientes, excepto entre los candidatos populares, alguno de los cuáles lo confirman con la sonrisa o con la huida hacia delante.

El congreso de junio debe ser algo más que el momento de cambio en el liderazgo. Debe ser el momento de abrir puertas y ventanas para que entre lo nuevo y se fortalezca lo poco bueno que queda en el partido. El PP es un partido anquilosado en los primeros años de la década de los noventa, del siglo pasado. El partido necesita de un debate amplio, de un cambio de imagen sin precedentes, de un fortalecimiento de las ideas y, lo que es más importante, se trata de abrir el partido a los ciudadanos.

Alguien en el Partido Popular debe dar explicaciones sobre las abundantes amenazas efectuadas contra la persona de María Cristina Castro, candidata harta y dolorida por las amenazas de su propio partido y de sus dirigentes, hasta el punto de haber renunciado a presentarse como alternativa a Rajoy en el congreso de junio. Justo es reconocer que esa experiencia ha llevado a los otros dos posibles candidatos a no dar a conocer su candidatura y reservarla hasta momentos más próximos al congreso.

Mariano Rajoy no lo va a tener fácil y mucho menos el partido. Los dos candidatos que pretenden sustituir al actual líder son personas de reconocido prestigio y de valía en el mundo del derecho, no superan los cuarenta y cinco años y están dispuestos a dar batalla en el mismo corazón del partido. Precisamente el candidato vallisoletano es quien más posibilidades tiene, frente al burgalés; pero visto lo acontecido hace unos años entre José Bono (hoy ‘cabestro’ para el PNV) y el actual presidente Rodríguez Zapatero, eso de apostar o inclinar la balanza antes de tiempo puede salir caro.

Al partido que dirige Mariano Rajoy le ha fallado la comunicación con los medios. Pero también le ha fallado la comunicación interna. Nunca las provincias se habían sentido tan desamparadas con respecto a sus dirigentes centrales. Pero, dentro de las propias provincias, también los servicios de segundo escalón se encuentran desamparados respecto a los dirigentes provinciales; no es de recibo que se impida salir a la prensa a un director provincial de cualquier consejería, sin que antes lo sepa y autorice el correspondiente delegado territorial de la Junta autonómica.

La preocupante y cerrada jerarquización del Partido Popular se lleva a cabo también en provincias. Y eso está dañando considerablemente al partido. Para que lo entiendan mejor: es algo así como llevar la torpeza a todos los escalones y estamentos del partido. Se está produciendo una falta de adaptación del partido a la realidad española, se ha perdido mucho terreno en muchos ámbitos y no se han dedicado esfuerzos a lo que realmente se requiere. Esos cambios han de llevarse a cabo sin más dilación.

No sé si para junio ya será tarde el cambio. El caso es que Mariano Rajoy está en una encrucijada y no le arriendo las ganancias. Su verdadera ganancia pasa por dar paso a la juventud preparada y perder el miedo a soltar las riendas del partido. Las bases deben impedir que Mariano llegue a las próximas elecciones generales como líder del partido, porque será garantía de fracaso y, sin duda, de seguro ‘revolcón’. Hay decisiones que no se pueden dejar congelar, aunque tampoco han de tomarse en caliente; pero en lo que se refiere al cambio de líder por parte del PP, ya es tiempo.

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