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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Viajeros recalcitrantes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 30 de marzo de 2008, 22:09 h (CET)
Viajar, siempre tuvo su aquel. Es una de las esencias más evidentes para cada sujeto, con unas enormes fuentes para la variación, según vayamos a la interpretación del lugar, atendamos a los tiempos u observemos las formas adquiridas por los recorridos. El DESPLAZAMIENTO en sí, está provisto de diferentes cargas interpretativas. Unas muy simplistas, atentas al mero cambio de ubicación; frente a otras que son portadoras de significados complejos y objetivos de gran nivel. Si parten de la necesidad inesquivable, se tornarán en una imposición por parte de la Naturaleza o por parte de la misma sociedad; los fenómenos migratorios perentorios, calamidades climáticas o amenazas sociales, coartan la orientación de aquellos movimientos. Entre las motivaciones continuadas, nos encontramos con ocupaciones de una tolerancia aceptable, bien laborales o de adaptación; como también actividades placenteras ligadas al fenómeno de tono aventurero, o las tendencias turísticas. A ello se suman las disponibilidades técnicas, de progresión acelerada, dando alcance a viajes de características casi infinitas.

Las circunstancias favorables no impedirán la aparición de los límites, como en todas las experiencias humanas, aparecen con una profusión exhibicionista. No importan los derroteros de los intermedios, ni las paradas efectuadas, ni los ritmos de la marcha; primero las dificultades, y después, un buen día, ya no hay posibilidades. A la estación terminal de tantas andanzas, no le vendría mal la denominación de TOPE-ANIQUILACIÓN; puesto que, daremos las vueltas que queramos, pero aquello se acaba. Y el “viaje” por excelencia, el de la propia vida, finalizará de manera drástica y trágica. Dada la abundancia de problemas, no extrañarán los cansancios, las prolongadas detenciones o las interrupciones bruscas. Mientras podamos mantenerlo, ese es el reto, en unas ocasiones halagüeño y prolongado, penoso y cargado de desengaño en otras. Aunque no escaseen las dificultades, los nuevos impulsos y las nuevas salidas manifiestan una fuerte tenacidad. ¿Qué haremos con ese juego de topes y posibilidades?

No sé si este calificativo de recalcitrantres es apropiado para el costumbrismo contemporáneo. Digo esto por que, si dirijo la atención a las actitudes, el despego es una de las notas predominantes. Puede que se tienda a un acercamiento superficial hacia otras realidades, incluso en progresivo incremento; pero la tendencia al conocimiento auténtico de lo ajeno, eso suena a un ente raro, desdeñado. Una compensación, una forma de salirse de estos cauces algo pesimistas, giraría en torno a otras vías accesorias. Nos vendría bien una AMPLIFICACIÓN en esa capacidad de contacto con lo de fuera, no reducida a un puro contaje de kilómetros, sino adheridos a unas relaciones de intercambio; donde las aportaciones se equilibren con el enriquecimiento personal, en los diversos órdenes vitales. ¿Vamos hacia contactos más profundos? ¿Los viajes quedan en un puro espejismo?

Seguramente, D. Quijote enloquecería, después de reírse un rato con gran regocijo, observando los apiñamientos de viajeros, en playas, aeropuertos o carreteras. La obsesión que define a estos movimientos de masas, es el REBOSAMIENTO. Como una fuerte pasión impulsora del perpetuo trajín. Más lejos, más exotismo; aunque apenas se tengan noticias de las delicias o necesidades de las cercanías. Al entrañable hidalgo de la Mancha le chocaría tanto peregrinaje, con tan pocos objetivos apropiados para un caballero andante. Ahora se arrumba a las Dulcineas y afanes caballerescos; se mueve la gente pero ligera de otros planteamientos más cualitativos. No sabemos en que irían a parar los molinos de viento, los tiempos cambian en eso. Con todo eso, al buen manchego le aumentaría el trabajo y las inquietudes.

Miremos, al trasluz de los recientes acontecimientos, esas apasionantes andanzas por los trayectos ARTÍSTICOS. Este es un viaje muy propenso a las controversias, desde su mismo desarrollo, hasta las repercusiones. Resulta que se habla poco del contenido artístico aportado por sus participantes; primera carencia y no es pequeña. Si el arte escasea, ¿A qué viene denominarles así? La pretendida potencia de sus sueños y descubrimientos no se entiende entre sus modorras políticas. Unas veces por que las gratificaciones obtenidas ensombrecen las luces del arte. El arte verdadero exige una emoción y una autocrítica que suele desvirturarse en las peanas políticas. La fama, el compadreo y el poder, amortiguan hasta tal punto las maravillas del hecho artístico que convierten a sus protagonistas en meros amanuenses. Son pocas las excepciones. Su tarea se transforma en una copia servil de los poderosos. ¿Benefactora? ¿Perversa? En todo caso, será viaje, pero con las alforjas vacías de arte.

En demasiadas ocasiones, los desplazamientos nos aproximan a situaciones lamentables. Si fuera por desconocimiento o por accidente, no vendría al caso este comentario. No obstante, nos dirigimos con una contumacia apabullante hacia los terrenos de una ABDICACIÓN suicida, con tolerancias necias y hasta con un deseo ferviente de consolidarla. Serán viajes tristes, pero reales y frecuentes. Se dejan de lado aspectos cruciales para nuestras vidas, aprendizajes, sentimientos, relaciones, ilusiones, razones; con una ligereza pasmosa. Los motivos son de una gran variedad. Podemos escondernos detrás de ocupaciones profesionales. Otro escudo de uso habitual hace referencia a las agrupaciones donde quedamos diluidos, sin dar la cara. En ocasiones, unas creencias misteriosas nos hacen olvidar lo más próximo. El caso es circular disimulados entre el torbellino de la existencia. Son tantos los ejemplos que no se nos ocurrirá dudar de ese carácter obsesivo adherido a estos comportamientos. Parecerá un contrasentido, pero los esfuerzos en la deambulación se acompañan de una clara dejadez participativa. Tercos, nos inhibimos, en vez de involucrarnos.

Ahora que se renuevan los tranvías, ya no se les denomina “Deseo”, “Fantasía” o “Maravillas”. ¿Cómo ibamos a recaer en aquellos nombres trasnochados? ¿Quién piensa en esos trayectos? Estoy seguro de una mayor predicamento para otros recorridos, sin duda con más pasajeros; es lo que dejan entrever los ambientes fulgurantes, en latitudes de acá y de allá. Se puede aplicar aquí lo de habas a carretadas en todas ellas. Hoy se escogen tranvías con otra metas. “Tasación”, porque desaparece lo que escapa a las medidas y los precios. “Números”, como el valor supremo, de opiniones, obras de arte o imposiciones ideológicas. “Rastrero”, con intercambios de los más prosaicos y materialistas; ya no tendría sentido el Fausto, por que vender el alma ya no es posible, parecen acabadas, ni eso se podrá vender. “Vacuidad”, sin los fundamentos de otrora, pero con las máximas estridencias para llamar la atención. Finalizo hoy con las palabras de Álvaro José Aurane (La Gaceta de Tucumán), “Volvimos a la selva, …se instauró la ley del más fuerte. El más grande se aprovecha del débil…, y está bien que sea así porque es la jungla”.

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