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De abogado de asesinos a campeón de la memoria

Luis Agüero Wagner
Redacción
domingo, 30 de marzo de 2008, 04:49 h (CET)
Con lacrimógenos artículos dedicados al marzo paraguayo, en recordación de los disturbios que derivaron en la renuncia del presidente paraguayo de entonces, el diario ABC color de Aldo Zucolillo volvió a cubrir un itinerario de ida y vuelta en sus líneas editoriales, constante que se viene repitiendo desde hace cuatro décadas. En los días en que un gobierno con el cual Zucolillo tenía comprometidos varios negocios y grandes ganancias estaba a punto de ser derrocado, a fines de marzo de 1999, en medio de violentas manifestaciones, el diario ABC color intentó con titulares en letras de tamaño catástrofe impedir la revuelta popular. Consumada la caída del gobierno del presidente Raúl Cubas, ABC se burló de las víctimas de los disturbios –que dejaron 8 muertos y centenares de heridos- publicando que en realidad se trataba de un montaje de sus adversarios políticos.

Durante los meses que siguieron insistió tenazmente en que el asesinato del vice-presidente Luis María Argaña, detonante de la revuelta que tumbó al gobierno, en realidad constituyó una farsa dado que según su versión, el político ya llevaba varias horas muerto de causas naturales. Para desencadenar la ira popular, según Zucolillo, unos viles conspiradores lo montaron ese día en su camioneta y fabricaron un simulacro de tiroteo para engañar a la opinión pública.

Durante la guerra fría, Zucolillo y su diario ABC habían sido férreos defensores del gobierno del dictador Stroessner, y por extensión alababan la gestión de los demás dictadores aglutinados en el Plan Cóndor. También en esa etapa defendería con fervor la guerra sucia desatada en Argentina por la Junta Militar instalada en marzo de 1976, y los abusos cometidos por Pinochet en su defensa de la civilización occidental y cristiana.

El General Alfredo Stroessner visitó Venezuela en junio de 1957 para estrechar vínculos con el dictador militar del país caribeño, General Marcos Pérez Jiménez, en tiempos en que ambos subproductos de la política exterior estadounidense concedían graciosamente tajadas del espectro radioeléctrico a sus adulones. Para que no queden dudas sobre el carácter marcial de su visita, Stroessner se alojó en el local del Círculo de las Fuerzas Armadas de Venezuela, en Caracas. Un par de décadas más tarde, un 20 de abril de 1977, era recibido por Stroessner con los honores correspondientes, el Teniente General Jorge Rafael Videla, quien llegaba al Paraguay acompañado de su esposa Alicia Raquel Hartidge. A la noche se llevó a cabo una recepción de gala en el Palacio de Gobierno de Asunción, donde no faltaron los pundonorosos y austeros luchadores por la libertad de expresión como Aldo Zucolillo. Luego vendrían los cheques del dueño de ABC para solventar los congresos de represores de la Liga Mundial anticomunista que se realizaban en Asunción, fuertes sumas que administraba el director del centro de detención y torturas de la dictadura paraguaya.

El capitán José Antonio Valiente fue el primer marido de Graciela Pappalardo y cuñado de Teófilo Conrado Pappalardo, jefe de Ceremonial del Estado durante la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay y reconocido operativo del Plan Cóndor, como proveedor de pasaportes a los asesinos de Orlando Letelier.

José Antonio Valiente, dueño del desaparecido bar "Felsina", fue ultimado en nebulosas circunstancias en Buenos Aires, Argentina, poco después del Golpe Militar con el que Videla y Massera derrocaron a Isabel Perón en marzo de 1976. Según documentos obrantes en el Archivo del Terror (Microfilm 00028F0474), el presunto asesino habría sido Juan Carlos Cabañas, ex secretario del Dr Edgar L. Ynsfrán, temible ministro del Interior del dictador Stroessner, en el período de mayor auge de la sangrienta represión.
Algunos familiares hoy aseguran que José Antonio Valiente tuvo una hija de nombre María Adelaida, a quien se le habría cambiado el apellido con el mismo modus operandi de la represión del Proceso de Reorganización Nacional.

Aldo Zucolillo, que fundó su diario en sociedad con un narcotraficante de fama mundial, el general Andrés Rodríguez, también es conocido en Paraguay por haber incendiado sus comercios para cobrar seguros cuando debía eludir abultadas cuenta tributaria.

Estas transgresiones podían darse porque Zucolillo y sus periodistas de ABC color todavía no habían sido seleccionados por la embajada norteamericana como propagandistas de la democracia tutelada. Es conocido que la National Endowment for Democracy , la USAID y la CIA se abocarían a fabricar entre ellos a bien remunerados disidentes y “luchadores por la democracia” en los últimos meses del régimen militar paraguayo.

Hoy estos émulos Goebbels y del senador Mc Carthy en Paraguay, capitaneados por el propietario del diario ABC color, han retrocedido medio siglo en el tiempo que mide el contexto internacional, en un país en el que sólo basta alejarse unos 15 kilómetros de la capital para volver del mundo contemporáneo a la prehistoria, pasando por el modernismo, la edad media y el mundo antiguo. Es lo que se deduce del desmesurado espacio que vienen dedicando a satanizar a Hugo Chávez y a su política exterior, llegando al extremo de escrachar con fotos e infografías a supuestos simpatizantes paraguayos de la revolución bolivariana, al más puro estilo de un régimen de prensa totalitario.

A pesar de todo esto, estos personajes pretenden hacernos creer que hoy apoyan a un candidato “izquierdista”, el obispo Fernando Lugo, cuyo discurso han tenido cuidado de revisar en sus aspectos sustanciales. Presentado como un teólogo de la liberación tercermundista adscripto al socialismo del siglo XXI, ABC color y Zucolillo conminaron al candidato a renegar de Chávez, Castro y el MERCOSUR, y a rodearse de agentes de USAID y otros beneficiarios de la embajada norteamericana de Asunción.

Y aunque parezca inconcebible, este es el mismo personaje que pretende pasar como representante de los intereses generales de la sociedad paraguaya, proveer credenciales democráticas a los candidatos y erigirse en campeón de la memoria. Definitivamente, habemos de todo en la viña del Señor.

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