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Minifaldas sanitarias

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 28 de marzo de 2008, 01:33 h (CET)
Aunque creo recordar que entre las titulaciones que expiden las Universidades españolas hay una titulada algo así como “Ciencias Empresariales” la realidad es que la profesión de “empresario” no se estudia en ningún lado, la mayoría de ellos sigue siendo autodidacta y también la mayoría de ellos cumple escrupulosamente las leyes y los diversos códigos de conducta establecidos. Pero siempre hay una pequeña cuota de descerebrados entre la clase empresarial, como en cualquier otra profesión, que son los que suelen aparecer en los medios de comunicación no precisamente por su éxito como emprendedores sino por alguna que otra salida de tono o por mear frecuentemente fuera de tiesto. Este es el caso del gerente de la cadena sanitaria Pascual con diversas clínicas en Andalucía.

A este caballerete, seguramente con reminiscencias feudales, no le gusta ver a las enfermeras que trabajan en su red de hospitales con las piernas enfundadas en las perneras de los pantalones del pijama sanitario. Por su talante y forma de actuar debe ser de aquellos que tienen a la mujer propia en casa y con la pata quebrada metafóricamente pero piensan que las “otras” las que trabajan fuera del hogar deben ir aireando los encantos que la naturaleza les ha otorgado para mayor satisfacción de mirones “salidos” como él. Cuando desde todas las instancias que estudian cómo hacer más fácil el trabajo se está recomendando ropa cómoda y amplia el gerente de las clínicas Pascual establece que en su feudo las enfermeras deben trabajar con minifalda y un delantal ceñido. Si este caballerete tuviera escudo de armas seguro que el lema estampado en el mismo sería “Arriba las faldas, abajo los escotes”. Su pensamiento no debe ir más allá de pensar que “lo que se han de comer los gusanos que lo disfruten los cristianos”.

Pero claro le ha salido la enfermera respondona y unas cuantas de estas profesionales sanitarias se han negado a utilizar los uniformes minifalderos, ellas, y hacen bien, se ponen la minifalda cuando y donde quieren y no cuando es una orden dictada por un descerebrado quien trata de imponerlo. Y el señor gerente, muy en su papel de señor feudal, ha decidido que las protestonas reciban un pequeño castigo a la hora de recibir el sobre con la nómina mensual en forma de descuento de 30 euros que hasta ahora se les venían abonando en concepto del llamado “plus de productividad”. Y yo me pregunto qué tendrá que ver la productividad con el largo de la falda o la tersura de los muslos.

Seguramente este empresario piensa que a más muslo visible más productividad y, tal vez, menos protestas de los enfermos a atender pero menos mal que las enfermeras de la Clínica San Rafael de Cádiz se han negado a ir vestidas como si fueran a rodar una de aquellas películas de Pajares y Esteso tan abundantes en los primeros años después de la muerte de Franco. Este directivo empresarial debería hacérselo ver por algún médico de la psique ya que la debe tener un poco averiada. Su obsesión por las minifaldas, los escotes con canalillo y los delantales ceñidos es digna de estudio, pero él es un indigno y un prepotente al desafiar a las perjudicadas a que lleven el caso ante los tribunales convencido como está de que su manera de actuar es de lo más normal.

En este caso no se trata de discutir una orden empresarial alegando si se trabaja más o menos cómodamente con minifalda. Aquí la cuestión es que, una vez más, un hombre ha visto a las mujeres que tiene bajo su mando como meros objetos decorativos y ha dictaminado que deben vestir como a él le parece que deben hacerlo, pisoteando la dignidad de estas profesionales de la enfermería. En todo esto los 30 euros que se les han descontado son lo de menos aunque, tal vez, los inspectores de trabajo gaditanos deberían darse un garbeo por la Clínica San Rafael aunque tan sólo sea para aclarar ese concepto de “productividad” que el empresario vincula a enseñar más o menos superficie de muslo, Por cierto no sabemos si al elemento masculino de la clínica se le obliga a atender a los pacientes luciendo pecho depilado a lo metro sexual o diminuto tanga atigrado de “boy”. Seguro que en los carnavales del próximo año más de una murga parodiara el tema de las enfermeras minifalderas.

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