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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

¿El premio gordo? Tú, Tina, mi flaca

Ángel Sáez
Ángel Sáez
viernes, 28 de marzo de 2008, 01:33 h (CET)
Mi vida:

Hoy, miércoles, 26 de marzo de 2008, me apetece un montón darle un rimero de gracias a Dios. Porque la recompensa, tras haber invertido casi 46 años de mi vida, muchos de ellos con y en (im)paciente espera, ha merecido la pena, pues me ha deparado el premio gordo, tú, Tina, mi flaca.

Celebro sobremanera que la décima que urdí ayer (según tú, con inusitado tino) en tu honor te pareciera óptima. No era otra mi alta, lata y profunda pretensión.

Espero y deseo que el dolor de cabeza con el que ayer te fuiste a la cama, una vez lograras conciliar el sueño, remitiera (y hasta desapareciera), y te haya dejado descansar, quiero decir, que esta mañana, al despertarte, aquél haya cedido el paso o su espacio al “biensentir” y al bienestar.

Nuestro Amor, huelga señalarlo una vez más, es mutuo, recíproco. Tengo para mí que eres (hoy, mientras desayunaba, he escuchado en la tele, que el Amor apodíctico, amén de ciego, es una droga que crea adicción –pues hace que nuestro cerebro segregue dopamina y serotonina-) el ingrediente imprescindible de mi existencia actual (cuando te llamo de esa guisa, mi vida, lo hago con conocimiento –que no miento- de causa, porque has venido a darle razón de ser y sentido a la misma).

Parafraseando (verbo que viene a mitigar la aspereza que contiene otro, que acaso incumba más al presente discurso, plagiando) a Pablo Neruda, cabe argüir que todo mi espacio-tiempo o “cronotopos” lo ocupas tú, Tina.

Acabo de comentarte (no sé si con bastante arte) hace un rato, cuando hablaba contigo por teléfono, que tu SMS me llegó sin problemas.

En la agencia de viajes contrata un seguro, por si acaso (no nos va a pasar nada a ninguno de los dos, pero no está de más ser precavida/o). Yo así lo haré, Deo volente, para, en el caso de que la cancelación sea evento inevitable (que no va a ocurrir tal cosa –intuyo que no-, pero conviene ir con pies de plomo, o sea, actuar con cautela), perder lo mínimo.

Si el señor con el que vas a mantener esta tarde la citada entrevista te propone algo, que sean asuntos que tengan que ver con tu trabajo. Acaso vendría a cuento que le comentaras que tienes novio, ¿eh? (es broma, mi bien).

Asimismo, tal cual lo describes, lo siento yo, que me acompañas aquí, ahí o allí, donde voy o estoy. Y, cosa rara, llego a husmear hasta tu aroma personal, que me pone a tono, pues me arrebata, encanta y aun extasía.

Yo incluso he llegado a soñar varias veces con que ya estamos casados. Sé que a muchos les sorprenderá el hecho, pero así de devastador es el Amor, un tsunami inopinado, que se lleva por delante hasta el más reforzado malecón y aun una montaña (sí; y si es de prejuicios, con más motivo), cuando dos medias naranjas o almas gemelas se alborozan tras gozar la dicha de encontrarse y encajar a la perfección.

Te amaré siempre, eviternamente, porque no hallaré la mujer que valga para (des)calzarte (lo hará mal –seguramente, pero con la mejor intención- el menda, cuando no seas capaz). Además, sé que me vas a inspirar diversos tomos o volúmenes de versos y prosas.

Te (man)da otro nuevo muestrario escogido de besos y mimos tu

Félix Unamuno.

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