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El gran sprint de la natación española

Rodrigo Gil-Sabio
Rodrigo Gil
jueves, 27 de marzo de 2008, 05:23 h (CET)
Nuestros nadadores han vivido su particular semana santa de pasión trabajando, es decir, en el agua de Eindhoven. Allí, en Holanda, se han celebrado los XXIX Campeonatos de Europa de Natación, Sincronizada y Saltos. Y España ha sido el país revelación del evento, con felicitaciones de otros países. El tema no es baladí: 12 medallas españolas (5 de ellas de oro), 23 records de España, 8 nadadores con pase olímpico con 12 mínimas realizadas, segundo país en oros del medallero tras el coloso Rusia y un salto cualitativo espectacular de los deportes olímpicos acuáticos.

Si en sincronizada ya comentamos los cuatro oros de España que colocan a Mengual & cía como alternativa real al oro de Rusia en los Juegos Olímpicos de 2008, en natación se ha doblado incluso el número de medallas y se ha pasado de la ‘crucifixión’ por parte de algunos medios tras dos años con limitados resultados internacionales, a la ‘resurrección’ de una selección española que ha acaparado portadas, digitales, radios, blogs y que incluso ha abierto telediarios por delante del fútbol o la Fórmula 1, dos de los ‘opios del pueblo’.

Por fin se ha hablado de natación y de éxitos. España se ha convertido en una potencia europea de la mano de la omnipresente Erika Villaécija, de una Nina Zhivanevskaya (31) que vive su segunda juventud, de un joven mariposista talentoso llamado Rafa Muñoz, del prometedor espaldista Aschwin Wildeboer y de la nueva princesa del agua, Mireia Belmonte, que a sus 17 años a encandilado a Europa con su espectacular oro en los 200 estilos individual, una de las pruebas más completas de la natación al combinar los cuatro estilos.

Ya hay quién habla de los éxitos en Pekín 2008. Pero conviene recordar que España es un equipo joven, con talento y con futuro, y el futuro se llama Londres 2012. Si se trabaja en una sola dirección cuatro años más, este grupo puede crecer y codearse con las grandes potencias mundiales.

La natación, uno de los deportes que mejor encarna los valores del olimpismo y el carácter ‘amateur’ del mismo, es cosa de cinco o seis (léase Estados Unidos, Australia, Rusia, Japón, Canadá y los mejores europeos) y España está ahí, llamando a la puerta. Pero para alcanzar una medalla en natación en los Juegos –una sola- se tienen que dar una serie de factores (técnicos, científicos, sociales, ambientes) que se fundan en uno. Le puede tocar a Nina, o a Erika o la propia Mireia, o a ninguna, pero es la realidad del crono. Sin mejorar mucho un récord nacional y sin tener la carrera perfecta, no hay medalla olímpica que valga.

Sí hay equipo para rebajar marcas, para estar en finales, para animar el cotarro, para subir el listón, en definitiva, de la natación. Volvemos a ser un país atípico, que no puede compararse con los fenómenos universitarios yanquees (Michael Phelps tiene contratos de publicidad mareantes), con los australianos –deporte nacional allí-, o con los mismos japoneses, donde el nadador Kitajima es más conocido en su país que aquí Fernando Alonso. Rusia tiene miles de licencias y toda la infraestructura y métodos de la extinta Unión Soviética.

Pero España sí ha dado el paso de tutear a los grandes de Europa, a compartir medellas con Francia e Italia, y superar a Alemania, Ucrania, Suecia, Hungría o Gran Bretaña, lo que nunca. Ahí está el gran sprint de la natación española, que se lo debe al trabajo de base de los clubes nacionales, a sus directivos y técnicos, a las familias que arropan a los niños, a las federaciones, a la dirección técnica en la que ahora está el italiano Maurizio Coconi y que coordina bien engrasada con los distintos técnicos de élite y, sobre todo, a la nueva mentalidad de los nadadores, a no creerse inferiores a nadie.

Aunque las medallas son fruto del trabajo, la planificación y el esfuerzo de otros muchos que están detrás, éste de la natación es otro pequeño milagro del deporte español. Si uno va a una piscina, verá que está llena de cursillos de natación, de colegios, de clases para la tercera edad… y luego son muy pocos los que sacan licencia federativa y se ponen a nadar en serio 8 horas al día. Volvemos a rizar el rizo en busca de lo imposible. Pero somos así. Y, claro, el ibérico y el aceite de oliva en el desayuno de los nadadores también ha ayudado (aunque sólo fuera un matiz psicológico). Si Phelps quiere batir el récord de oros de Mark Spitz en Pekín ya sabe, que nos encargue una buena pata de jamón y listo.

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