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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Liberación sexual

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 27 de marzo de 2008, 05:19 h (CET)
Un asesinato siempre es una buena noticia. Esta afirmación se ve corroborada por el desplegadura mediática que le dan alguna televisiones dado que aumenta la audiencia. Cuanto más morbo mejor. Sean Thomas ha escrito el libro “Millones de mujeres te esperan”.

Alicia es el nombre ficticio que Thomas le da a su compañera de orgías. Cuando la conocí tenía 21 años, ella 17. Como yo estudiaba, comparada con ella era un novato. Yo sólo había hecho el amor con una chica. Ella, en cambio, a sus 17 ya se había acostado con 20 chicos. Le gustaban las drogas, beber, las fiestas. Me dejé atrapar por esta pequeña y salvaje chica rica. Sexualmente era voraz, de manera totalmente nueva para mi. Le gustaba practicar sexo sadomasoquista. Yo también estaba dispuesto a practicarlo. Desconozco como se introdujeron en nuestras relaciones los gustos sexuales pervertidos, lo cierto era que disfrutábamos con ellos. Con el tiempo, la fogosidad de nuestro sexo empezó a destrozar nuestra relación emocional y sucedió lo que era inevitable. Alicia y yo nos convertimos en unos extraños, en todo excepto en la cama. A pesar de ello volvíamos a nuestra extraña relación de juegos carnales. Estábamos atrapados al sexo peligroso como si estuviéramos enganchados a las drogas. Los científicos han demostrado que en unas relaciones sexuales obsesivas, la endorfina que segregan las emociones es especialmente intensa y que sus efectos se parecen a los de la heroína. Igual que los drogadictos, nuestro final fue desastroso. Un día, por algún motivo, de repente sentí asco de lo que hacía. Ella se puso a gritar. Le dije que iba a ver a alguien. Cogí mi chaqueta y me fui, arrogante, cruel, silbando. Tres horas más tarde me arrestaban acusado de violación. Después de ser absuelto intenté esclarecer todo este asunto escribiendo un libro sobre juegos eróticos y sexo peligroso. Para investigar sobre el tema asistí a un montón de juicios de «crímenes sexuales». La lección que saqué de esta investigación es de que tratamos el sexo con excesiva ligereza. Dicho de otra manera, vemos el sexo como un deporte divertido. ¿No lo crees? Fíjate en los titulares de los periódicos más serios: “Deportistas «burlándose» de chicas borrachas”. “Gays «acampando» en un parque público”. En el aspecto cultural da la sensación de que hemos ido de la posición que cuestionaba todo lo que tenía que ver con el sexo y que el sexo que no se consideraba normal era escandaloso, al otro extremo en el que todo está permitido y que la prohibición está fuera de lugar.

Decir hoy que las orgías , el sexo sadomasoquista, la sodomía no está bien, uno se expone a ser considerado «santurrón». Hoy, cualquier forma de sexo, incluso la paidofilia, se ve como formando parte de la alegría y nadie quiere ser una aguafiestas. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué estamos tan empapados de sexo y aceptamos con tanta facilidad el sexo «extraño» e «inusual»? La respuesta nace de la liberación sexual que se produjo en la década de los sesenta del siglo pasado cuando se abandonó el puritanismo victoriano carca, que según dice Philip Larkin duró hasta el año 1963 con la aparición del primer LP de los Beatles.

Se da otro factor. Pienso que el proceso que ha llevado a la permisividad sexual se debe al hecho de considera al sexo como un juego inocuo. En este sentido, Internet juega un papel muy importante porque da acceso a los pensamientos sexuales de los otros. La Web proporciona muchas facilidades. Se puede encontrar de todo con el mínimo esfuerzo. Cualquier fantasía sexual que nos podamos imaginar se encuentra ampliamente detallada en Internet. Dado que esta información está al alcance de la mano nos puede hacer pensar que lo que nos dice está bien, que es lícito, que forma parte del entorno cultural. La facilidad que proporciona Internet es especialmente peligrosa porque puede descubrir e introducir en la mente de cualquier persona, sin distinción de edad, sexo, madurez, las muchas perversiones sexuales existentes, y aceptarlas sin ejercer el buen criterio.

Está bien que no se tenga tanto miedo al sexo como se nos ha enseñado hasta hace bien poco. Se ha de tener en cuenta que el sexo no consiste solamente en orgasmos y eyaculaciones. A pesar de toda la desinformación que tenían nuestros antepasados, sentían algo del sexo que hemos olvidado. El sexo no es un juego virtual. Es un instinto básico que si no se controla hace mucho daño. Es por ello que no debe mezclarse imprudentemente con alcohol y drogas, tal como ocurre en muchos de los crímenes pasionales que se dan. El sexo proporciona un estado de felicidad. También tiene su lado cruel y salvaje. Si se permite que se salga de madre, los daños que ocasiona son irreparables.

Los medios no sensacionalistas se hacen eco de la cosecha que se recoge de la liberación sexual: jovencitas de 12-13 años que abortan, crímenes pasionales a granel, divorcios a tutiplén, traumas sicológicos devastadores, a chorro. Todo ello por no hacer caso del consejo: “Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia. Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite, mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos. Sus pies te arrastran a la muerte, sus pasos conducen al reino de los muertos…… Ahora pues, hijos oídme, y no apartéis las razones de mi boca. Aleja de ella tu camino” (Proverbios, 5:1-8).

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