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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Del Islam al Catolicismo

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
viernes, 28 de marzo de 2008, 01:47 h (CET)
Ejemplar y admirable la conversión a la fe cristiana del subdirector del “Corriere de la sera”, el musulmán Magdi Cristiano Allam, bautizado por el Papa Benedicto XVI en la Vigilia Pascual. Cuando aquí en España van proliferando los actos de apostasía de algunos cristianos; la valentía y coraje de este intelectual y periodista, neo cristiano, deberá ser como un espejo donde contrastar qué han hecho con el don de la fe, recibida en el bautismo, tantos católicos que se avergüenzan de ser o aparecer como tales en su vida cotidiana.

Apenas nada, hasta ahora, hemos tenido que sufrir los millones de católicos españoles, a causa de nuestra fe. Este insigne converso musulmán es consciente de las amenazas de muerte recibidas de parte de sus correligionarios, que le han obligado a vivir con escolta durante cinco años.

Públicamente ha luchado con todas sus fuerzas por un “Islam moderado” para acabar siendo condenado a muerte en nombre de ese mismo Islam. Llegó a la conclusión de que “la raíz del mal es inherente en un Islam que es fisiológicamente violento e históricamente conflictivo”. Sus palabras son dignas de reflexión al agradecer al Papa le impartiera los sacramentos de la iniciación cristiana: El Pontífice “ha dado un mensaje explícito y revolucionario a una iglesia que hasta ahora ha sido muy prudente en la conversión de los musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y callando sobre la realidad de los conversos en los países cristianos”.

Dios quiera que su conversión sirva para poner fin “ a la violencia de los musulmanes que no respetan la libertad de elección religiosa”.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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