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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Pijota, la llamaba mi madre

Marino Iglesias Pidal
Redacción
viernes, 28 de marzo de 2008, 01:47 h (CET)
Era un pescado que freía enroscado, con la cola trincada en la boca. Símil que muy bien puede representar: “Contra el vicio de pedir la virtud de no dar y la virtud de no dar contra el vicio de pedir”. Porque no siendo ni “el pedir” ni el “no dar” vicio o virtud en sí mismos, depende de su justedad, negando justamente se evita la proliferación de pedigüeños, pues nadie pide sin tener, aunque sea mínima, la esperanza de recibir; mientras que cuanto más se da más se anima a pedir.

Así pues, que en un país proliferen los bocaabierta significa que su Gobierno dedica una buena parte de los haberes públicos a la complacencia de quienes se han de mostrar más complacientes, en detrimento de los que realmente deberían, por su condición, ser preferentes. Criterio que nace de una simple reflexión.

Se dice que el hombre es él y sus circunstancias. Siempre es él, el individuo. Él mismo se crea algunas de sus circunstancias y, conforme a su ser, adopta determinada postura frente a otras en cuya génesis no interviene.

Tan simple la reflexión, que el Gobierno, si no obra en consecuencia, no puede ser por ignorancia, sino por conveniencia.

Presentada la realidad sin filosofía: Un individuo – sin minusvalías -, sin ningún patrimonio heredado y obligado por sus circunstancias a trabajar, incluso antes de terminar los estudios primarios, puede sin ninguna ayuda llegar a crear y mantener su propia familia. Un individuo – que no sea médico -, por muy inteligente y dispuesto que sea no puede curarse sus enfermedades; una simple apendicitis degeneraría en peritonitis y acabaría matándolo.

¿Por qué, entonces, ayudas para quienes, si le echaran lo que tendrían que echarle, no las necesitarían? ¿Por qué ayudas para que un millón de gilipollas disfruten de un sinnúmero de gilipolleces? Todo esto mientras la “Seguridad” Social tiene a un enfermo esperando meses y meses para una cirugía o la consulta con un especialista?

Porque es lo políticamente conveniente – para los políticos, claro -.

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