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Colombia en síntesis

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 26 de marzo de 2008, 02:35 h (CET)
Las noticias, comentarios, y opiniones, sobre la República de Colombia se han multiplicado durante los diez últimos años en progresión ascendente. También es conocida esa nación, en el lenguaje fraternal que junto con la sangre son los mayores vínculos que les une a los españoles, como “Chibchombia”, por los indios chibchas que habitaban el territorio a la llegada de colonizadores y franciscanos; bravos y arriscados los varones –algo aventados-, y muy atractivas sus mujeres, patrimonio heredado por la fémina colombiana, sin duda. De modo más entrañable, entre ellos mismos se reconocen, también, como “Locombia”, por los continuos disparates que ha venido ofreciendo a los noticieros mundiales en las últimas décadas.

Cuando esta columna enfocó su catalejo hacia aquellas fantásticas tierras, hará unos diez años, el país era una “patraña” política en que el presidente Pastrana (conocido como “patraña -¿se capta?-), había “regalado” a los guerrilleros comunistoides casi la mitad del territorio nacional para que se conformasen y dejaran vivir en paz al resto. Algo parecido a lo que nuestro “acrobático payaso” nacional –renovado presidente-, lleva camino de intentar con gallegos, vascos y catalanes, amén de entregar a canarios y andaluces para satisfacer a los “moros” –¡la que se viene!-. El eufemismo utilizado por Pastrana era llamar a la parte del país entregada, territorio de “distensión”, que llegó a convertirse en una fecunda plantación de coca, la fuente de financiación delictiva que contribuyó al fomento del crimen, y de la inmerecidamente mala fama de los colombianos en general.

De ese modo, el país vivía una guerra civil soterrada con desplazamientos masivos de inocentes ciudadanos, y el secuestro a la orden del día como elemento de extorsión. Así estaban las cosas cuando Alvaro Uribe fue elegido Presidente constitucional, quien afrontó la realidad sin eufemismos y declaró la guerra abierta –diplomática y militarmente-, a la barahúnda de fuerzas armadas guerrilleras que campaban a sus anchas incluso manteniendo salvajes enfrentamientos entre las distintas facciones que habían surgido. Las llamadas Autodefensas Armadas (AUCC), sin ideología comunista, fueron las primeras en ser reducidas mediante el diálogo y la negociación, siendo recicladas para la vida civil. Otro grupo faccioso, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), conocidos como “elenos” en consecuencia, eran y siguen siendo minoritarios, aún teniendo su propio territorio de distensión selvática, y se mueven en la incertidumbre de aceptar o no la oferta de recuperación del presidente Uribe.

Finalmente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son el grupo mayoritario impermeable a la transición y abandono de las armas, y han convertido el secuestro en su carta de presentación “humanitaria” internacional. El tráfico clandestino de la droga sigue siendo el principal ingreso para el sostenimiento de los distintos batallones de bandoleros que actúan integrados en el paisanaje a lo ancho de partes del país, que tienen en la selva amazónica su principal y camuflado refugio.

En síntesis, Uribe está ganando la “guerra” civil que tuvo la gallardía de reconocer, sin eufemismos, al llegar a la Presidencia. Este conflicto se esquinó con la aparición “simpatizante” del presidente venezolano, Chaves, que reconoció solapadamente –no tanto- a las FARC, como “colegas” de su particular contienda contra el Imperialismo norteamericano, que, a través del Plan Colombia de Estados Unidos es fiel aliado del gobierno colombiano. Su respaldo lo expresa en la comprensión de la labor “humanitaria” de liberación de rehenes, tan a propósito para su estilo populista, y mediático. A espaldas de Uribe negocia con los guerrilleros, y se apunta a cuanto puede darle fama de “hombre de estado” y de paz. Con esta nueva “patraña”, al menos, algunos rehenes han sido liberados, y otros esperan en la cerrada selva su oportunidad. Colombia tiene al alcance de sus manos la derrota de la delincuencia terrorista representada por las FARC, que reciben un balón de oxígeno, ojalá tan sólo diplomático, desde Venezuela. Añádanse los ribetes de complejidad que se han sumado por la presencia de guerrilleros colombianos en territorio yuxta-fronterizos de la República de Ecuador, un nuevo elemento en discordia del sangriento conflicto interno que, desgraciadamente, se vive en Colombia.

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