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Etiquetas:   El crisol  

Jesús y la pena de muerte

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 26 de marzo de 2008, 02:35 h (CET)
Cada vez que nos encontramos con la celebración de la Semana Santa y veo los actos litúrgicos procesionales y las películas que sobre la vida de Jesús, nos ofrecen las cadenas de televisión, más me recuerda a la polémica de pena de muerte no, pena de muerte si.

En esos momentos de la pasión y muerte de Jesús, uno no puede por menos que reflexionar sobre la aplicación de la pena de muerte y sobre los partidarios de ella. Resulta como menos sorprendente que personas que se definen como católicos practicantes sean los que con más fuerza se manifiestan a favor de la aplicación de la pena capital y que invoquen a Jesucristo en situaciones difíciles o complicadas para ellos como puede ser el caso del presidente de loa EEUU, George Bush, que suele decirnos que es Díos quien guía y bendice todos sus actos como presidente, incluida, como no, la guerra de Iraq. Los seguidores de Jesús, demuestran su fariseismo cuando apoyan la aplicación de la máxima pena o, como en el caso de Bush, no le tiembla la mano a la hora de firmar multitud de ejecuciones en la silla eléctrica. Aunque hay que decir en su favor que en el día de Acción de Gracias celebrado en 2006, Bush indultó a un pavo. Por contra son los menos allegados al catolicismo, al menos en lo que a su práctica religiosa que no moral se refiere, los que se muestran contrarios a la pena de muerte.

Dudo de que Jesús tuviera una muerte digna como recientemente ha afirmado el obispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar, en mi opinión Jesús mantuvo su dignidad en la hora de su muerte pidiendo perdón al sumo hacedor para todos los que le habían llevado a ser azotado para posteriormente hacerle cargar con la cruz donde iba a ser crucificado y en la cual encontró la muerte, No, Jesús no tuvo un trato digno y por tanto no le dieron una muerte digna. Le trataron como nunca se debe tratar a un ser humano y Jesús ante todo era eso, una persona.

Por todo esto es por lo que nos debemos oponer a la pena de muerte. Lo que le sucedió a Jesús, es lo que le puede ocurrir a cualquiera de los que la ley, una ley despiadada, decida, y esa ley, hecha por los hombres, es la que propició que un hombre bueno y sobre todo inocente, como lo fue Jesús, muriera de forma tan cruel como injusta.

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