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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Píldoras abortivas

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
martes, 25 de marzo de 2008, 22:17 h (CET)
"Los feticidios se extienden" se ha convertido en un encabezamiento habitual en los medios de comunicación, siempre que el Ministerio de Sanidad divulga los resúmenes anuales. España ha superado los 100.000 malogros clínicos ejecutados bajo el abrigo de una legislación que los tolera. Se estima un incremento del 10,8 por ciento en relación al pasado año. Uno de cada seis bebés por alumbrar, son matados por el malparto inducido.

La ingente multiplicidad de los abortos quirúrgicos, esto es, el 97,5 por ciento, se ejecutan en chiringuitos particulares, con el peligro para la robustez de la joven, principalmente la "salud psíquica". Este supuesto es el filtrador que muda el malparto en algo asequible en España, como las últimas indagaciones judiciales ponen al descubierto. Abortaron casi 40.000 menores de 25 años. Y 14.000 las jóvenes que poseían menos de 20 primaveras. Desde que en España se infiltró el abortivo designado como la "píldora del día después" la cantidad de unidades repartidas en dispensarios y boticas superó las 600.000 pastillas.

Por otra parte, en el Reino Unido, diariamente, veinte jóvenes de dieciséis abriles comienzan la preñez. Casi 50.000 chavalas de 18 años quedan embarazadas anualmente, según la investigación del Sistema Nacional de Salud británico.

Se ha divulgado una campaña publicitaria en la que se han invertido 200 millones de euros, que persigue rebajar los embarazos de las mozas, al 50 por ciento en 2010. La campaña se ha cimentado en la entrega de condones y de la "píldora del día siguiente", sin la aprobación de los padres.

Gran Bretaña posee el índice de fecundaciones de muchachas más elevado de Europa occidental: el triple que en Francia; cuatro veces el italiano; seis veces el de Holanda. A la vez, se acrecienta la cantidad de estas preñadas que acaban abortando. El 58 por ciento, en el caso de las chicas de 16 años que malparen.

Tom Utley alude en el Daily Mail que "la educación sexual es ya una parte obligatoria" en los institutos públicos y se pregunta si "¿no es curioso que los índices de embarazos adolescentes se hayan disparado desde que las escuelas comenzaron a dedicar días enteros a la educación sexual?".

Son los padres y no los colegios quienes deben educar a sus hijos en todo lo relacionado con la sexualidad.

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Clemente Ferrer Roselló es presidente del Instituto Europeo de Marketing, Comunicación y Publicidad. Madrid.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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