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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

La pesada bota china

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 24 de marzo de 2008, 02:45 h (CET)
El Tibet es uno de esos países legendarios con el que tantas y tantas veces han soñado miles de gentes. Durante años era tenido por un paraíso natural ya que la deficiencia de sus infraestructuras hacía muy difícil para los ciudadanos europeos acceder a traspasar sus fronteras. Su situación geográfica siempre hizo de las tierras regidas por el Dalái Lama un precioso bocado ansiado por sus vecinos, su puesto de frontera entre dos pesos pesados de aquella región de la Tierra como son China y la India hizo que en 1959 las tropas maoístas invadieran el país de los lamas lanzando al exilio junto con centenares de miles de tibetanos a su jefe religioso y político. Así desde aquel marzo de hace ya 49 años el Dalái Lama, recordemos que fue Nóbel de la Paz, tiene su residencia oficial en la vecina India con la esperanza, utópica, de volver a recitar sus rezos en su palacio tibetano.

Para recordar aquellos tristes acontecimientos cada 10 de Marzo los tibetanos celebran su día nacional que, no puede ser de otra manera, es recordado con tristeza por los exiliados y con revueltas y protestas por la oposición tibetana en el interior. Pero este año con la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín en puertas los tibetanos llevaron un paso más allá de lo habitual su protesta anual y las autoridades chinas acallaron sus peticiones de libertad enviándoles tanques y camiones llenos de soldados fuertemente armados que no dudaron en disparar sus armas de fuego para reprimir a los manifestantes mientras el resto del mundo miraba hacía otra parte sin disimulo alguno. China es hoy ya una potencia que además de tener derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU representa un potencial económico importante para las economías capitalistas del resto del mundo.

La celebración de unos Juegos Olímpicos siempre es un acontecimiento que los políticos del país anfitrión aprovechan como un magnifico altavoz y arma política y propagandística. Y también los disidentes aprovechan la oportunidad que se les brinda para mostrar sus protestas ante el aluvión de periodistas de todo el mundo que acuden a las Olimpiadas. En la historia de los Juegos Olímpicos hemos visto toda clase de protestas: atletas representantes del Black Power con el puño en alto desde el podio, boicot de unos países a otros e incluso ataques terroristas. Por ello era fácil adivinar que la concesión de la organización de los Juegos del 2008 a China traería problemas ya que, a pesar de que USA ya no considera que allí se conculquen los derechos humanos, la organización política china dista mucho de asemejarse a una democracia al uso y los disidentes son encarcelados sin demasiadas garantías judiciales. El Comité Olímpico arrancó de las autoridades chinas la promesa de una apertura política a cambio de la concesión de los Juegos pero ya hemos visto que a las primeras de cambio hacen lo mismo que siempre, sacan los tanques a la calle como ya hicieran en 1989 durante la revuelta estudiantil de la plaza de Tiananmen, disparan contra los manifestantes y encierran en la cárcel a los disidentes.

Y mientras las autoridades chinas admiten que durante la revuelta de esta semana se han producido cerca de veinte muertos por disparos del ejercito, cantidad que las fuentes opositoras elevan a un centenar de fallecidos, el mundo se da la vuelta y mira hacia otro lado. Al fin y al cabo Tibet es un país que pocos saben situar en el mapa con una cierta exactitud y sus riquezas, una inmensa calma en sus lejanos paisajes, son intangibles no susceptibles de compra y venta. Por tanto dejaremos que los tibetanos sean aplastados por la inmensa bota china con la que nos interesa tener buenas relaciones ya que en su inmensidad China es un enorme mercado al que poder acudir y un excelente vivero de mano de obra barata susceptible de explotación. Al fin y al cabo el capital no entiende de patrias, su patria y su bandera es el logro del máximo beneficio con el mínimo riesgo y la inversión más baja. Por eso las organizaciones internacionales permanecen con la mordaza amarilla puesta sobre su boca y no elevan su voz ni tan siquiera en protesta por la expulsión de los dos únicos periodistas occidentales que hasta hoy podían informar de lo que ocurría en el Tibet y que han sido obligados a salir del país. Ahora tan sólo conoceremos aquellas noticias que la agencia oficial de noticias de China tenga interés en difundir, pura y dura propaganda.

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