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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Limitar el número de cartas y la muerte de Cristo

Eamon Sheeran (Murcia)
Redacción
sábado, 22 de marzo de 2008, 19:00 h (CET)
En primer lugar, quisiera sugerir que Siglo XXI limitase el número de cartas (y hasta su extensión, ¿no más de 200 palabras?) que se pueda publicar escrita por la misma persona. Es decir; una sola carta de la misma persona por día como máximo. Veo aparecer dos y hasta tres cartas de la misma persona en un solo dia. Hombre, si nos ponemos todos a escribir montones de cartas el mismo día la sección se convertirá en el más grande del periódico. A lo mejor entra en el libro de records de Guinness. Y no creo que limitar el número de cartas sea algo contra la libertad de expresión. No me puedo imaginar tres artículos de, por ejemplo, Fermín Bocos cada día. Y eso que él sí tiene algo que decir de verdad.

En cuanto a la muerte de Cristo a la que se refiere el ínclito Miguel Revilla bajo el título "Jesús no murió en la cruz" me pregunto, ¿cuántos forenses había allí? O a lo mejor había algún doctor, enfermera, ATS presente. En otro artículo(el mismo día) del mismo iluminado y bajo el título "La muerte de Cristo" nos suelta esta perla: "En ese afán de contradecir algunos el Cristianismo, llegan, incluso, al esperpento de negar su muerte en la Cruz y su Resurrección." Así que, es esperpéntico dudar; pues no. Y negar la resurrección de ese hombre llamado Jesús, tampoco. Pero, hombre de poca fé. Si tú crees en eso, allá tú. Pero permítanos a los que no, expresar nuestro rechazo a un supuesto hecho que JAMÁS se ha comprobado, y que si no fuera por los poderes que quieren mantener tal mentira, estaríamos riendonos todos como cuando leíamos los cuentos de Grimm o de Hans C. Andersen. Y si tu" Dios" existiera, desde luego no le haría falta personas como tú, ni nadie, para defenderle, ¿no te parece?

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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