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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Esperanza, en la resurrección

Elena Baeza (Málaga)
Redacción
lunes, 24 de marzo de 2008, 03:15 h (CET)
En la Última Cena, el Señor no había ocultado a los Apóstoles las contradicciones que les esperaban; sin embargo, les prometió que la tristeza se tornaría en gozo y esperanza.

La Virgen siempre ejercitó la esperanza, desde su juventud cuando deseaba ardientemente la llegada del Mesías; al final cuando todo parecía perdido en el Calvario, Ella esperaba la Resurrección gloriosa de su Hijo…mientras el mundo estaba asumido en la oscuridad.

Los discípulos de Emaús, también habían perdido la esperanza, porque Cristo en los que habían puesto todo el sentido de sus vidas, ha muerto. Abrumados por tristes pensamientos, no se imaginan que el desconocido que les da alcance y se une a ellos era El Señor.

La crucifixión del Señor había supuesto una grave prueba para las esperanzas de todos aquellos que se consideraban sus discípulos y que, en un grado o en otro, habían depositado en Él su confianza. Estos hombres conocían la promesa de Cristo acerca de su Resurrección al tercer día. Por la mañana habrían oído el mensaje de las mujeres y de los ángeles “el sepulcro está vacío”, sin embargo hablan de Cristo como de algo pasado, como de una ocasión perdida. Es la imagen viva del desaliento.

También nosotros algunas veces es posible que nos encontremos con el desaliento y la falta de esperanza ante defectos, dificultades económicas, enfermedades, problemas de muchos tipos…Pero debemos tener en cuenta que la esperanza es la virtud del caminante que, como nosotros, todavía no ha llegado a la meta. El poder de Dios se manifiesta en nuestra flaqueza, y nos impulsa a luchar, a combatir contra nuestros defectos, la vida cristiana es un constante comenzar y recomenzar, un renovarse cada día. Y nunca, perder la esperanza ante una caída, todo lo contrario levantarse una y otra vez, como el niño que comienza a andar, se cae y vuelve a levantarse una y otra vez, -el caso de mi nieto Nicolás- que ahora comienza sus primeros pasos, con la esperanza de que dentro unos días, unas semanas andará solo.

Esta es la esperanza del cristiano, que Jesús ha resucitado y está vivo, y, porque está vivo creemos que nos hace partícipes de la vida de Dios mediante el sacramento del Bautismo y nos alimenta en la Eucaristía.

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