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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

"Los escritores exorcizamos nuestros fantasmas en los personajes"

Federico Fernández Giordano, escritor
Redacción
miércoles, 4 de junio de 2008, 09:17 h (CET)
Por un instante imaginen, mis improbables lectores, que ustedes son escritores. Un día alguien llama a su puerta para contratar sus servicios y escribir su biografía. Además, ese alguien les entrega un libro que se actualiza continuamente, que se reescribe "ad infinitum". Sugerente, ¿no? Pues de eso va ‘El Libro de Nobac’, la novela con la que Federico Fernández Giordano (Uruguay, 1977) ha ganado el Premio Minotauro de literatura fantástica 2008. Este joven autor, de formación completamente autodidacta, se maneja por varios territorios: la música, el cine y la literatura. Y es, además, un lector empedernido: novela, ensayo, pensamiento, arte, prensa ... Lo suyo es asimilar el máximo conocimiento posible. No es este el primer premio que consigue, pero sí es el primero con el que hace promoción, algo que no todos los escritores llevan bien.




Federico Fernández Giordano.


Herme Cerezo / SIGLO XXI

Cuando gané el Premio de novela ‘El Andén Exprés’ no hice promoción y esta primera experiencia está resultando positiva. He pasado ya por Madrid y Barcelona. Me queda Sevilla y Bilbao y hoy estoy aquí en Valencia. Todavía no he perdido el norte, pero no necesito mucho para perderlo — risas.

Fernández Giordano escribe desde los ocho años y a los diez ya había acabado su primera novela. Desde entonces no ha parado de darle a la tecla.

Supongo que escribo por algún tipo de necesidad o de pulsión muy primaria, relacionada con el hecho de comenzar a pensar, a leer. Es algo que me viene desde la infancia.

Y no sólo novelas, también trabaja otros géneros literarios.

Escribo ensayos, artículos, guiones de cine y relatos cortos. El relato corto es un género importante. Ambroise Bierce o Borges lo cultivaron y el escritor argentino nunca escribió novelas, sólo cuentos.

Corto o largo, mayoritariamente se ha movido dentro del relato fantástico, aunque ‘El Libro de Nobac’ algunos lo adscriben a la ciencia ficción.

Siempre he escrito género fantástico y el ‘Libro de Nobac’ es literatura fantástica, no es ciencia ficción. Está más cerca de Borges, Lovecraft o Poe que de Tolkien o de las ucronías de Orwell y este tipo de cosas.

En lugar de rodar su novela por diversas editoriales, Federico Fernández Giordano optó por presentar su novela al premio literario Minotauro. Y la cosa no le ha ido nada mal.

La presenté pensando en un concurso apropiado para ella, que se encuadrara dentro del género fantástico. Y la envié al Premio Minotauro para ver qué ocurría.

Valdemar: en la séptima línea de la primera página de ‘El Libro de Nobac’ surge este nombre mítico de la literatura fantástica o de misterio, el extraño personaje, sometido a prácticas de mesmerismo, creado por Edgar Allan Poe. Parece evidente que captar pronto al lector era tu objetivo ¿no?

Me interesa mucho, si es posible, atrapar al lector desde la primera frase, como ocurre en el famoso inicio de la metamorfosis de Kafka: "Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto". Ese efecto me parece maravilloso, perfecto para conseguir mi objetivo. Y claro Valdemar y el propio nombre del protagonista, Edgar Pym, son acrónimos extraídos de Poe. Lo que ocurre es que puse estos nombres por pura pereza, porque no se me ocurría como llamar a los personajes. Pero al final de la novela tiene un sentido, es una de las subtramas que existen.

También parece evidente que rindes un homenaje a Poe, ¿no?

El tema del homenaje a Poe se ha salido de madre. Al principio era un pequeño guiño sin mayor importancia, como te he dicho, pero desde el momento en que la novela presenta una estructura claramente policiaca, también es un homenaje a la literatura negra, a la de intriga, a la de misterio tradicional. Yo quería obtener provecho de todos estos recursos, reciclándolos.

En ‘El Libro de Arena’, Borges escribe: "Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin". El Libro de Nobac tiene principio ¿y fin?

Es una buena comparación la de ‘El Libro de Arena’ que también es un libro vivo. El espíritu de mi novela va por ahí, es una idea muy borgiana, aunque recuerdo que cuando leí el relato de Borges ya había comenzado a escribirla. Ambos textos comparten el sedimento del libro como un objeto vivo, pero en este caso el romanticismo que puede tener un libro activo, animado, se convierte en algo negativo, de fatalidad, un auténtico infierno para sus protagonistas.

El factor de la autoescritura es muy interesante para un escritor ¿no?

Sí, eso me proporcionaba un matiz entretenido e interesante, el juego de los espejos de la narración y de lo que se refleja en el libro. En realidad, me sorprende que mi libro haya subido tanto. Fui afinando el estilo, pero al principio mi novela no la entendía ni yo. Me pasaba un poco como a Dashiell Hammet cuando le preguntaron, a propósito de su novela ‘El halcón maltés’, ¿quién había matado al chófer? Y él respondió que ni él mismo lo sabía.

En toda novela, especialmente las ganadoras de un concurso literario, el título es importante. ¿De dónde proviene ‘El Libro de Nobac’?

En realidad, es un segundo título. Durante mucho tiempo se tituló ‘El anónimo’, porque ‘El Libro de Nobac’ es anónimo. Y me gustaba esa idea del libro que no ha escrito nadie, que no es de nadie, el concepto de la identidad. Pero claro ese título no me llevaba a ninguna parte y opté por otro mucho más convencional. En esto decidí atenerme al criterio de Humberto Eco cuando dijo que un título debe decir tanto como esconder.

Observo un contraste curioso entre el tema central del libro que se reescribe continuamente, una idea mágica, misteriosa, evidentemente romántica, y la época en la que se desarrolla, donde los protagonistas se manejan entre ordenadores de última tecnología, móviles, magnetofones...

Yo concebí mi novela como una historia actual. Me han dicho alguna vez que es una historia gótica contemporánea, que no digo que no sea verdad porque he utilizado recursos de novela gótica clásica. Pero lo que más me interesaba era centrarme en un retrato de nuestro tiempo, un marco que reflejase las inquietudes de la gente de hoy.

Más contrastes: Lisa Lynch y Edgar Pym no pueden ser más opuestos.

Ese contraste da un juego tremendo. Son el racionalismo y el escepticismo enfrentados. Lisa es racional y Edgar caótico, disperso. A partir de ahí, inevitablemente, surgen preguntas, conflictos, dudas ...

Todo autor deja su impronta en sus personajes. Es una verdad literaria indudable y contrastada. ¿Qué tiene Edgar Pym de Federico Fernández Giordano?

Me parece que tiene bastante. Los escritores exorcizamos nuestros fantasmas en los personajes, a los que hacemos padecer las truculencias más fuertes y colocamos en los infiernos más profundos, hasta la perdición. Es como una venganza sobre nuestras propias criaturas.

Antes hemos hablado de que tocas todos los palos literarios que se te ponen a tiro, pero además, también haces música y con otro nombre, Mad Wilson. ¿En qué faceta te sientes más a gusto y por qué ese cambio de nombre?

Lo de la música lo he llevado siempre parejo con la escritura. Mi interés es muy diverso, me interesan muchas cosas. A veces no sé si soy un músico que escribe o un escritor que toca música. Es difícil de saber. Es una ambivalencia y ambas facetas me resultan muy satisfactorias. El cambio de nombre no es nada serio. Fue algo que salió a partir de un chiste y que pensé que no trascendería, pero mira, al final ahí está presente.

Terminamos, ¿qué preparas ahora?

Tengo una tercera novela terminada, que no es de género fantástico, y además trabajo en otras dos que sí lo son. Ando también metido en un ensayo y en un montón de relatos cortos.

Y hasta aquí la entrevista con Federico Fernández Giordano, realizada una vez más en el Hotel Astoria de Valencia. No obstante, de vez en cuando, échenle un vistazo, mis improbables, así podrán comprobar si crece, se autoescribe o se actualiza al más puro estilo Nobac. Que nunca se sabe.

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