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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Queremos recomponer nuestras vidas?

Pilar Mariscal (Málaga)
Redacción
sábado, 22 de marzo de 2008, 17:15 h (CET)
Con frecuencia escuchamos desastres, como violencia de género, violencia juvenil, gente insatisfecha, el aumento de drogadicción…y hay quiénes dicen ¿es que Dios se ha olvidado de nosotros? Nó, Dios no se ha olvidado de nosotros, somos nosotros los que nos hemos apartado de Él. Yo, suelo hacerles a mis hijos una comparación muy simple. Cuando adquirimos un electrodoméstico, una lavadora, un lavaplatos…antes de usarlos leemos muy detenidamente su libro de instrucciones, si queremos que funcione correctamente. ¿Qué ocurriría, si en nuestras prisas introducimos en la lavadora los platos y en el lavavajillas la ropa sucia? Ya, podemos imaginar el destrozo.

Dios, cuando creó el mundo y vio el desastre que éramos, a través de Moisés, nos reveló “Los Mandamientos de la Ley de Dios”, los que por desgracia son muy pocos los que los cumplen. Unos, porque ya se les ha olvidado, otros porque creen que están pasados de moda, algunos porque no han tenido la oportunidad de que alguien se los enseñe.

Pues, si de vez en cuando los leyéramos e intentáramos cumplirlos, ¡como nos iría la vida! Y, aún más, podemos fallar una y mil veces, “destrozados, hechos añicos, como los platos y la ropa”, pero la Misericordia Divina es tan infinita que cuando existe el verdadero arrepentimiento y acudimos al Sacramento de la Penitencia, el Señor, una y otra vez y todas las veces, nos pondrá unas lañas para recomponernos, hasta dejarnos en perfectas condiciones de funcionamiento. O sea, con una abundante gracia y llenos de amor, para seguir haciendo el bien, comprendiendo, compartiendo, ayudando y sobre todo amando.

Gracias, que se adquieren a través del sacramento de la penitencia.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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