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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El Gobernador de Nueva York

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
sábado, 22 de marzo de 2008, 17:15 h (CET)
En el caso tan sonado de la dimisión del gobernador de Nueva York, Spitzer, “por líos de faldas”, merece la pena resaltar algunos aspectos que bien podrían ser modélicos, dentro del código moral o ético por el que se rige la democracia americana.

Podrá achacarse a ésta, sus imperfecciones, como a todo sistema humano, pero es de admirar por otro lado, que, a una sola voz, a un cargo público, no se le tolere su infidelidad a su mujer. Le ha costado el cargo. Ni la Prensa, ni sus enemigos, ni sus compañeros de partido, ni los votantes han sido tolerantes con el gobernador infiel. Buena oportunidad para que nuestros políticos opinasen al respecto.¿Merece credibilidad un diputado, un político del género que sea, que no es fiel a su pareja?. ¿Es bueno, malo o indiferente para una sociedad permisiva, tolerante y hasta progresista como la española, la conducta sexual privada de sus representantes?.

Por otra parte, el gobernador Spitzer, de cara a la opinión pública, ha tenido una reacción que pocos le podrán reprochar. Se ha hecho responsable de sus propios actos y consecuencias de los mismos, asumiendo su dimisión.

Toda la comprensión que se quiera y hasta compasión, para quien en vez de disculparse y de justificarse, es capaz de decir :”Los remordimientos que siento estarán siempre conmigo” y agradeció a su esposa y círculo más cercano su “amor y compasión”.”Siento mucho que no viví de la manera que se esperaba de mí. En mi vida pública, siempre he exigido que la gente asuma la responsabilidad de su conducta. No puedo exigirme menos a mí mismo. Por esta razón, presento mi dimisión”. Nadie se atreverá a tirar la primera piedra a una persona que se expresa con humildad y está dispuesto a pagar el precio de su error. Humanum est errare.

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