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El dolor paraguayo y la democracia puntofijista

Luis Agüero Wagner
Redacción
sábado, 22 de marzo de 2008, 17:29 h (CET)
El primer crédito de nuestra historia llegó al Paraguay cuando aún humeaban los campos de batalla de la guerra contra la alianza anglo-brasileño-mitrista de 1865, y sus hordas aún no terminaban de saquear al país reducido a la devastación moral y material. Era la primera transición democrática de la historia paraguaya, tutelada por las tropas brasileñas de ocupación de cuyo favor dependían los políticos para hacer carrera.

Aquella primera deuda de 3 millones de libras esterlinas contraída con la Baring Brothers (1871-72) significó la inauguración de los delitos de enriquecimiento ilícito, corrupción e impunidad en Paraguay. De los tres millones solo llegaron a Paraguay 403 mil.

La mora en el servicio de los fraudulentos créditos facilitó la transferencia del ferrocarril del estado y 500 leguas cuadradas de tierras públicas a una corporación de tenedores de bonos extranjeros de Londres.

Estos negocios desastrosos de una dirigencia desmoralizada por la derrota y despojada de responsabilidad dieron origen al latifundio: sobresalió en este rubro La Industrial Paraguaya SA. Los esclavistas, que murieron impunes, tienen nombres y apellidos todavía conocidos: Bernardino Caballero, Patricio Escobar, Juan Bautista Gaona, todos ellos importantes caudillos políticos del liberalismo impuesto por los ejércitos de ocupación para servir a intereses subimperiales de Argentina y Brasil.

Los ingleses que se adueñaron del ferrocarril nacional pasaron a convertirse en los hombres más influyentes del Paraguay, superando incluso a los ministros y al presidente de la república. La corrupción a gran escala se adueñó del manejo del tesoro público; el cónsul inglés informaba a principios del siglo XX que robar al estado no se consideraba en Paraguay como robo.

Uno de los alegatos más desgarradores de la miseria en que se debatían los paraguayos de aquel tiempo es el testimonio del anarquista español Rafael Barret, quien vivió en el Paraguay en la primera década del siglo XX y escribió una serie de artículos recogidos en un volumen titulado "El Dolor paraguayo".

Aunque algunos intentan presentarnos aquella etapa de la historia paraguaya como de apertura democrática, lo cierto es que entre 1870 y la dictadura de Stroessner, en una sola oportunidad hubo dos candidatos que se enfrentaron en elecciones presidenciales. Desde 1904 hasta 1924 el Partido Liberal, que hoy postula a la presidencia al obispo Fernando Lugo, sacrificó al Paraguay 17 presidentes, cuando de acuerdo a la Constitución vigente no deberían haber sido más de cinco. Uno de los estadistas que más elogian por lucidez y honestidad los historiadores, Manuel Gondra, no despertaba la misma admiración entre los seguidores del partido Liberal, dado que fue presidente de la república dos veces (en 1910 y 1920) y las dos veces fue derribado a cañonazos por los propios liberales. Huelga comentar que no estamos hablando de una sólida institucionalidad democrática en una etapa semejante.

Dado que en gesto loable desde todo punto de vista, el estado paraguayo viene indemnizando a las víctimas de la dictadura, debemos entender por lo tanto que "dictadura" es la forma de gobierno que se aplicó en Paraguay en el lapso de tiempo comprendido entre el 15 de mayo de 1811 y el 3 de febrero de 1989. Minutos más, minutos menos.

Desafortunadamente en este país donde la primera víctima de la democracia ha sido la economía, el resarcimiento no alcanza a las víctimas de la actual transición democrática, objeto de una injusta discriminación por parte del Defensor del pueblo, la Comisión de Verdad y Justicia y el Ministerio de Hacienda. Los descalabros económicos se agudizaron, ciertamente, a partir del "pacto de gobernabilidad" con el cual el Partido Liberal ocupó importantes posiciones en la administración del estado, a modo de solapado cogobierno puntofijista a partir de 1993, en que dieron sustento político al presidente Juan Carlos Wasmosy a cambio de prebendas.

El resultado del "aporte" del Partido Liberal al gobierno de Wasmosy no se hizo esperar. Entre las víctimas del pacto puntofijista podríamos mencionar a los mismos accionistas de Bancopar como Antonio Sacarello o Ricardo Carrasco (cuñado del "exitoso empresario" Juan Carlos Wasmosy), cuyo banco acabó intervenido entre otros motivos, por la deuda impaga de 19.000 millones que había dejado la campaña presidencial "Wasmosy-Seifart 1993". A estas víctimas se sumaron de inmediato los ahorristas de Hogar Propio, Bancosur, Financiera Estrella y otros, que costaron al país sólo hasta junio de 1995 el desembolso de 400.000 millones de guaraníes, monto irrecuperable que iría a duplicarse en pocas semanas. A todos estos mártires deben añadirse los afectados por la intervención del Grupo Bienestar Familiar, del Banco Mercantil, del Banco Unión, y de Busaif.

A todas estas víctimas de la transición, decenas de miles de personas estafadas –varias de las cuales acabaron sus días suicidándose o sufriendo un infarto– necesariamente debemos sumar los miles y miles a quienes la recesión lanzó al desempleo mientras las autoridades hacían gala de tolerancia para con los defraudadores. A estas víctimas ya contabilizadas, se añaden los habitantes de Ciudad del Este, inmolados por incapacidad política y diplomática del cogobierno, cual numantinos bajo las legiones romanas en la antigua Hispania. Para ir calculando el total, basta mencionar que para 1999 la cantidad de establecimientos comerciales quedó reducida a la mitad, con la consiguiente pérdida de centenares de miles de puestos de trabajo.

Para quienes aún no se conmueven con estas cifras de sacrificados, podemos añadir a los centenares de miles de compatriotas indocumentados que son explotados en empleos indeseables e insalubres en Estados Unidos o España, y a todas las paraguayas reducidas a la esclavitud sexual en prostíbulos de Argentina y otros destinos obligados ante el fracaso de los responsables de crear empleo en todos esos años.

Quienes pensaban que la cosa no podía empeorar aún más vieron desmentida su apreciación cuando en marzo de 1999 el partido Encuentro Nacional se sumó al cogobierno, y otros partidos menores como el Febrerista o el Demócrata cristiano (hoy también soportes políticos del obispo Fernando Lugo, al igual que el Liberal) apoyaron al nuevo gabinete desde el público.

Durante el co-gobierno compartido con el Partido Liberal –que hoy candidata en Paraguay al obispo Fernando Lugo- y el Encuentro nacional, el déficit fiscal producto del grotesco derroche se disparó a partir de abril de 1999 en forma geométrica debido a las clientelas políticas de estos partidos "luguistas" que cual manadas depredadoras, atacaron con resolución digna de mejor causa los cargos públicos, sin discriminar ministerios, empresas del estado, organismos descentralizados ni autónomos.

Aplicando la ley del menor esfuerzo, al cogobierno de marras se le ocurrió contratar un megacrédito de 400 millones de dólares con la banca de Taiwán, de volátil memoria, para subsanar pérdidas. Aunque el supuesto crédito debía destinarse a la "reactivación productiva y saneamiento financiero", si la memoria no nos falla lo único reactivado por aquel tiempo fue el consumo de escocés entre los integrantes del gobierno, y lo único que logró sanearse fueron las bodegas del país que quedaron limpias.

En prueba de que la economía se estaba revitalizando, muchos burócratas del cogobierno ampliaron sus ingresos incursionando en el mundo de las grandes finanzas. Los liberales Francisco José de Vargas y José Félix Fernández Estigarribia contribuyeron a la reactivación productiva inaugurando importantes establecimientos ganaderos en el Chaco. El presidente González Macchi y su parentela, para estar a tono con la reactivación de las inversiones en bienes raíces se compraron una bonita villa en el sur de la Florida.

Gran parte del crédito chino, como es costumbre en Paraguay, se descargó en el bolsillo de otros funcionarios del cogobierno y de allí sin escala terminó en las playas de Punta del Este. A pesar de todos estos patrióticos esfuerzos por reactivar la economía, el déficit siguió creciendo hasta un pico de 350 millones en el ejercicio 2000.

Entre junio de 1999 y marzo del 2000 se habrían tenido que vender 800 millones de dólares de las reservas del BCP para contener la devaluación, ya que en heroico esfuerzo por revivir la producción, seguía chorreando dinero para los amigos. Cuando se decidió parar el drenaje el guaraní estaba fuertemente devaluado: durante el 2001 se depreció en un 31 por ciento, incrementando la morosidad y crisis económica.

En conclusión, muy equivocados están quienes piensan que existe incertidumbre con respecto al rumbo económico en caso de tomar las riendas del país el candidato del Partido Liberal y del Encuentro Nacional. Basta hacer una breve memoria sobre su aporte a la economía paraguaya con su participación en cogobierno durante las administraciones de Wasmosy y González Macchi.

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