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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

¿Murió Jesús?

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 20 de marzo de 2008, 09:11 h (CET)
Supongamos que el sudario de Milán es una pieza auténtica que corresponde a la fecha que le otorga la prueba del carbono. ¿Corresponde la imagen que lleva estampada a la de Jesús? Aquí ya entran las dudas legítimas.

Miguel Lorente, médico forense, afirma rotundamente que la figura estampada en el lienzo famoso corresponde a la de un hombre vivo, lo cual le hace afirmar con rotundidad que Jesús no murió. La conclusión a la que ha llegado el forense analizando la sábana no aporta nada nuevo. A lo largo de la Historia se ha intentado negar la historicidad de los relatos evangélicos afirmando que no se encuentran verificados por crónicas ajenas a la Biblia.

Lucas, un médico gentil, es decir, no judío, al comienzo de su evangelio expone cómo escribió su versión que hace de la vida de Jesús. Explica el método seguido, diciendo: “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que ante nosotros han sido ciertísimas, tal como lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (Lucas,1:1-4).

El método seguido por Lucas para escribir su historia de Jesús no es el mismo que emplea Juan Arias para escribir su «Jesús ese gran desconocido», que se apoya en lo que expertos en cristologia han dicho y, estos a su vez, argumentan en lo que otros versados han enseñado, todos ellos, pero, sin tener en cuenta los evangelios que son los relatos basados en los testimonios de aquellos que desde el principio vieron con sus propios ojos, para llegar a sus conclusiones. Se sabe que un acontecimiento determinado se distorsiona a medida que va pasando de boca en boca. No es esta la manera de hacer de Lucas. No busca informarse en personas que han oído. Escribe su vida de Jesús yendo a las mismas fuentes “tal como enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos”. ¿Qué es lo que vieron con sus ojos los informadores de Lucas?, que Jesús dijo: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”. Que un tal José de Arimatea “fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo (de la cruz) lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña”. Que unas mujeres que habían venido con él desde Galilea “vieron el sepulcro, y como fue puesto su cuerpo”. Que estas mismas mujeres, el primer día de la semana fueron al sepulcro y “hallaron removida la piedra, y entrando no hallaron el cuerpo del Señor Jesús”. En un principio creían que alguien había sustraído el cuerpo de Jesús. Estaban preocupadas por lo que havia sucedido. A lo largo de aquel día, Jesús, en diversas ocasiones da evidencias de su resurrección, presentándose ante sus seguidores con su cuerpo glorificado e inmortal.

El clamor unánime de los seguidores de Jesús ante las evidencias de su resurrección fue: “Ha resucitado el Señor, verdaderamente”. Si resucitó fue porque previamente había muerto.

El apóstol Pablo se encuentra en Atenas predicando el evangelio de Jesús y de la resurrección. Los atenienses de aquella época, muy dados a compartir cosas nuevas, lo llevaron al Areópago, lugar público en el que se disertaba sobre temas de actualidad, a que explicase la doctrina innovadora que traía. Cuando el apóstol afirma que Dios levantó a Cristo de entre los muertos, el público, cuando oyó lo de la resurrección de los muertos ”unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez” (Hechos,17:32). De buenas maneras le dejaron con la palabra en los labios. Las cosas verdaderamente espirituales deben analizarse espiritualmente, es decir, bajo la dirección del Espíritu Santo., que ilumina al ser humano para que pueda entenderlas. No es de extrañar, pues, que la doctrina de la muerte de Cristo y de su posterior resurrección, tan opuesta a los razonamientos no iluminados por el Espíritu Santo, levante tanta controversia y oposición.

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