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Una reflexión para los que perdimos las elecciones

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 19 de marzo de 2008, 01:54 h (CET)
Es de cajón, amigos, – los que hayan votado al PSOE y aquellos que no compartan nuestros ideales políticos pueden abstenerse de continuar leyendo, porque los temas que trataremos no les atañen – que a los simpatizantes de las ideas de derechas nos quedan tiempos de travesía del desierto, que es lo mismo que decir que deberemos apretar los dientes y aguantar el chaparrón hasta que la tempestad que se nos ha venido encima con la victoria electoral del PSOE vaya amainando y renazcan las esperanzas de épocas mejores. A mi se me antoja que estamos ante dos realidades a las que deberemos hacer frente con el mejor ánimo posible. La primera y quizá la más inmediata, será la lectura triunfalista, quizá por inesperada, que el señor ZP hará de su holgada ventaja sobre el PP. Ya estamos viendo como estos días saca pecho ante propios y extraños ramoneando por Europa entre abrazos a Sarkozy, arrullos a la Merkel y guiños de complicidad con el Británico Gordon Brown; hasta el señor Bush, su denostado enemigo ha tenido unas palabras de felicitación para él. Este efecto tendrá fecha de caducidad en pocos días, los necesarios para que descienda de su pedestal y se de de morros con la situación económica del país.

La segunda realidad con la que nos vamos a encontrar será la confirmación de determinadas políticas ya iniciadas en el anterior mandato del PSOE, interrumpidas por un tiempo por circunstancias de oportunismo electoral y que, sin duda alguna, van a tener su continuidad una vez ZP haya formado nuevo gobierno y se vea precisado a conseguir los apoyos precisos para poder gobernar con una mayoría suficiente. Es evidente que el nuevo mapa electoral que los comicios han dejado en Catalunya ha, debilitado a sus anteriores apoyos, ERC e IC y los Verdes que se han pegado un morrocotudo costalazo, en beneficio del PSC, del que les va a costar recuperarse. Su apoyo, al parecer el único con el que cuenta, puede ser CIU que ya se está dejando querer, y esto contando con que el PSC no quiera sacar partido de su éxito electoral y decida ponerle difíciles las cosas a su jefe, el señor ZP. En cualquier caso, queda claro que Catalunya ha contribuido de una forma decisiva en la victoria del PSOE y no es muy aventurado esperar que le vaya a pasar factura, tanto en lo que respeta al Estatut – atrancado en el TC – como en cuanto a la financiación de las infraestructuras y cuotas de autogestión.

Volverán a salir a relucir las consabidas quejas por la desigual contribución de los catalanes a las arcas del Estado, del que se quejan que no les compensa debidamente. Se hablará de nuevo de las balanzas fiscales del resto de las autonomías y se volverán a las sempiternas lamentaciones que tanto fruto les han dado desde que Zapatero se hizo cargo de las riendas del gobierno de la Nación. Es evidente que, a la vista de las últimas actuaciones del TC con respecto a la consolidación en su puesto de su presidenta, afín a las tesis del PSOE, y el trato que han recibido dos magistrados conservadores que han sido excluidos para decidir sobre el recurso del PP respecto a la ley que permitió la prórroga del mandato de aquella; el Estatut va a salir de su prueba en el TC, sin más que unos ligeros arañazos que sirvan para justificar la actuación de los magistrados sin que se les caiga la cara de vergüenza ante el trágala que se verán obligados a engullirse.

Lo que si queda claro es que España, a partir de ahora, directa o indirectamente, con ministros catalanes en el Gobierno o sin ellos, va a ser mediatizada desde Catalunya. Ya estamos viendo como se ha saltado la Constitución en temas de la enjundia de la obligación de conocer el castellano; la obligatoriedad de que la bandera española ondee en todos los edificios oficiales del país; los derecho que la Constitución otorga a los padres para que elijan la formación ética y religiosa que deberán recibir sus hijos o, en lo que respeta a la igualdad de todos los españoles ante la ley, lo que, evidentemente, no ocurre en aquellas comunidades en las que el separatismo ha hecho de su capa un sayo, pasándose por la montera los preceptos constitucionales sin que, ni los jueces, ni los organismos estatales, ni el mismo TC, que debe garantizar el cumplimiento de la Carta Magna, hayan hecho el más mínimo gesto para evitarlo.

Y para acabar de redondear este triste panorama al que deberemos hacer frente, echemos una mirada al PP de después de las elecciones. Se han dedicado a buscar cabezas de turco en las que intentar descargar todas las culpas del fracaso electoral, cargando sobre dos elementos de la categoría de Zaplana y Aceves, los únicos que han tenido las ideas claras sobre lo que pensaban la mayoría de los simpatizantes del partido; han optado por aquello de “matar al mensajero” como si, arrojando a aquellos desde lo alto de la “Roca Tarpeya”, ya se hubiese purificado el partido de los males que lleva arrastrando desde que el señor Aznar decidió no continuar al frente del mismo. Las típicas luchas por el poder; los rifirrafes habituales; las camarillas de costumbre y un señor Rajoy, que parece que ha quedado tocado del enfrentamiento con Zapatero, que da la sensación que esté flotando en un mar de dudas. Y es que la dirección del PP, en lugar de hacer una reflexión sobre las causas que han motivado su derrota; en lugar de hacer penitencia por haber dejado fuera de la lucha electoral, en Catalunya, a un elemento tan válido como era el señor Vidal Cuadras y en lugar de haber zanjado con mano de hierro las veleidades con las izquierdas del señor Ruiz Gallardón; ha optado por los paños calientes y por las timideces propias de las derechas inseguras, que siempre se muestran remisas a aceptar su propia propuesta, como si temieran o se avergonzaran de defender la economía de libre mercado, la ética y la moral cristiana, la unidad de la Nación y el imperio de la Ley. Mal iremos si continuamos por estos derroteros. Mal si nos dejamos absorber por el adversario y peor si creemos que vamos a derrotarlo con paños calientes y cediendo ante temas como el aborto o la enseñanza. Quizá alguien debiera pensar en fundar una nueva formación política que agrupara a los miles de descontentos que nos desesperamos viendo como el país se desmorona.

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