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Etiquetas:   A la guerra con la guerra  

El carnaval del Chiki Chiki

Oscar A. Matías
Óscar A. Matías
miércoles, 19 de marzo de 2008, 01:54 h (CET)
Hace un tiempo me escribía un amigo que reside en los Estados Unidos: “Es que los de aquí, se creen que toda España somos como los de Lucía y el sexo, o como Torrente”. Me hizo pensar, porque la imagen que transmitimos, en la mayoría de los casos, nada tiene que ver con la realidad de nuestro país. Muchas películas y series de televisión pretenden mostrar una imagen totalmente alejada y ajena de la realidad. El ciudadano común no va dándole rienda suelta a la sufrida aerofagia, ni eructa a medio palmo de la cara de cualquiera, ni está todo el día con una enfermiza adicción a todo lo que suene a sexo…

Lo peor del caso es que la imagen que transmitimos nos la creamos nosotros mismos. Somos nosotros los culpables de tal y como nos ven por ahí. En cuanto sale Torrente… ¡venga! ¡todos a reírle las gracias! Y claro, en vista del éxito taquillero, luego del uno viene el dos, el tres, el cuatro… hasta que los ingresos en taquilla demuestren que una bazofia peor acaba de ser estrenada y obtiene mayor éxito. Del pueblerino analfabeto made in Martínez Soria fuimos pasando al rudo y zafio Torrente.

Pero parece que la historia solamente acaba de empezar, porque un nuevo fenómeno se está estrenando en España, para acabar de echar más leña al fuego. Chiquilicuatre y su Chiki Chiki está cobrando vida a una nueva revolución cultural, a cada cual peor. Una imagen que calará a los ojos del resto de la Comunidad Europea, que confirmará la teoría de aquellos que creen que los españoles somos unos horteras y unos analfabetos, y lo más probable es que hagamos mucha gracia con nuestro representante, pero no olvidemos que no se reirán con nosotros, no… se reirán de nosotros.

Y aunque a Chiquilicuatre le avalen los 60 puntos que le bastaron para imponerse a la segunda clasificada, Coral, no deja de ser un producto fruto de la manipulación mediática ejercida por Buenafuente. Con ello queda patente que por mucho sentido común que tenga la gente, los medios son capaces de ejercer una presión tan impactante que anula la lógica y la razón. Y si no… ahí quedan los votos que le dieron la victoria. Otra cosa sería analizar aquellos que le votaron, que bien seguro deben ser los más frikis del país a los que no les hables de leer un buen libro, disfrutar de una película de calidad o de ejercer un análisis real sobre la situación de nuestro país. También estarán los que, tomándoselo a cachondeo, debieron optar libremente por dejarse influir por los del Terrat.

En sus orígenes Eurovisión pretendía ser un producto serio, competitivo y de calidad. Aunque su primera edición fuera el 24 de mayo del 1956, España no formó parte del concurso hasta el año 1961 con la representación de Conchita Bautista y su canción “Estando contigo”. Desde entonces han pasado formidables artistas que han sido capaces de dejar un buen sabor de boca: Raphael, Massiel (con victoria en el 1968), Julio Iglesias, Salomé, Karina, Mocedades… El descalabro de Remedios Amaya y su barca algunos ya lo habían olvidado, tras el relanzamiento de nuestra representación con artistas de la talla de Paloma San Basilio, Patricia Kraus o incluso la Década Prodigiosa con “La chica que yo quiero”. Rosa nos unió a todos de nuevo, a resultas del boom que produjo la primera edición de Operación Triunfo.

Seguro que el Chiki Chiki tendrá su efecto mundial, y si a ello le unimos las declaradas de Zerolo sobre sus orgasmos democráticos y los patéticos resultados del informe Pisa, España seguirá permaneciendo en la cola de la incultura y del ridículo. Lo ordinario es fácil, la exquisitez supone esfuerzo… ¡perrea, perrea!

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