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Opinión
Etiquetas:   Análisis internacional  

La tormenta británica y los liberales

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 18 de marzo de 2008, 08:10 h (CET)
El partido demo-liberal acabó su convención cuando se inicia un gran ventarrón natural en Gran Bretaña. Tras ese evento, el liberalismo busca nuevos aires, volver al centro y colocarse en una posición para producir un huracán que cambie al sistema parlamentario.

Desde la tarde del domingo 9 de Marzo se ha iniciado uno de los peores huracanes que han azotado en los últimos años al Reino Unido. Los daños materiales podrían llegar a mil millones de libras (el doble en dólares). Los vientos superan las 80 millas por hora, la cual es la velocidad máxima tolerada en la mayor parte de las autopistas británicas.

Por una curiosa coincidencia, esta tempestad se ha desatado apenas terminaba la conferencia del Partido Liberal Democrático en Liverpool, donde su nuevo líder Nick Clegg ha anunciado que él pretende un ventarrón que altere el sistema político que ha regido durante siglos a su país.

Convención liberal
Clegg, quien recién llegó a ser el líder liberal el 18 de diciembre, ha presidido su primera conferencia. Esto se ha dado unos días después que su partido tuvo un fuerte temblor interno cuando un cuarto de sus parlamentarios se rebelaron contra su orden de abstenerse en una votación en la Casa de los Comunes acerca de si convocar o no a un referendo sobre el nuevo tratado de la Unión Europea. Mientras un considerable número de sus colegas apoyó la propuesta conservadora de exigir que el Reino Unido vote si se ratifica o no al nuevo Pacto de Lisboa, Clegg no quiso avalar a los ‘tories’ pero tampoco apoyar la negativa laborista (la cual ganó).

Esta conferencia ha servido para preparar a los liberal-demócratas para las elecciones municipales que tendrán Londres y algunos distritos ingleses este primero de Mayo. Este partido usualmente tiene un mejor desempeño en los comicios locales que en los parlamentarios, debido a que el sistema de representación uninominal en la casa de los comunes está diseñado para favorecer al bipartidismo y quitarle peso a los partidos menores. Sin embargo, los liberales no tienen ninguna posibilidad de colocar a su candidato Brian Paddick dentro de los dos más votados para la alcaldía de Londres.

El impasse liberal
Para los liberales, su principal reto es cómo lograr que, pese a ser un partido que bordea siempre el quinto de los votos a nivel nacional pueda dejar de tener siempre menos del décimo del parlamento. Desde 1922 los liberales dejaron de ser, junto a los conservadores, una de las dos fuerzas pilares del Reino Unido. En los últimos 86 años los laboristas los reemplazaron como el único partido capaz de competir con los conservadores y alternarse con ellos en el poder.

Tras que en los años cincuentas y sesentas los liberales estuvieron a punto de extinguirse, ellos cobrarán cierto despegue en los setentas y, especialmente, tras que el ala derecha del laborismo rompe con el rumbo radical de éste y fundase en 1981 el Partido Socialdemócrata. La alianza liberal-socialdemócrata obtendría más de un quinto de los votos en las elecciones de 1983 y 1987 y en 1988 la mayoría de ambos se fusionan en el actual Partido Liberal Demócrata.

Si bien inicialmente esta nueva fuerza (que hoy usa el color amarillo) calaba colocándose en el centro entre los rojos y los azules, la elección de Tony Blair como líder laborista en 1994 cambió mucho. Blair re-posicionó al partido de la rosa rebautizándolo como “Nuevo Laborismo” y fue haciendo que éste acepte el thatcherismo económico y se deslinde de sus anteriores políticas estatistas. El mismo empezó a hablar de crear un centro radical y de subsanar las heridas hechas cuando liberales y laboristas se escindieron en 1900 para buscar un nuevo siglo en el cual los conservadores quedasen relegados.

Los liberales colaboraron parcialmente con Blair y hasta conformaron parte de gobiernos con los laboristas a nivel regional. También llegaron a hacer un pacto, mediante el cual ambos se ayudaban a que el candidato de ellos que en una determinada circunscripción estuviese con más posibilidades de derrotar a los tories fuese apuntalado.

A medida que Blair se fue desgastando, el liberalismo fue ubicándose a la izquierda del laborismo. Esto era algo inédito en la historia pues los “rojos” fueron el brazo de los sindicatos que en 1900 rompe por la izquierda con el liberalismo y luego los “amarillos” reclutaron al ala derecha socialdemócrata que rompió con el laborismo en 1981.

Tal era el giro de Blair hacia políticas pro-privatizaciones y pro-Bush en cuestiones externas, que los liberales aparecieron cuestionando la guerra a Bagdad, el pedir matrículas a los universitarios, recortar ciertos beneficios, restringir la inmigración o reducir las libertades cívicas.

Sin embargo, la política de estar a la izquierda del laborismo tiene sus limitaciones para un partido que en ese país y a nivel de toda Europa ocupa el centro. Cuando los conservadores se renuevan cambiando de líder y de símbolo (un árbol ecológico en lugar de la flama patriótica thatcheriana) y David Cameron muestra que hay un nuevo líder joven y carismático para unos ‘tories’ que buscan re-alinearse hacia el centro, los liberales buscan un giro.

Cameron con sus nuevos discursos pro-medio ambiente y pro-humanitarios empieza a calar en ciertos electores que anteriormente llegaron a votar por el liberalismo. En la medida que la invasión iraquí ya no es una cuestión central y que se ha debilitado la Coalición contra la Guerra y se ha dividido el izquierdista partido Respect, hay una presión para que el partido amarillo gire hacia el centro.

“Creggmeron”
En su primer discurso como líder ante una convención partidaria, Cregg ha mostrado querer copiarse parte del estilo de Cameron (quien hoy encabeza las encuestas a nivel nacional). El tiene 41 años (es algunos meses menor que el líder de los conservadores) y, al igual que éste, se ha dirigido a su partido hablando caminando desde el escenario y sin tener al frente un papel o un podio.

Una caricatura del Guardian le titula “Creggmeron” y el editorial de ese diario sugiere que Cregg imita a Cameron, quien, a su vez, imita a Blair, quien, anteriormente, imitó a Clinton.

No obstante, como reconoce ese matutino, Cregg trae algo nuevo. En su discurso hay dos elementos que se deben tomar en cuenta.

El primero es el que anuncia un corte con la anterior política de su partido de pedir más impuestos para hacer más gastos sociales (la misma que expresa influencias keynesianas y socialdemócratas) para proponer una a favor de reducir impuestos (algo que les acerca a los tories y al nuevo laborismo).

El segundo es que formula una nueva estrategia para su partido la cual debe ser la de buscar que se llegue a un parlamento sin clara mayoría, para que los liberales aprovechen su situación dirimente para aprovechar ello para alterar radicalmente el sistema político.

Cregg ha dicho que su partido no integrará un gobierno con los conservadores o con los laboristas, pero sí uno (aunque sea presidido por alguno de ellos) que sí haga una transformación del modelo electoral.

Hoy el Reino Unido tiene un parlamento conformado por 1384 integrantes. De ellos, 738 son miembros de la cámara de los lores, los cuales nunca han sido electos, y 646 son miembros de la cámara de los comunes electos cada uno en su respectiva circunscripción. Como solo pueden llegar al parlamento quienes ganen en un distrito electoral, esto hace que el laborismo, pese a haber sacado el 35% de los votos del Reino Unido en el 2005, acabe controlando al 55% de la cámara de los comunes.

Los liberales quieren introducir un sistema de representación proporcional como actualmente existe para elegir a las asambleas de Londres, Gales y Escocia, o a los miembros al parlamento europeo. Además quieren que se ponga una barrera para que nadie pueda donar más de £25,000 (US$ 50,000) a cada partido con lo cual se pretende estocar a los millonarios que financian a los tories y a los sindicatos que son la columna vertebral del laborismo.

Con Cregg el liberalismo quiere una nueva tormenta que altere el sistema parlamentario (aunque no lo suficientemente fuerte como para hacer que la cámara alta o la jefatura del Estado – la monarquía) sean electas.

Lo importante del discurso de Cregg es el objetivo de hacer que el liberalismo vuelva al centro postulando la descentralización o municipalización de la educación y la salud y reducir tributos. Para la alcaldía de Londres, su candidato Brian Paddick igualmente buscará ganar votos con una plataforma distinta a la que en el 2004 propuso su candidato pro-socialdemócrata Simon Hughes y más centrada en combatir al crimen, consigna que es más usada por quienes postulan alcaldías duras o de derecha.

Los liberales ya no se centrarían en hacer alianzas con los laboristas para tumbar a los conservadores, sino querer erigirse como una fuerza capaz de negociar con éstos y con los conservadores.

En resumen, si para las elecciones del 2009-2010 laboristas y conservadores se preparan para ganarlas, los liberales saben que a lo más que podrán llegar es a subir un poco más del 10% del parlamento. Sin embargo, ellos quieren convertirse en un partido con mucho poder en la medida a que aspiran a que ambos partidos se paralicen en un parlamento sin mayoría que deba recurrir a ellos. Los liberales saben que no pueden ser un partido para tomar el poder, pero quieren tener el poder para decidir qué partido acepta más sus propuestas, para así poder llevarlo al gobierno.

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